Opinión

  • | 2014/02/03 11:00

    El liderazgo y la vocación humanista

    Cada vez menos personas se interesan hoy por el estudio de las humanidades. Es una lástima, pues la evidencia sugiere que una sólida formación humanista ha producido líderes en multitud de campos. Opinión de Rafael Ortega Ryberg.*

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El estudio de las humanidades parece estar en crisis. Hace cincuenta años, en el mundo desarrollado cerca de un 14% de las personas se graduaban de la universidad en el campo de las humanidades. En el presente, este porcentaje se ha disminuido a menos de la mitad. En una columna reciente del New York Times, David Brooks sugiere que este declive se debe no solo un mercado laboral difícil en el que quizás una educación enfocada en Negocios o Ingeniería tiene mayores ventajas, sino que también se debe a los humanistas han perdido la fe en su propia empresa.

La misión y el trabajo de las humanidades consisten en cultivar nuestra esencia como seres humanos. La sabiduría, la integridad, el compromiso, el valor, y la capacidad para preocuparnos por los demás no son una descripción de nuestro currículo. Se refieren a nuestro espíritu, a nuestra esencia. Para aquellos de nosotros que hemos tenido el privilegio de contar con profesores en el campo de las humanidades que creen y viven su vocación, su influencia positiva nos transforma y perdura por el resto de nuestras vidas.

En el pasado mes de Junio, en un esfuerzo por revertir estas tendencias, la Academia de Artes y Ciencias de los Estados Unidos publicó un reporte llamado “The Heart of the Matter”, fortaleciendo el caso a favor del estudio de las humanidades y las ciencias sociales en general. El reporte se enfoca no solo en las competencias que el estudio de las humanidades desarrolla en nosotros, tales como el pensamiento creativo y la capacidad para escribir, sino también en sus efectos en nuestro interior, tales como la profundidad espiritual y la integridad. Si bien su impacto se verá en el tiempo, este trabajo ha llamado la atención en diferentes frentes y probablemente ejercerá una gran influencia. Por otra parte, en un artículo recientemente publicado por Korn/Ferry Briefings, Glenn Rifkin sugiere que independientemente de cuál sea nuestro campo en el ámbito técnico y profesional, la formación en humanidades es esencial no solo para contar con una educación integral, sino para nuestro desarrollo como líderes.

En un blog del año 2011 de la Universidad de Harvard, Tony Golsby-Smith, fundador y CEO de Second Road, se lamenta del foco de la educación para enseñar a los estudiantes a controlar, predecir y verificar la información. Sugiere que las personas que han sido entrenadas en el campo de las humanidades cuentan con la capacidad para aplicar nuevas formas de pensar acerca de problemas difíciles que no pueden ser analizados de una manera convencional. Sugiere además que la formación en humanidades tiene un impacto sobre el desarrollo de competencias tales como al manejo de la ambigüedad y la complejidad, el pensamiento innovador y las habilidades de comunicación. Por otra parte, las personas con formación humanista tienden a mantener una relación con el aprendizaje permanente y la curiosidad a lo largo de sus vidas.

“Las humanidades nos dan perspectiva”, como menciona Joanne Ciulla, profesora de Liderazgo y Ética, y una de las fundadoras del Jepson School of Leadership Studies de la Universidad de Richmond en Virginia. Mientras que el enfoque típico de las universidades se basa en el estudio de la administración, la psicología y las finanzas, esta escuela es particularmente distintiva por su enfoque del desarrollo del liderazgo a través del énfasis en la formación en las humanidades. La misión de esta escuela, como explica su fundadora, es ante todo formar líderes, no solo trabajadores que pueden dominar áreas técnicas y especializadas del conocimiento, como quizás podría suceder en una universidad más tradicional.

No debería sorprendernos que varios pensadores en el campo de la administración hayan sido conscientes del poder de la formación en humanidades. Según Rick Wartzman, Director del Drucker Institute, con frecuencia Peter Drucker recurría a las humanidades para identificar y derivar lecciones que pudieran aplicarse a la administración. En su libro “Las Nuevas Realidades”, Drucker nos dice que la administración se refiere a las personas, sus valores, su crecimiento y su desarrollo, y que se relaciona con el auto conocimiento, la sabiduría y el liderazgo. En las palabras de Drucker, “los administradores tienen a su disposición del conocimiento y la sabiduría de las humanidades y las ciencias sociales, la sicología, la filosofía y la historia”. Las palabras de Drucker sugieren que la administración uno de los campos más generalistas tanto en su formación como en su práctica.

Warren Bennis, uno de los gurús más reconocidos de nuestros tiempos en el campo del liderazgo, en su libro “Convertirse en Líder” del año 1989, criticó abiertamente la formación brindada por las universidades, en las que su propósito parecía ser formar especialistas capaces ante todo de hacer dinero. Pero como nos decía, como seres humanos son incompletos. En vez de aprender de las experiencias de la humanidad a través del estudio de la historia, la literatura y la filosofía, prefieren aprenden cómo programar computadoras. Veinte años después, la gran crisis financiera global obligaría a tomar mucho más en serio estos cuestionamientos, no solo a las universidades y los negocios, sino al mundo en general.

Una revisión de los currículos de líderes exitosos en el mundo de los negocios, el gobierno, el sector privado y el mundo militar nos revela que un número alto de ellos cuentan con formación en humanidades. En un ejemplo del mundo de los negocios, A.G. Lafley, quien pasó más de 33 años en Procter & Gamble y como su CEO la transformó de una manera sin precedentes, tenía inicialmente una carrera planeada como profesor de humanidades. Lafley estaba listo para iniciar su doctorado en Historia Medieval en la Universidad de Virginia, cuando la guerra de Vietnam interrumpió sus planes, y posteriormente lo embarcó en una carrera hacia el mundo de los negocios. Como lo demostró la experiencia, Lafley nunca abandonó su hábito de pensar de manera crítica e interdisciplinaria, el cuál adquirió a través de su formación en humanidades.

Es de fundamental importancia que los humanistas no pierdan la fe en su empresa. Si bien iniciativas como las de la Academia de Artes y Ciencias de Estados Unidos ejercen una influencia muy positiva en este propósito, son nuestros líderes en los diferentes campos quienes nos recuerdan el irremplazable valor que tienen el conocimiento y el entendimiento de los seres humanos, al igual que la importancia de entrenar nuestras mentes para pensar de una manera amplia e interdisciplinaria. Estas son lecciones de la historia.


* Managing Principal LTC,
Korn/Ferry International
Región Andina

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