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Germán Retana.

| 9/10/2012 10:00:00 AM

¡Ilusos con ilusión!

"Se puede perder con buenos jugadores, pero no se puede ganar con malos", dice el conocido refrán. Opinión de Germán Retana.

por Germán Retana *

¿Cómo es posible que haya organizaciones que pretenden lograr grandes resultados si son dirigidas o integradas por personas que hacen lo incorrecto? Identifiquemos ocho comportamientos ilusos que impiden concretar una ilusión.

Competencia interna: Mientras haya quienes confundan trabajar junto a otros, con hacerlo contra los otros, los delirios de poder prevalecerán sobre los propósitos superiores. Las agendas individuales que afectan el trabajo de colegas, impedirán al equipo llegar a buen puerto, pues en el forcejeo se pierde el rumbo. Incompetencia individual: Según John Maxwell, una persona incorrecta en el puesto incorrecto causa regresiones, una incorrecta en el puesto correcto conlleva frustración y una correcta en el puesto incorrecto provoca confusión. Desdichadamente, hay quienes no asumen su rol específico y, como si eso fuera poco, complican que los demás lo hagan en el propio. ¿Le suena familiar?

Rumbo de perdigón: Brincar sin saltar, hacer sin avanzar y decidir sin dirección, son formas de malgastar la energía con contradicciones, errores e improvisaciones. Hay personas que se esmeran en ser activos pero no perciben que lo hacen sin orientación clara. Rumbo sin ambición: La complacencia de quienes dirigen contamina la atmósfera con conformismo; a lo mejor ellos ya tienen lo que desean individualmente, pero la organización aun no llega a lo que necesita y tanto el estancamiento como el girar en círculos anulan la ilusión de todos.

Juego sucio: El deporte más popular no es el fútbol, sino el boicotear o "serruchar el piso" a los exitosos. La envidia y el temor a que la mediocridad propia sea evidenciada por el rendimiento de otros, estimulan conductas destructivas. Cuidarse de los "compañeros" se vuelve más relevante que lograr las metas.

Juego anárquico: Derechos desiguales y privilegios especiales pese a igualdad en responsabilidades y desempeño, ¿cómo ser productivos en un entorno ambiguo respecto a quién decide qué para beneficio de quién?

Conversación entre falsos sordos: Las cosas se dicen como son pero nadie escucha, todos señalan dónde está la falla aunque quien debe resolver se absuelve de actuar. Poco a poco ya no se conversa de la ilusión que se tenía, sino de la desilusión colectiva. Hermetismo: "¡Aquí pensar es peligroso y expresarse es un suicidio!" Discrepar con el jefe es arriesgar el puesto, por eso callar es la norma y mantener un bajo perfil es el pasaporte para transitar por la organización sin ser víctima ni protagonista en riesgo.

Si en su equipo o empresa se presentan algunas de estas ocho disfunciones, es prudente advertir que, en ese rumbo, solo se llega al territorio de los ilusos por tener una ilusión, porque ésta jamás se convertirá en una realidad.

* Profesor Incae Business School
                                                               
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