Opinión

  • | 2016/10/23 00:01

    Expansión e incertidumbre

    El quinquenio 2009-2014 fue especialmente bueno para el crecimiento y la expansión internacional de empresas latinoamericanas y de países emergentes. Pero ahora no se puede navegar con piloto automático.

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Aunque en los países de economías tradicionalmente avanzadas ha habido desaceleración del crecimiento económico y de la productividad, disminución de la inversión, y aumento del desempleo desde el comienzo de este milenio, que se acentúo después de las crisis financieras del 2008 y 2009, los países emergentes incluidos los BRIC y algunos países latinoamericanos tuvieron un comportamiento económico casi que glorioso, y muchas de sus empresas consiguieron una impresionante expansión internacional en el quinquenio del 2009 a 2014. 

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Si bien no han sido abundantes, hay algunas explicaciones que la academia ha dado para explicar las razones por las cuales muchas empresas de la región consiguieron tan buen desempeño y lograron internacionalizarse en ese periodo, mientras que las empresas de países más avanzados no lograron tanto éxito.

Algunos académicos mirando en perspectiva ese deslumbrante quinquenio para las empresas multilatinas hemos encontrado evidencias fuertes de que el alto precio de los commodities (principalmente el petróleo), las favorables tasas de cambio en relación al dólar, la estabilidad política en este periodo, el aumento en el poder adquisitivo de la población promedio, los capitales acumulados de las empresas que les dieron músculo financiero, y el acceso (respaldado) a créditos internacionales para adquirir empresas ya establecidas en el extranjero son factores de entorno bastantes frecuentes al explicar la causa de  la internacionalización y el buen desempeño de muchas empresas multilatinas.

Académicos y firmas de consultoría internacionales anticiparon que para 2025 el 50% de las empresas más grandes de acuerdo al ranking Fortune Global 500 serán empresas de países emergentes (en contraste con sólo el 2% en 1995). Sin embargo, las condiciones exógenas a las empresas listadas en el párrafo anterior, que pueden dar una explicación parcial de su éxito en los años reciente, no necesariamente se mantendrán y, por consiguiente, se podría cuestionar qué tan sostenible es su expansión internacional y su crecimiento. 

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Empero, sí podemos decir que en estos momentos de incertidumbre económica, de turbulencia política en muchos países desarrollados y emergentes, y la alta frecuencia de aparición de cisnes negros (eventos altamente impredecibles con impactos difíciles de anticipar), las empresas que cuenten con una alta dirección con capacidades de leer tempranamente señales de riesgo y de oportunidad en entornos opacos, y atributos para afrontar las adversidades y adaptarse con resiliencia a las crisis, tendrán mayores posibilidades de competir local e internacionalmente.

Los profesores Rodrigo Bandeira-de-Mello, Maria Tereza Fleury, Carlos Aveline y Marina Gama hicieron una investigación publicada en el Journal of Business Research, en la que encontraron que las empresas de países emergentes sean ambidiestras y flexibles para implementar alternativas en cuanto a modos de operación doméstica e internacional, flexibilidad en la estructura organización, y formas competencia por recursos, para esto deben explorar y explotar capacidades nuevas y existentes que han sido obtenidas en sus países de origen.

En una investigación del profesor investigador Álvaro Cuervo-Cazurra de Northeastern University cuyos resultados fueron publicados en junio 2016 también en Journal of Business Research,  la expansión internacional de las empresas latinoamericanas (multilatinas) es parcialmente reactiva a las características únicas en Latinoamérica (incertidumbre política, reformas pro-mercado y revocaciones a estas, y el aislamiento geográfico). Explica el profesor Cuervo-Cazurra que estas particularidades pueden explicar la internacionalización de estas empresas, ya sea por que las compañías de la región han aprendido a manejar situaciones en sus propios países, lo cual se ha convertido en un motor de aprendizaje, disminuyendo a aversión al riesgo, o debido a que, precisamente, estas características inducen a las empresas a escapar de estas condiciones.

En estos momentos de turbulencia y de falta de predictibilidad es recomendable aumentar los sensores de riesgo, no sólo para lograr reaccionar y maniobrar favorablemente a los “cisnes negros”, sino que estos pueden representar buenas oportunidades para las empresas. Es un momento en el que toca tomar decisiones y actuar inmediatamente, teniendo claridad sobre cuales son las ventajas específicas que tenemos cada uno. Si queremos recuperar el rumbo de crecimiento que tuvimos, no podemos en estos momentos estar con piloto automático.

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