Opinión

  • | 2014/01/27 10:00

    Informalidad laboral: una mirada de la ciudadanía

    Diseñar e implementar políticas públicas para enfrentar el fenómeno del empleo informal en el país, sin lugar a dudas, es un rompecabezas. Opinión de Ulf Thoene.*

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Después de años de haber alternado entre la independencia e incorporación como ministerio, la cartera laboral ha podido impulsar algunas iniciativas notables con respecto al empleo informal. Entre ellas se encuentran la Ley 1429 de 2010 –Ley del primer empleo–, iniciativas para la flexibilización del sistema de cotización a la seguridad social y un programa de subsidios que les permite a las trabajadoras domésticas acceder los servicios de las Cajas de Compensación Familiar.

El reciente reporte sobre las tendencias mundiales del empleo para el año 2014 publicado por la Organización Internacional del Trabajo, no solo señala una leve disminución de la informalidad en América Latina, sino que destaca los esfuerzos del gobierno colombiano en favor de la formalización del trabajo.

No obstante lo anterior, las estrategias para la disminución del empleo informal requieren de un enfoque simultáneo, tanto en la protección de los trabajadores, como en la creación de empleo.

Esto implica que además de la generación de ingresos y de la disponibilidad de empleos dignos y estables, se fortalezca el tejido social y la ciudadanía tenga el sentido de ser partícipe de algo que realmente vale la pena. Este desafío requiere que se analice la informalidad no como una cuestión puramente económica y jurídica, sino como una problemática íntimamente conectada a factores como la movilidad ciudadana y la educación.

Como lo indican los resultados de un trabajo de campo sobre el empleo informal en Medellín, temas como el aumento de la oferta del transporte público y la promoción de la capacitación profesional inciden de manera importante en el empleo formal.

Lo anterior indica que un trabajador debería llegar de manera segura y económica a su empleo, y conocer las habilidades demandadas por el mercado laboral, que son las que preceden la generación de trabajo formal y la cotización a la seguridad social. Por ejemplo, la educación y el acceso a información sobre cambios regulatorios juegan un papel clave en el fortalecimiento de las habilidades profesionales y la participación ciudadana.

El tema de la informalidad va mucho más allá del ámbito económico y jurídico. La historia colombiana del siglo XX muestra que además de factores que ya se discuten ampliamente, como el crecimiento económico y la legislación laboral y social, el asunto de la informalidad laboral y empresarial apunta hacía aspectos relacionados al desarrollo de la ciudadanía.

Específicamente, estos factores se asocian a la participación política, la confianza en las instituciones estatales, la oportunidad de crear empresas formales y la simplificación del acceso a créditos.

A través del fenómeno del empleo informal, se manifiestan las limitaciones del debate tradicional centrado en la creencia que el progreso económico y la ley son dos herramientas suficientes para el desarrollo.

En un análisis revelador, el historiador estadounidense John D. French acuñó la frase “…drowning in laws…” literalmente “ahogándose en leyes”, para referirse a la legislación social brasileña (2004). French hubiera podido llegar a una conclusión muy parecida respecto al caso colombiano porque existe una distancia notoria entre las disposiciones legales y los escasos resultados que encontramos respecto de la cobertura de la seguridad social y los pronunciamientos de las instancias laborales.

Finalmente, se debe reconocer que el conjunto de derechos y deberes que constituyen la ciudadanía no se puede hacer realidad por más decretos que haya sino mediante la participación democrática y políticas de inclusión social.

* Profesor de Administración de Negocios Internacionales Universidad de La Sabana


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