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Germán Retana, columnista.

| 3/11/2013 10:00:00 AM

¿Extinguirse o distinguirse?

Una organización o persona que se estanca en una zona de confort, puede sentirse bien, gozar una sensación de equilibrio y hasta cosechar frutos materiales que provocan una percepción de bienestar. Opinión de Germán Retana.

por Germán Retana

Pero por debajo de esas aguas calmas circula el tiempo, a paso acelerado, y de repente salta a la vista para advertir: "¡Usted se quedó atrás, ya no es relevante, no marca ninguna diferencia y hace rato no alcanza algo importante!"

El estancamiento o la falta de retos son tan peligrosos como depender de la renta por prestigio acumulado, logros pasados o bienes ahorrados. Quienes dejan de tomarse a sí mismos en serio para seguir superándose, son sobrepasados por quienes no se encadenaron al conformismo ni al miedo de ser más. Dejar de aspirar es comprarse el boleto al viaje de la extinción. Según Platón, "si no deseas mucho, hasta las cosas pequeñas te parecen grandes". El exceso de complacencia deja atrás el vivir para convertirse en sobrevivir.

Se extinguen las organizaciones prisioneras de la indecisión, las que renuncian a ser arquitectas de su destino y se vuelven apenas reactivas a lo que sucede en el entorno. Las rivalidades internas, las excusas, la ambigüedad de sus dirigentes y la prepotencia de unos pocos, acaban con el entusiasmo de muchos, lo que drena la energía que mueve la empresa. Se disipan los equipos que esperan que la suerte llegue, sin salir a trabajar fuerte para aprovechar oportunidades. El desorden, el mal uso del poder y el maquillaje hacia afuera son garantías de fracasos cercanos y de profundas complicaciones en el futuro.

Se distinguen las personas y empresas que comprenden que su destino es gobernado por las consecuencias de sus valores, decisiones y actos. Las que son rigurosas para vencerse a sí mismas en momentos de adversidad y convierten la autocrítica en prevención de la mediocridad para no repetir sin cesar los mismos errores. Las que de la pregunta constante un hábito superior al de creer que tienen respuestas para todo y el monopolio de la verdad. Son flexibles y reaccionan ante las advertencias del tiempo y la obsolescencia.

Atender el llamado a la transformación, poseer la humildad para aprender de otros y el coraje para transitar por caminos desconocidos y riesgosos, son sellos distintivos de quienes se reinventan. No le temen ni se dejan atrapar por las dudas sino que las resuelven, pues como Aristóteles afirma, ellas son el principio de la sabiduría.

Se distinguen los equipos que actúan con inteligencia, los que saben que los mosquitos de la pereza y el aburrimiento prefieren aguas estancadas y huyen de las que corren por causes rápidos. Triunfan los que impiden que mentes pequeñas se impongan a ideas grandes. ¿Es usted protagonista en una empresa distinguida o víctima junto a una que se extingue?

* Profesor Incae Business School

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