Opinión

  • | 2017/07/03 00:01

    ¡Feliz día del economista!

    Es momento de hacer un pequeño homenaje a quienes ayudan a hacer un mundo mejor.

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Como es tradición desde hace algunos años, el 3 julio se celebra el día del economista en Colombia. Contrario a lo que algunos podrían creer, la fecha no guarda relación con Smith, Ricardo, Keynes, Marx, Hicks o algún premio Nobel, el reconocimiento se hace en honor al natalicio de don Pedro Fermín de Vargas, destacado sangileño, hijo de la Universidad del Rosario, colaborador de la expedición botánica, quien en el siglo XVIII se preocupó por la necesidad de ilustrar al Reino –de la Nueva Granada- en los asuntos de economía.

Quizá quienes estudiaron en la Universidad del Rosario estén más familiarizados con Pedro Fermín, así se llama el edificio donde funciona la Facultad de Economía. Él, junto con otros intelectuales destacados de la época, como Francisco Antonio Moreno, José Ignacio de Pombo y Antonio Narvaez, discutieron sobre la situación económica, política y social de la Nueva Granada y dejaron constancia escrita de sus propuestas. Las discusiones sobre la riqueza y el valor, partiendo de visiones de destacados mercantilistas, estaban en el orden del día.

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Sobre este contexto, Jorge Orlando Melo hace un buen resumen, que ilustra el devenir y las preocupaciones de la época.

Particularmente, Pedro Fermín de Vargas analizó la agricultura, las minas y el comercio, concluyendo que el comercio era el factor estratégico para impulsar la agricultura y las minas, por ello, mejorar los caminos era una condición sine qua non en la generación de riqueza. En estas discusiones sobre el comercio se avizoraban cuestiones que serían cruciales en décadas posteriores, como las relacionadas con el comercio libre y los impuestos, especialmente relevantes a mediados del Siglo XVIII, cuando Florentino González, secretario de hacienda de Tómas Cipriano de Mosquera, promovió reformas para eliminar trabas al comercio.

Los años posteriores, el presente y el futuro

Un elemento común entre Pedro Fermin de Vargas, Florentino González, Julio Caro (gerente del Banco de la República entre 1927 y 1947), Luis Ángel Arango, Esteban Jaramillo y otros ministros de Hacienda y gerentes del Emisor, es que ninguno de ellos era, originalmente, economista. En décadas previas los abogados controlaban esos terrenos

En Colombia, al igual que en el resto del mundo, de manera paulatina se crearon facultades y programas. Se destacan los procesos de mediados del Siglo XX. La Universidad Nacional, liderada por el profesor Antonio García Nossa, y la Universidad de los Andes, que en principio formaba parte del Colegio Gimnasio Moderno.

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Estos primeros graduados, entre los que sobresalían figuras como Enrique Peñalosa Camargo (el padre del Alcalde Mayor de Bogotá) y Jorge Child (académico y político), se le sumaban los nombres de quienes se habían formado fuera del país, como Virgilio Barco, ingeniero con doctorado en economía; Hernán Echavarría Olózaga, economista de LSE; Miguel Urrutia y Carlos Sanz de Santamaría, que en los cuarenta adelantó su maestría en economía mientras vivía en Washington.

Con el paso de las décadas se fortaleció la profesión y como lo recordó recientemente Armando Montenegro, las áreas de especialización de las nuevas generaciones de economistas se diversificó, convirtiéndose en una voz que cada vez es más escuchada en la elaboración de políticas públicas. 

De esa nueva camada existen nombres que auguran un futuro promisorio. Omitiendo a varios,  aporto una corta lista.

Luis Fernando Mejía (director de Planeación Nacional), José Eduardo Gómez (uno de los investigadores que más publica desde el Banco de la República), Jonathan Malagón (vicepresidente de Asobancaria), Dimitri Zaninovich (viceministro de hacienda), María Victoria Angulo (secretaría de educación de Bogotá), Roberto Angulo (experto en temas de desarrollo urbano) y Daniel Gómez Gaviria (jefe del equipo de investigaciones del Foro Económico Mundial).

Solo falta que algunos miembros de esta nueva tecnocracia ingresen a la política electoral, como  lo hizo Juan Mario Laserna, y hagan sentir su voz desde otras posiciones.

A don Pedro Fermín, el primero que se interesó en estos temas; a quienes impulsaron la profesionalización en Colombia, como Hernán Echavarría Olózaga; a quienes inspiraron a muchas generaciones, como Homero Cuevas y Manuel Ramírez; y, especialmente, a quienes desde diferentes roles aportan un grano de arena para construir un mejor mundo:  Gracias y ¡Feliz día del economista!

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