Opinión

  • | 2017/04/04 00:01

    Ideas para impulsar la economía de Cúcuta

    Las cifras revelan el drama. Según mediciones del DANE, las tasas de desempleo e informalidad de la ciudad, las más altas del país, llegaron al 18% y 68,9%, mientras que la pobreza monetaria fue de 33,4% en 2016, la quinta más alta de Colombia.

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En otras palabras, de las 401.000 personas que forman parte de la población económicamente activa de Cúcuta y su área metropolitana, 72.000 están buscando empleo. Además, solo cerca de 102.000 personas hicieron aportes a la seguridad social, de las 329.000 que están ocupadas. Peor aún, considerando que la población, incluyendo el área metropolitana, era de 825.000 personas en 2016, 275.550 tenían ingresos inferiores a $265 mil mensuales, es decir, eran pobres.

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La desaceleración de la economía colombiana y la monumental crisis venezolana son las principales causas. Los complementos son la baja inversión en capital humano y bienes de capital (maquinaria y equipos) e inesperadas migraciones de nortesantandereanos y venezolanos.

Por eso se deben continuar los esfuerzos para “desvenezonalizar” la economía. Empresarios e inversionistas de Cúcuta y Norte de Santander pueden conquistar mercados locales e internacionales. La articulación de empresarios, universidades, Alcaldía y Gobernación es vital.

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Explorando otros mercados

Los encadenamientos productivos regionales son la respuesta para superar la dependencia de Venezuela. Es decir, trabajar con grupos de empresas que interactúan en cadenas de valor de productos, mejorando sus niveles de competitividad e insertándose en cadenas globales de valor.

En la Comisión Regional de Competitividad de Norte de Santander ya iniciaron trabajos en esa línea. La apuesta son cuatro sectores con mayores oportunidades, identificados por el Ministerio de Comercio: agroalimentos (carne bovina, frutas, palma, cacao y derivados), metalmecánica, sistema de moda (confecciones, textiles, calzado, cuero y marroquinería) y turismo.

Así, con las fortalezas productivas regionales, se espera mejorar los ingresos de empresarios y trabajadores. Existen buenos ejemplos de cadenas agroalimentarias. En el Catatumbo, zona históricamente afectada por la violencia, entrará en operación la planta extractora de palma de aceite más grande de Colombia. Ellos tendrían la posibilidad de participar en mercados para el aceite de palma crudo o refinado en Estados Unidos, la Unión Europea y Japón, o en productos para el mercado local como las grasas comestibles y el biodiesel. Este esfuerzo genera oportunidades para cerca de 2.000 familias de la región.

Asimismo, en la cuenca del Zulia y Sardinata los esfuerzos se enfocan en piña y maracuyá.

En el sector de confecciones existen caminos para llegar a los mercados de Panamá, Ecuador, República Dominicana, Costa Rica y Estados Unidos. Asimismo, la carne bovina tiene salidas a Bielorrusia, Chile y Egipto.

Incluso, en arcilla y cerámica, existe un “know how” que requiere modernizar las inversiones de capital. Aunque a Cerámica Italia le va bien, las empresas pequeñas y medianas todavía tienen espacio para subirse al bus.

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Proyectos regionales activan cadenas de transportadores, comercializadores, constructores y hoteleros del departamento y la ciudad. Simultáneamente, al proveer alternativas de empleo en el departamento, se reducen las presiones migratorias de personas que buscan un mejor futuro en Cúcuta.

Esta estructura debe ser acompañada por las universidades y sus estudiantes. Empresarios cucuteños manifiestan que su principal talanquera es la obtención de personal capacitado. Dos tareas requieren celeridad. Primera, el impulso al comité de universidad-empresa-Estado, liderado por la Andi de Cúcuta, allí se deben estructurar incentivos para que las personas estudien lo que requiere el mercado laboral.

Otra tarea es la agenda de calidad de la educación superior. Es increíble que a la fecha las dos universidades referentes del departamento no estén acreditadas (Francisco de Paula Santander y Pamplona), especialmente al considerar que Manizales tiene la mitad de la población y seis instituciones cuentan con este aval.

Estos procesos se cierran con coordinación y compromiso de los gobiernos locales. El gobernador de Boyacá, por ejemplo, no creyó que estas iniciativas eran “carreta”. Ahora está apoyando a empresarios e inversionistas alineados con la estrategia departamental.

Finalmente, se debe recordar que, si a los empresarios de Cúcuta y la región les va bien, a la ciudad-región le va bien. El éxito depende de todos.

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