Opinión

  • | 2017/03/10 00:01

    Jefe, ¡aprenda a escuchar!

    Escuchar es un arte, cuando escuchar se vuelve un hábito en la organización el impacto será notablemente positivo.

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Jefe que no sabe escuchar, a veces termina dando soluciones a problemas inexistentes o irrelevantes; desarrollando alternativas e ideas más o menos ingeniosas, pero para los que en realidad no existe ninguna necesidad.

Por el contrario, un jefe que sabe escuchar, presta atención a las verdaderas necesidades de sus empleados y logra captar ideas fundamentales para el desarrollo del negocio.

Saber escuchar es una señal de máximo respeto

Cuando usted no presta atención, está expresando su falta de interés por los temas que se están desarrollando o lo que le están contando. Lo cierto es que a nadie le gusta sentirse ignorado o infravalorado, especialmente en un ámbito laboral, donde esperamos apoyo y retroalimentación constante.

Un hábito frecuente, que es un error en la comunicación interpersonal, es intentar transmitir a los grupos de trabajo una imagen distorsionada de lo que usted es. Existe un afán por impresionar y parecer más inteligente que los demás, así como el más culto, el más gracioso, el más simpático o más experto de lo que realmente es.  En resumidas cuentas, intenta proyectar a través de sus palabras, una imagen falsa; no lo que es en realidad, sino cómo le gustaría que fuera percibido. Por eso, habla incesantemente de usted mismo sin escuchar.

Pero querido jefe, esto de aprender a escuchar no se trata de hacernos sentir bien. No es un mero acto de caridad ni de compasión. Eso está muy bien —y es un noble propósito— pero saber escuchar tiene muchas más ventajas.

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Saber escuchar, también es una valiosa oportunidad de aprendizaje

Si piensa que ya lo sabe todo sobre cómo ser un buen líder, ¡échese a temblar! porque va por mal camino. De hecho, quizás esté muy cerca del precipicio.

Uno nunca deja de aprender y por eso los verdaderos líderes, esos que están un peldaño por encima de todos los demás, escuchan y absorben como esponjas. No pierda ocasión para aprender de sus empleados, colegas, compañeros o cualquier otra persona con la que interactúe. Hay formas de sobra para hacerlo, pero si sólo los utiliza para comunicar su propio mensaje (si su comunicación es unidireccional y sólo habla) se está perdiendo la mitad de la película.

Para saber hablar es preciso saber escuchar

Porque escuchar no implica necesariamente estar de acuerdo con todo lo que le dicen, sino atender a otras ideas y puntos de vista.

Para nadie es un secreto que las personas más innovadoras saben escuchar, interpretar mensajes más o menos explícitos de sus clientes y convertirlos en nuevos productos o servicios para mejorar su propuesta de valor.

Las ideas son las que nos ayudan a encontrar formas nuevas de resolver problemas, y esa es la esencia del crecimiento personal y profesional.

En caso de querer ampliar su liderazgo, tener lazos profundos con sus equipos, adquirir más conocimientos sobre su negocio y tener ideas cada vez más innovadoras, es necesario que desarrolle el hábito de escuchar.

Más allá de comprender e interiorizar la importancia de escuchar, de no juzgar prematuramente, de pensar en las necesidades de los demás y de tener un genuino deseo de aprender, hay una serie de consejos prácticos y ejercicios para aprender a escuchar.

En primer lugar, centre toda su atención en las personas que le están hablando.

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Hoy en día hay más distracciones que nunca, y es fácil echar un vistazo a su celular o comprobar el correo mientras le hablan. Eso no es escuchar, simplemente es oír. Como primera medida para aprender a escuchar, intente centrar los cinco sentidos en su interlocutor. Y después, intente ir más allá de las palabras. Pregúntese: 

  • ¿Por qué le cuentan lo que le están contando?
  • ¿Se trata de un simple desahogo, una conversación de cortesía, o por el contrario su interlocutor busca respuesta, necesita atención o quiere mostrar algo?
  • ¿Qué es lo que realmente le quiere transmitir esa persona?

En segundo lugar, mientras esté haciendo todo lo anterior, procure no interrumpir. No intente impresionar ni destacar, ya le he explicado que la mejor forma de impresionar es sabiendo escuchar. No tiene que tener la última palabra, no es necesario contrarrestar cada argumento.

Por último, y ya para terminar, la escucha no se limita a absorber en silencio. La escucha debe ser activa, por eso los buenos jefes no se quedan en la superficie de la conversación, sino que buscan zambullirse y bucear en sus profundidades, así logran formular preguntas inteligentes, generar curiosidades lógicas y aumentar potencialmente sus conocimientos.

Buena suerte querido jefe y gracias por escuchar.

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