Opinión

  • | 2017/09/08 00:01

    Estamos siendo vigilados

    Creo que infravaloramos la cantidad de información que producimos cada día; y despreciamos el valor o compromiso de dicha información.

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Aunque hoy en día las empresas de análisis de mercado tienen mayores accesos, mejores recursos y muchas más herramientas para llegar a la información, ya no son tan necesarios, pues todos los días, nosotros mismos estamos mostrando todo en cada momento. Vivimos en casas de cristal.

Estamos generando datos permanentementes, ya sea a través de nuestro teléfono móvil o los datos públicos que ponemos en redes sociales como Facebook, Twitter o LinkedIn.

Con la información que generamos, añadimos o utilizamos, se podría hacer un mapa, una agenda o un diario automático y detallado de nuestra vida.

Todo cuanto hacemos, en qué bus vamos, qué estamos haciendo ahora mismo, cuándo nos levantamos, dónde nos detenemos, cuánto tiempo tardamos, dónde estamos comiendo, a qué horas dormimos, cuándo tomamos un avión, quién nos llama, cuánto dura la llamada, quién nos manda mensajes, se puede ver absolutamente todo; está en internet.

Y la razón es sencilla y es que siempre tenemos un teléfono en el bolsillo y, cada cinco minutos, el móvil hace una conexión a la antena que tenga más cerca, preguntando: "¿Tienes algo para mí? ¿Tengo algún correo? ¿Tengo algún mensaje de WhatsApp? ¿Ha pasado algo en el mundo?"

Es decir, cada cinco minutos, están diciendo: "estoy aquí, estoy aquí, ahora estoy aquí, …” Y esto pasa todo el tiempo.

Con los cinco minutos que nuestro móvil envía automáticamente información, se podría llenar un archivo de Excel inmenso. Y lo más impresionante es que se hace de los millones de otros teléfonos móviles que están produciendo la misma información. ¿Y quién lo puede ver? Cualquier compañía o persona que así lo quisiera. Estamos constantemente geo localizados, con quién y cuanto tiempo.

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Y este es el punto en el cual empieza el trabajo interesante para las empresas, que construyen algoritmos de análisis detallando las diferencias entre las personas y determinando los comportamientos que hacen bastante o poco importante para ciertas compañías.

Si así se quisiera, con la información que está en la red, se podrían analizar profundamente los vínculos entre grupos de personas según sus comportamientos, o agrupar personas que reúnen características similares.

Pero, ¿nos comportaríamos igual si supiéramos que nos vigilan? Porque con todo lo antes descrito, les aseguro que nos están “vigilando” todo el tiempo.

Y solo así, sin mencionar nuestros computadores, ni las cámaras que hay en la calle, en las tiendas, en los supermercados, en los aeropuertos, en los buses y dondequiera que estemos y que no vemos. Y no estoy hablando de radares de carreteras que registran la velocidad, sino realmente vigilantes silenciosos y ¿cuántos chips de identificación personal podríamos tener ahora mismo en la cartera?

A parte de la cédula, la licencia de conducción, la tarjeta débito o de crédito, tenemos tarjetas de puntos, que lo único que hacen es decirles a las empresas patrocinadoras: quién eres, dónde vives, lo que ganas, en qué te lo gastas, qué comes, cuántos hijos tienes, cuándo te vas de vacaciones, cuándo te enfermas...

Que no es distinto a los correos “gratuitos”, las aplicaciones que “bajamos” o las cookies que “activamos” rápidamente para autorizar el uso de nuestra información.

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Y no significa que a los “vigilantes” les importe si somos o no importantes, porque al final solo somos algoritmos, no personas, nuestro perfil es automático y existe, aunque nadie lo mire. Porque el día que alguien lo mire y nos cambie la suerte, nuestro perfil, nuestro historial y todos los movimientos realizados se convertirán en nuestros antecedentes.

El problema es que la existencia misma de esta información nos hace vulnerables en formas que ahora mismo no podríamos anticipar, pero no podemos esperar a que nos pongan entre rejas, deberíamos nosotros mismos empezar a ponerlas, encriptando nuestros móviles, nuestras comunicaciones y nuestros computadores.

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Pensemos mejor a la hora de acceder a una tarjeta de puntos o al dar nuestro correo en un formulario, incluso al permitir accesos a nuestra información a cambio de otra información, pues el estado de vigilancia constante es una de las más críticas situaciones que se viven en el mundo moderno.

Así que, recomiendo, empezar a revisar todos los artilugios que estén generando información, cosa que, si alguien quiere ver lo que estamos haciendo, pues que pida una orden de registro.

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