Opinión

  • | 2017/07/13 00:01

    Facebookville: ¿Viviría en su empresa?

    Uno de los puntos más sensibles cuando de reclutamiento de millennials se trata, tiene que ver con el tema de la cercanía del trabajo.

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Quién lo creyera, pero a diferencia de la Generación X que en pos de poder trabajar nos íbamos a los mismísimos confines de la tierra, esta generación definitivamente no está dispuesta a hacerlo. No pocos procesos de reclutamiento ejecutivo se caen por esta realidad y a veces pienso que con razón.

La movilidad urbana es caótica y claramente no es un problema solo de Bogotá. Los traslados en las grandes ciudades hoy quitan generalmente no menos de dos horas diarias y la nueva generación, que empieza a imponer sus valores en el trabajo, decidió que quiere un mejor equilibrio de vida, y que la cercanía a su trabajo es uno de esos elementos que no es negociable a la hora de aceptar un nuevo reto laboral.

En Estados Unidos fue recientemente vendida por US$6.000 millones a un fondo de capital privado la empresa We Work, emprendimiento de los señores Neumann y Mckelvey que construyeron, arrancando por Nueva York, una serie de facilidades de oficinas con la idea de que los usuarios pudieran utilizarlas como centros remotos de operación dependiendo de la cercanía a estos en el momento del día. Si bien fue pensada para la generación Y, la realidad es que Pepsi, Ace, J Crew y Red Bull para mencionar solo unos cuantos son hoy sus mejores usuarios, atendiendo de esta manera a una población que no está dispuesta a trasladarse una y otra vez a una sola locación y de paso incidiendo en el mercado inmobiliario de oficinas.

Sillicon Valley no es ajeno a esta problemática. La sobre demanda de talento digital de parte de las miles de empresas tecnológicas que se ubican allí en busca de profesionales capacitados, generó al mismo tiempo una sobre oferta inmobiliaria que disparó los precios obligando a estos profesionales a migrar hacia las afueras con desplazamientos que estos al final no están dispuestos a manejar.

El señor Zuckerberg le está poniendo coto al problema con su nuevo proyecto: Willow Park. Facebook está diseñando una pequeña ciudad, con más de 160,000 metros cuadrados de oficinas, 1,500 viviendas, 12,000 metros cuadrados de superficie comercial, un mall, un centro cultural, un hotel y un centro de visitas; una idea que evoluciona el concepto de otras empresas que han adornado de servicios a sus sedes corporativas para convertirlas en verdaderas ciudades donde puedan vivir miles de sus empleados.

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El proyecto, que tiene bajo su orientación nada menos que a Frank Ghery, ganador del premio Pritzker y arquitecto de obras icónicas como el Museo Guggenheim de Bilbao entre otras, tendrá un costo estimado de US$120.000 millones, y ha sido definido inicialmente bajo una estructura jerárquica con casas lujosas para los directivos y dormitorios comunes para los pasantes. Situado al borde del mar en cerca de 81 hectáreas, tendrá además hoteles y supermercados, e implicará además la intervención de la famosa US101, vía que sufre de continuos colapsos por tráfico.

Si bien la iniciativa no es nueva -este modelo de ciudades tuvo su auge en pleno siglo XIX-, la realidad es que habían caído en desuso a excepción de algunos campus corporativos todavía vigentes sobre todo en las industrias petrolera y minera. El proyecto de Facebook sin embargo se distancia de la historia. Zuckerberg no solo está abordando la problemática de vivienda de sus empleados que se enfrentan a precios de mercado superiores al millón de dólares en la zona, sino que está diseñando una verdadera ciudad con las ventajas que tiene hacerlo desde cero.

A la iniciativa se han sumado Google (compró recientemente 300 casas prefabricadas por US$30 millones), y Apple que han querido, como parte de los beneficios de sus empresas, construir espacios lo suficientemente atractivos y bien planeados, para que  sus empleados vivan, literalmente, dentro de la empresa.

Las ventajas, de cara a la atracción y retención de talento son sin duda enormes, más cuando se tiene la chequera suficiente para hacerlo bien y se pone a liderar la iniciativa a un genio de la arquitectura que no dejará suelto ningún detalle. Pocas veces se tiene la oportunidad, ya no de diseñar un edificio, sino de diseñar una ciudad completa sin tener a Petro detrás tratando de que nada salga bien y adjudicándose cada ladrillo.

La pregunta al final es si, al margen de lo atractivo y racional que pareciera vivir “dentro de la empresa” por cercanía y costos, el empleado del futuro estará dispuesto a hacerlo, cuando de otra parte la tecnología ha habilitado plataformas que permiten vivir lo más lejos que uno quiera de su sitio de trabajo sin tener que, además de trabajar, convivir todos los días con sus compañeros de empresa. ¿Lo haría usted?

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