Opinión

  • | 2015/05/08 05:00

    El conflicto y su impacto en los hidrocarburos

    El país ha tenido enormes desventajas en el tema petrolero por culpa del conflicto armado.

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La coyuntura económica actual de país ha generado que cada día más colombianos se pregunten por los costos económicos y sociales que acarrea el conflicto armado interno. Es de esperarse que en Colombia, que lleva más de cinco décadas sufriendo los impactos de la guerra, vislumbrar una posible salida sea motivo para cuestionarse o ilusionarse, a propósito de lo que vendrá después y de lo que hemos perdido como nación.

Con los actuales diálogos de paz, no sólo vuelven a la mesa las propuestas por acabar el conflicto armado, también vuelven a estar presente los interrogantes y cuestionamientos de un escenario posconflicto, y toman bastante vigencia los cálculos y estudios que buscan ponerle números al conflicto.

Si bien algunos estudios realizados hasta el momento dan luces de cuánto puede ser el impacto económico y social del conflicto armado para Colombia, aún existen baches y vacíos que imposibilitan conocer un cálculo adecuado para su estimación en términos de valoración económica, y hoy día, con el escenario macroeconómico que atraviesa el país, este impacto cada vez se hace más notorio, en los sectores que más impulsan las finanzas nacionales. En primera fila está el escenario para el sector de hidrocarburos.

De acuerdo a las cifras reportadas por el Ministerio de Defensa Nacional, durante el año 2013 y 2014 se presentaron 259 y 141 atentados a la infraestructura petrolera/gasífera respectivamente, lo que representó enormes pérdidas en producción, transporte, refinación y exportación de crudo, gas y derivados.

Durante el 2014, tan sólo los atentados dirigidos al oleoducto Caño Limón generaron cerca de US$ 400 millones en pérdidas de producción, alrededor de US$ 225 millones de pérdidas en regalías e impuestos, más de 2 millones de barriles sin ser exportados, lo que imposibilitó alcanzar el pleno margen del millón de barriles diarios, y la suspensión de contratos laborales por cerca de 500 trabajadores.

Asimismo, en 2014 las exportaciones de petróleo y sus derivados, de acuerdo a los datos suministrados por Procolombia, pasaron a representar el 52% del total de las exportaciones nacionales, con un total de US$ 28.926 millones, evidenciando así una caída del 3% aproximadamente respecto al año 2013, donde éstas representaron alrededor del 55% del total del rubro, con un valor cercano a los US$ 31.559 millones. Esta caída del valor de las exportaciones fue causada (en gran medida) por los atentados al oleoducto Caño Limón.

Teniendo en cuenta el gran número de atentados y bloqueos que se han generado a la infraestructura del sector petrolero y gasífero en el país a lo largo de las dos últimas décadas, propender por una estimación cercana al impacto económico que esto conlleva es una tarea aún pendiente de resolver. Pese a que esto sucede con frecuencia en distintas regiones del país, no existe todavía un cálculo riguroso que permita saber con claridad a cuánto asciende dicho costo, ni para las empresas operadoras, ni para las regiones vía regalías, ni una valoración ambiental, y mucho menos el impacto sobre las finanzas estatales, tan golpeadas hoy día con el precio del petróleo.

Si bien no se cuenta aún con un cálculo preciso de los costos directos e indirectos generados por los atentados a la infraestructura, sí es posible evidenciar que éstos repercuten de manera considerable en el funcionamiento de la economía del país. Es vital que Colombia, en este escenario de un posible acuerdo de paz, evalué el impacto de este tipo de incidencias en las actividades productivas del país, para seguir sumando información que le permita al país determinar las millonarias pérdidas que le genera al país un atentado o bloqueo a la infraestructura de hidrocarburos.
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