Opinión

  • | 2013/11/25 15:00

    No al Habeas Data o ley del atajo

    Con la reglamentación este año de la Ley 1581 de 2012, muchas de las instituciones que hacían uso de alguna información, han tenido que ajustarse a los nuevos requerimientos con el fin de seguir haciendo uso de esta. Opinión de Alberto Naranjo.

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Con la reglamentación este año de la Ley 1581 de 2012 muchas de las instituciones que hacían uso de alguna información en bancos de datos o archivos públicos o privados han tenido que ajustarse a los nuevos requerimientos con el fin de seguir haciendo uso de dicha información.

Cuando uno lee la Ley y la reglamentación lo primero que siente es orgullo patrio por el nivel de sofisticación en la protección a la autodeterminación informática de todos los ciudadanos. Sin lugar a dudas los abogados han de sacar pecho. Es un ejemplo mundial. Y en verdad lo es. Ni los países más desarrollados del mundo, quienes nos llevan años luz en respeto a derechos humanos o en sistemas educativos de calidad, se dan el lujo de tener semejante ley y reglamentación.

Una vez más creemos que el mejor camino para avanzar en el desarrollo y disminuir la brecha que tenemos con los países más avanzados es el atajo, en este caso, el atajo de la estética. Y es que suena muy bonito eso de la protección a la autodeterminación informática.

Lamentablemente, como es costumbre en nuestro país, nuestras políticas no tienen en cuenta ni la historia ni la realidad. ¿Se imaginan lo que tendrán que hacer todas las instituciones que en algún momento recogieron información de un ciudadano para poder hacer uso de ella nuevamente?

La respuesta es obvia: quienes tengan tiempo y dinero – o les cueste mucho no hacerlo – lo gastaran recogiendo la debida autorización del ciudadano, y quienes no, deberán botar a la basura dicha información, o mejor archivarla en prisiones de datos (me pregunto dónde serán construidas) por los siglos de los siglos. No importa cuán importante sea dicha información para el desarrollo, la investigación, o la innovación. Y aquí quiero detenerme para hablar como académico e investigador.

Resulta que la mejor forma de aportar a nuestro desarrollo través de la investigación es haciendo uso de algún tipo de información, que entre más desagregada sea, mejor aún. Por lo tanto, es necesario que en pro de una investigación de calidad – en el sentido de tener una mayor sustentación científica de los resultados – los investigadores tengamos acceso a la información de los ciudadanos. Esto pasa en cualquier país desarrollado, es decir, en aquellas naciones que cuentan con verdaderas instituciones democráticas y que nos llevan años luz en temas de derechos humanos.

Lastimosamente, nuestra idea de institucionalidad pasa más por la estética que por la realidad. Y solo por esto tendremos que ir más lento en investigación, desarrollo, e innovación aunque nos quede el orgullo patrio de ser los más rápidos en proteger la autodeterminación informática.

El atajo, siempre el atajo.


* Director del programa de Economía, Universidad de La Sabana
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