Opinión

  • | 2016/07/01 00:01

    Industria colombiana y desarrollo

    El sector fabril conjunto al sector agrícola, se han comportado como unos de los principales motores de desarrollo económico del último año, tomando el relevo del otrora boyante sector minero-energético.

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Aunque el anhelo de muchos es que esto suceda y se mantenga por un largo tiempo, pareciera que son determinantes externos al del fortalecimiento productivo desde sus bases de competitividad, los que han jalonado el crecimiento manufacturero.  

Teniendo en cuenta los datos presentados por el DANE sobre el crecimiento manufacturero, la industria completó al corte de abril 10 meses en terreno positivo, jalonando el PIB y mostrando una dinámica de crecimiento sostenida.  La economía nacional ha venido presentando un rebalanceo en sus fuentes de crecimiento, específicamente en el sector industrial. Recordemos que en el primer trimestre este sector creció 5,3% y las perspectivas para el resto del año la ubican con un crecimiento entre 7% y 8%.

Al corte de abril, la producción de la industria manufacturera tuvo un avance del 8,4% real (descontando la inflación) con un crecimiento acumulado del 6,2%, resultados que contrastan con la situación que se vivió en el mismo mes del 2015, cuando se registró una caída del 2,3% real. Esto nos llevaría a pensar que, de seguir por este camino, si los empresarios fabriles incrementan la oferta de productos con valor agregado, incorporan encadenamientos productivos y si se aplican y ejecutan lineamientos de política de desarrollo productivo, el desempeño manufacturero podría ser el más alto de los últimos años, y se podría pensar en un crecimiento sostenido industrial.

Lastimosamente, este ideal planteado para un crecimiento manufacturero sostenible bajo estas condiciones, no se vislumbra fácilmente ejecutable, dadas aun las restricciones del andamiaje productivo, consecuencia de los sobrecostos del país en variados aspectos, desde logística a costos energéticos, pasando por los laborales y hasta de insumos y materias primas.

Aunque Colombia ha venido trabajando fuertemente en superar estos cuellos de botella que disminuyan las brechas de competitividad y aumenten el potencial manufacturero y agroindustrial, hoy día pareciera que el crecimiento fabril ha recibido más un empujón por la baja en el precio de los commodities, y por la apreciación cambiaria, que por el crecimiento sostenible y de producción de alto valor agregado.

Estas circunstancias a las cuales se ha enfrentado el país en especial en el último año, han hecho que las importaciones se vean afectadas y caigan significativamente por el aumento de sus costos, y abrieron una brecha que ha sido satisfactoriamente aprovechada por el sector productivo nacional para atender la demanda de variados bienes. ¿Será que este crecimiento productivo manufacturero sería igual si no hubiera un impacto cambiario o si no tuviéramos bajos precios en los bienes mineros y petroleros?  

En este sentido, a pesar de que el país va en miras de mejorar su situación económica y que existe un gran potencial de crecimiento productivo por el postacuerdo que se vislumbra en un corto plazo, todavía hay factores mercantiles que no han despegado y evidencian un sector de productivo de dinamismo lento, que se ha visto afectado en gran medida por la falta de políticas de desarrollo adecuadas que permitan generar mayor empleo de calidad, una producción que abarque inserción a cadenas de valor, que amplié los procesos productivos volcados a las regiones que aprovechen sus ventajas propias, y que tenga como eje y pilar a la innovación productiva y de procesos.

La falta de estrategia y focalización de una gran política de desarrollo productivo que defina claramente los lineamientos en los cuales se debe enfocar la política publica, impide que se desarrollen estrategias que permitan que el país sea más competitivo a nivel internacional y supere las brechas en sus procesos productivos; se espera que el próximo CONPES a salir del tema, logre dar una luz que guíe al sector empresarial. Este fue uno de los temas centrales de discusión en el reciente Foro Económico Mundial celebrado en Medellín, en el cual se discutió cuáles deberían ser las políticas que podría aplicar Colombia para aumentar su competitividad internacional.

Allí se anunció que Colombia aplicará una política de desarrollo que dejará de enfocarse en sectores extractivos para enfocarse en sectores de valor agregado, con la participación de la actividad privada en sectores nuevos, apoyados por innovación, que lleven la economía hacia una mayor sofisticación enfocándose en el valor agregado, el potencial de incubación de empleo y la diversificación, promoviendo así el incremento de la productividad. Ojalá sea así.

Como apuesta de mediano plazo, es de esperarse que la economía colombiana logre enfocarse en mecanismos que permitan facilitar las relaciones entre el sector público y privado, lo cual no es fácil de focalizar, pero si esto se lograra, permitiría el despliegue de una economía basada aún más en el mercado y la libre competencia, lo cual es algo que lo empresarios vienen reclamando desde hace muchos años y que impulsará el desarrollo económico.

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