Opinión

  • | 2016/10/28 00:03

    ¿Estandarizar o cambiar prácticas educativas?

    La educación de aula, tablero y marcador, con niños en fila, sentados, en silencio, juiciosos y con un profesor expositor se constituye en la práctica educativa dominante en los colegios de Colombia.

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El profesor de la Universidad de Antioquia David Pájaro sostiene que “los pedagogos más críticos y avanzados sostienen que la escuela se centra en el control. El control es la clave para suprimir prácticamente todo lo que es natural y espontáneo en la vida. El control se aplica desde fuera. Las reglas se vuelven un fin en sí mismas. Hay reglas para participar, alinearse, caminar, hablar, escribir, jugar, ir al inodoro, y hasta para cuándo, dónde, cuánto y cómo aprender. La escuela, dicen los más críticos, mediatiza, subordina y acaba con la alegría de vivir”.

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Esta práctica o rutina de aula se opone a los procesos de innovación y creatividad del maestro, y en general, de cambio en los procesos educativos de los colegios. Los maestros deberían preguntarse: ¿Hasta dónde el trabajo tradicional en el aula escolar es un espacio de confort y tranquilidad en el desarrollo de su quehacer educativo?, en un mundo donde la escuela guardería impera, y a la mayoría de los padres de familia y aún a los estudiantes sólo les interesa tener un cupo y obtener un grado, no importa si el sistema educativo o la escuela es de buena o mala calidad.

Esta práctica o rutina de la escuela tradicional va contra la necesidad que tiene el sistema educativo de aceptar que la sociedad evolucionó y rompió las barreras de acceso al conocimiento, el cual ya no le pertenece de manera preponderante a la escuela.

El maestro ya no es el único depositario del saber y del conocimiento, sin embargo, la rutina de la clase tradicional ha cambiado muy poco. Lo anterior a pesar de que los sistemas de información modificaron el mundo, apoyados en redes, computadoras, programas y el uso intensivo en tecnologías de la comunicación. La escuela y los procesos de enseñanza en la mayoría de ellas no cambiaron, han subsistido por más de 50 años los usos al espacio escolar, el rol del profesor, las horas de clase y el calendario escolar.

También, los hacedores de políticas educativas deben preguntarse en cuánto contribuye al problema la estandarización de la escuela, la cual se da a partir de políticas donde la calidad depende del resultado de las pruebas SABER. De alguna manera la escuela y los maestros son obligados desde afuera a centrarse en competencias, a enseñar y evaluar en competencias; los estudiantes y los colegios se clasifican por los resultados en competencias, a los maestros se les otorgan incentivos por los logros en competencias y se les dice a los padres y a la sociedad lo que el Ministerio considera deben aprender por cada una de las competencias: los denominados derechos de aprendizaje. Esto es control y rutina para la escuela. Padres y maestros deberían ver el documental sobre la educación de Finlandia que publicó el cineasta americano Michael Moore y que Revista Semana reprodujo con el título: ¿Por qué Finlandia tiene uno de los mejores sistemas educativos?

Imaginación, creatividad e innovación son las fuentes de todos los logros humanos, sostiene ken Robinson. Luchar contra la rutina del salón de clase, no es una tarea fácil, el maestro, de manera normal, está dedicado a enseñar en el mismo centro educativo durante 10 o más años clase similares, en el mismo colegio y salón, lo único que cambia año a año es el grupo de estudiantes. Los maestros en ese espacio de confort no investigan, no se actualizan y menos innovan en sus prácticas de aula; al contrario, el contenido del curso es siempre el mismo, por fortuna no son todos los maestros. A ello también contribuye la estandarización de la educación y la definición de la calidad de la educación por los resultados obtenidos en las pruebas.

De otra parte, los entornos de familia y vecinos que ayudaban a la formación de la persona, a crear y a desarrollar valores, a motivar para el esfuerzo y para éxito escolar hoy están superados y avasallados por los medios de comunicación (radio, televisión, cine y redes sociales). Así mismo, el valor social y la importancia de la educación como formación y posibilidad de acenso social se ha perdido, quién de los adultos no recuerda a los padres con afirmaciones tales como: “hijo si no estudia no será nadie en la vida” o “yo lo único que le daré será educación”. La familia actual cada vez contribuye menos con el proceso de formación de los niños, queja generalizada de los docentes de la educación oficial.

Cambiar significa aceptar que hay nuevos paradigmas para aplicar en la escuela: trabajo en grupo desde el primer día, que los estudiantes aprendan a convivir y autorregularse, que los docentes promuevan lo que les gusta aprender a los niños y a los jóvenes, lo cual encamina a la escuela a lograr que los estudiantes y hasta los padres de familia (escuelas de padres) aprendan a hacer preguntas inteligentes y a buscar respuestas. Un reto nuevo es enseñar a los estudiantes a usar al señor Google, u otro buscador en la red, para que ellos aprendan a manejar y a ordenar el caos de la información que tiene y produce el señor Google. El educador Bernardo Toro sostiene que un estudiante puede estar al frente a la mejor dotada de las bibliotecas del mundo, pero si no tiene una pregunta clara y precisa, de nada sirve entrar a esa biblioteca.

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