Opinión

  • | 2017/04/19 00:01

    ¿Inversión extranjera de la mala?

    Gracias a la propaganda muchos se imaginan al lobo de Wall Street comprando acciones y bonos en Colombia mientras contrata una prostituta y huele una línea de polvo blanco. Nada más alejado de la realidad

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La inversión extranjera en los mercados de capitales recibe varios nombres, inversión extranjera de portafolio, inversión de cartera, capitales golondrina, no me cabe duda que gracias a la propaganda muchos se imaginan al lobo de Wall Street comprando acciones y bonos en Colombia mientras contrata una prostituta y huele una línea de polvo blanco. Nada más alejado de la realidad.

La inversión extranjera total se puede separar en dos grandes grupos: la inversión extranjera directa (IED) y la inversión extranjera de portafolio (IEP). Para ser extremadamente breves me limitaré a mencionar que la IED es conocida como la inversión a largo plazo en una economía y que va destinada principalmente al sector real (industria primordialmente), en cuanto a la IEP, es aquella destinada a los mercados de capitales, especialmente bonos de deuda y acciones.

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Tradicionalmente se ha demonizado a la inversión extranjera de portafolio, muchos le llaman capitales golondrina ante la posibilidad de fuga si las condiciones internas se complican. Dependiendo del caso esto puede ser verdad o no, sin embargo, en Colombia dichos flujos han sido fundamentales en el financiamiento del déficit en cuenta corriente luego de la debacle de los precios del petróleo y de la evidente desaceleración en los flujos de IED.

Fuente: Banco de la República

Como observamos la IEP ha ganado un papel relevante dentro de la inversión extranjera total ayudando a financiar el tradicional déficit en cuenta corriente, sin mencionar que dicha llegada de dólares a la economía nos ha protegido de la devaluación y sus efectos inflacionarios.

Actualmente los fondos de capital extranjero son los dueños del 25.3% del total de la deuda emitida por la República de Colombia, gracias a dichas compras el gobierno se puede financiar a tasas más bajas y a mayores plazos. Ahora bien la pregunta que queda en el aire es ¿qué va a pasar cuando dichos capitales “emigren” hacia otro destino?,  la respuesta es que por ahora no tiene muchos motivos para abandonar nuestra economía, sobre todo si tenemos en cuenta que una gran parte de estos capitales son de gestión pasiva y siguen índices donde Colombia ha ganado participación gracias al grado de inversión y a las condiciones internas del mercado de deuda pública; como está la situación parece que si seguimos haciendo bien las cosas, los inversionistas extranjeros se quedaran por un buen rato. Ojalá encontremos otras fuentes de financiamiento externo más adecuadas como el incremento en exportaciones que no dependan del petróleo o la minería.

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