Opinión

  • | 2016/10/13 00:01

    India: Un viaje surrealista

    Los indios dicen que la vida se divide en cuatro fases bien definidas cada una de veinticinco años.

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Los indios dicen que la vida se divide en cuatro fases bien definidas cada una de veinticinco años: La primera dedicada a la educación; la segunda a la construcción de familia y su buen vivir; la tercera dedicada a sí mismo, al desprendimiento y la cuarta dedicada a los dioses. Me vine para la India a rematar mi segunda fase: veinticinco años de matrimonio que coinciden a la vez con la culminación de mi segunda fase de vida.

Difícil describir este país. Es, a los ojos de un occidental típico, un universo totalmente diferente al nuestro. Es como si hubieran desarrollado la parte contraria del cerebro y vieran el mundo a través de un lente que no vino en nuestro kit de viaje. Todo, absolutamente todo en India es diferente. Es un viaje al pasado: a su hermosura, a su ingenuidad, a su pureza, a su pobreza.

Son 1.200 millones de personas que pareciera se pusieran de acuerdo para salir a la calle al mismo tiempo. Sin reglas, sin semáforos, en una danza increible adornada de un constante pitido que solo ellos entienden y que comparten casi que con alegria con sus animales: vacas, muchas vacas, cabras, búfalos, ovejas, perros, camellos y unos cuantos ratones adornan un paisaje surrealista absolutamente lleno de colores. Inimaginable un país más caótico, mas lleno de matices, más lindo, mas sucio y mas contradictorio.

Su convivencia pacífica con los otros seres es simplemente parte de su religión. Manejan una espiritualidad en donde se fusionan dioses y animales  que los atan a una reencarnación determinista que los hace aceptar parte de una realidad de vida muy dura: La vaca era el vehículo de krishna que es la octava reencarnación del dios vishnu, el protector del mundo. El elefante es Ganesha, dios de la sabiduría y felicidad que adorna casi todos los templos.

Su trompa para abajo es de bienvenida y para arriba de buena suerte. La rata es la montura del dios Ganesh y para todos significa suerte y prosperidad. El león es la montura de la diosa durga, el mico está relacionado con el dios ahnuman que quita el miedo, el pavo real significa paz y pureza, el caballo significa energía y fuerza. Todos se respetan, respetan todo, cuidando tal vez no importunar la reencarnación del vecino ni la propia.

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Curiosamente, a pesar de nuestras preconcepciones occidentales sobre ellos, los encuentro más religiosos que espirituales. Son fieles a sus ritos, a sus cantos, a sus fiestas religiosas. Ahora estamos en los nueve días de fiesta de la diosa Durga, por sus nueve reencarnaciones que exigen ayuno de nueve días para la mujer para la "alegría de su familia y la larga vida de su marido" .

Y es que el capítulo de la mujer es en la India un capítulo aparte que da para un libro entero. A nuestros ojos, simplemente deprimente. El matrimonio, absolutamente vital en la vida de un indio, sigue siendo en un 85% de los casos arreglado. Es una transacción entre familias que se demoran mucho escogiendo el partido correcto. Se fijan en todo: las buenas costumbres, su belleza y por supuesto en que venga acompañada de una dote interesante que haga "muy feliz y próspera a su familia".

Puedo estar exagerando pero el mayor uso que le he visto a la cabeza de la mujer en la India es la de vehículo de carga. Todo lo cargan con la cabeza: sacos, tinajas de agua, excrementos de búfalo para cocinar...todo. Trabajan de sol a sol en el hogar, cuidan de sus hijos y atienden con esmero a un marido proveedor al que deben aprender a querer y respetar. Es una sociedad muy machista que tiene relegada a la mujer a un segundo plano. Se adornan como en ninguna otra parte del mundo. Se llenan de colores, de joyas, de dibujos, de telas. Son pudorosas al extremo y tratan a la mujer blanca extranjera como a otra diosa. Adoran su blancura, el color de su pelo, sus ojos y su vestimenta. La miran con curiosidad, con admiración, con morbo. No pierden oportunidad en tomarse fotos con ellas como si de estrellas de bollywood se trataran.

No existe lugar en el mundo en donde el lujo conviva de forma tan irreal con la pobreza. Sus hoteles son un capitulo mas de las mil y una noches. Antiguos palacios de los maharajas que no ahorraron detalle. Se trajeron los mejores arquitectos de europa, usaron las mas finas piedras de la zona, usaron miles de los mejores artesanos para diseñar espacios espléndidos, de una tranquilidad que por momentos acerca a la espiritualidad y que los separaba del frenético mundo que vive su pueblo en la calle. El servicio se confunde con el servilismo. Es esmerado, dedicado, fino, callado. La atención es perfecta, el trabajo muy mal pago. No existe el concepto de salario mínimo, viven al diario, del comercio, la agricultura y el estado. Viven como antes, como siempre lo han hecho, como hace milenios y los avances se notan poco.

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India es un joya en bruto que enamora a extraños por su belleza, por su historia y por su religiosidad, al mismo tiempo que revuelca las entrañas de quienes ya no entendemos cómo todo un pueblo es capaz de convivir en la pobreza y la mugre casi que con alegría, determinados desde su nacimiento por una religión que aceptan sin reproche.

India mantiene casi intactas sus costumbres milenarias apenas hoy retadas por una apertura masiva a la tecnología movil y al internet que les empieza a mostrar que allá afuera existe un mundo en donde es posible enamorarse, donde existe libertad para determinar el destino propio sin la carga que exige la obediencia ciega a los padres, donde la mujer juega en igualdad de condiciones y donde la limpieza del espacio público es una conquista que occidente ha logrado materializar con pocas excepciones.

Este país está por hacer y sus oportunidades son enormes. Su acelerado crecimiento no se debe a nada distinto a que se está desatrasando  lentamente. Su infraestructura vial es realmente precaria, sus ciudades absolutamente carentes de cualquier tipo de planeación urbana, su campo es del siglo 14, su sistema eléctrico y de agua potable muy débil y sus instituciones todavía con un legado colonial que es tal vez lo único que dejaron unos ingleses que no hicieron nada diferente que explotar este país.

Estoy en Varanasi, su ciudad sagrada al lado del Ganges, mi última parada. La ciudad de peregrinación donde los Indios creman a sus muertos. Sin duda un remate de viaje que no hay forma de que pase desapercibido. Varanasi es cielo e infierno juntos sin purgatorio. No existe una ciudad en el planeta que arrugue más el alma, y afecte de manera más drástica los sentidos. Muerte y poesía juntos adornada por un Ganges sagrado en donde hacen todos sus rituales... todos. Uno de los amaneceres mas bellos del mundo en la tal vez más caótica ciudad del planeta. Un hasta luego de una India que me tocó el alma, me arrugó el corazón y me hace pensar con mucha esperanza en el futuro de nuestro país:  tenemos todo para ser el mejor país del mundo.

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