Opinión

  • | 2016/05/26 00:01

    Jubilados: ¡No los dejen Ir!

    No solo estamos dejando ir a nuestros mayores; estamos como sociedad perdiendo un talento invaluable de un grupo humano que por demás no solo está acostumbrado a trabajar sino que además le gusta.

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De acuerdo con estudios recientes  de Lynda Gratton y Andrew Scott, autores de “The 100 Year Life”, las tendencias globales de longevidad están desbarantando varias estadísticas que por supuesto modificarán sustancialmente el mercado del talento y ya empiezan a generar una serie de profundas inquietudes en nuestros sistemas laborales y pensionales.

De un lado, ya es común ver a un ser humano que sobre pasa la barrera de los 90 años, con buenas condiciones de salud , pero que por otro lado el mercado lo ha pensionado hace 25 años, con la problemática que esto le genera a todo un sistema que lo debe mantener, y lo que es peor, con la dificultad que para ese ser humano  implica mantenerse activo, vigente y distraído por un tiempo largo en plenas condiciones físicas y mentales.

Las edades de retiro, diseñadas como un justo premio para quien laboró muchas veces por casi 50 años, fueron establecidas de acuerdo a parámetros poblacionales que tienen origen en la historia, que fueron reivindicados en la revolución industrial, pero que desafortunadamente nada tienen que ver con la realidad de un ser humano que hoy a los 65 está viviendo su segunda juventud.

La jubilación tiene su origen en las leyes hebreas del jubileo, que celebraban a los 49 años de vida (siete veces siete), la fiesta del yobel (jubileus en latin). En esta fiesta se cancelaban todas las deudas, la propiedad de las tierras regresaba a sus dueños, los esclavos eran liberados y así aquellos que iban a cumplir sus cincuenta se liberaban de las ataduras materiales para dedicar su tiempo libre a reflexionar, meditar y volver a la esencia de la vida. Dice el Levítico: “Este año os será de Jubileo, volveréis cada uno a la posesión de su tierra, y cada uno de vosotros volverá a su familia”.

La idea sin duda justa en tiempos de Moises, está desfasada unos cuentos miles de años en relación, no a su objetivo, sino a la edad para hacerla aplicable en una sociedad que hoy, por temas demográficos, se ha venido “envejeciendo” en términos laborales, entregándole la carga de soporte a los pocos jóvenes que entran al circuito laboral, y dejando ir a unos “viejitos” que a sus 65 años tenían la fuerza, energía y salud que Moises tenía a los quince.

No sólo estamos dejando ir a nuestros mayores; estamos como sociedad perdiendo un talento invaluable de un grupo humano que por demás no solo está acostumbrado a trabajar sino que además le gusta. El trabajo, a pesar de que existan ciertas tendencias a calificarlo como un ejercicio liberador casi que del tamaño de un castigo, está probado científicamente es reparador, generador de enorme satisfacción y crea rutinas que son sanadoras.

Mantenernos atados a leyes que liberan al ser humano de esta “terrible carga” es un error que como sociedad empezaremos a pagar pero que por demás le está imponiendo a ese joven jubilado, a alejarse de actividades que las más de las veces disfruta.

Hemos edificado parte importante de nuestra seguridad personal en el trabajo, en nuestra capacidad de aporte, de sentirnos creativos, vivos. No digo que el golf, la pintura y el buen disfrute del ocio no lo sea, lo que si creo es que ambas son compatibles.

Hoy, la tecnología, el trabajo remoto, y la flexibilidad que introducen las nuevas tecnologías permitirían construir esquemas que se apoyen en la sabiduría y experiencia de los jubilados, dándoles libertad para disfrutar de esquemas flexibles, pero manteniendo vigente su capacidad de aportes a organizaciones que lo demandan.

Ya el mundo lo vivió hace unos años en la industria del petróleo. La escasez de talento que genero el boom de precios, dejó secas las arcas de talento joven, y retomó a sus mayores con la grata sorpresa de que estaban no sólo en plena capacidad de aportar, sino que además odiaban retirarse del todo.

El sistema pensional actual se montó con base en estudios actuariales que proyectaban expectativas de vida, después del retiro, de entre 3 y 5 años. Hoy nuestros veteranos llegan a los 90  en excelentes condiciones. No será un error someterlos al destierro?

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