Opinión

  • | 2016/09/16 00:01

    Invertir en emergentes está siendo muy rentable

    Los mercados emergentes están mostrando un sólido comportamiento este año, situándose entre los más rentables, tanto en el caso de la renta fija como en el de la renta variable.

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 Los argumentos que explican su diferenciación positiva se van acumulando y ya son múltiples:

- La renta fija emergente se está viendo impulsada por la búsqueda de rentabilidades positivas. Las políticas monetarias puestas en marcha por los bancos centrales de las grandes economías desarrolladas han deprimido los tipos de interés hasta mínimos históricos, cotizando más de un 30% de sus bonos con rendimientos nominales negativos.

- La estabilización de los precios de las materias primas supone un importante apoyo para las economías de los países exportadores, mayoritariamente emergentes.

- El retraso en la normalización de la política monetaria de EE.UU. y el debilitamiento del dólar han relajado las condiciones de financiación (algunos indicadores sintéticos las valoran como las más laxas en tres años) e impulsado las ventas de deuda (2016 se anticipa un año récord en emisiones de países emergentes).

- Existen economías emergentes con mayor renta per cápita, más sólidas y con mejor calidad crediticia que algunas desarrolladas.

- La sensación de riesgo hacia los países desarrollados ha aumentado como consecuencia del Brexit, las elecciones en EE.UU., la incertidumbre política en algunas de las grandes economías de la UEM y el preocupante aumento de la alerta terrorista en Europa.

- Se percibe un mayor crecimiento en las economías emergentes en un contexto de debilidad de las principales desarrolladas. El crecimiento de los emergentes parece haber tocado suelo en el primer semestre de 2016 y empezado a aumentar tras más de seis años de persistente desaceleración. La estabilización del crecimiento de China, el fin de la recesión en Rusia y la moderación de la recesión de Brasil han sido claves en este punto de inflexión. De hecho, el diferencial de crecimiento respecto a las economías desarrolladas (uno de los mejores indicadores para predecir el comportamiento de las bolsas emergentes) ha empezado a aumentar tras situarse en 2015 en mínimos desde 2002 (en poco más de 1 p.p.) y alcanzar un máximo en 2009 (3,5 p.p.). Este gap creciente de crecimiento en favor de las economías emergentes es un factor de atracción tradicional para los flujos de inversión, que están recuperándose desde febrero (acelerándose desde julio).

A corto plazo, es previsible que estos factores positivos sigan impulsando los flujos de capital desde unas economías desarrolladas de bajo crecimiento y con tipos de interés negativos o cercanos a cero, hacia otros destinos más dinámicos con tipos de interés todavía normales, como son las economías emergentes. Por todo ello y teniendo en cuenta que la reserva federal estadounidense seguirá teniendo una actitud muy prudente –es poco probable que suba los tipos antes de diciembre y, sobre todo, que lo haga en más de 25 pb de una sola vez este año–, no es momento de infraponderar los activos emergentes en las carteras de inversión.

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