Opinión

  • | 2017/07/07 00:01

    Estados Unidos: casi una década de crecimiento

    La economía estadounidense está en su noveno año de expansión, lo que ha permitido situar el PIB un 12% por encima de los niveles precrisis y crear 16 millones de puestos de trabajo.

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Se trata de una recuperación muy larga, pues la duración media de las etapas de expansión en EE.UU. es de 5,5 años y sólo en las décadas de los 60 y 90 la recuperación se extendió más tiempo.

Es difícil encontrar las razones que explican la duración de las fases cíclicas expansivas porque prácticamente ninguna se parece a la anterior. En el caso de la actual, el análisis es más complejo teniendo en cuenta las características de la última crisis y su impacto sobre el crecimiento potencial. Evidentemente, algo habrá tenido que ver la combinación de recetas de política económica y, sobre todo, el enfoque macroprudencial de muchas medidas que ha evitado un excesivo apalancamiento de los agentes en este ciclo. No obstante, estas mejoras en la regulación y supervisión parecen amenazadas por la nueva administración estadounidense.

Por tanto, la economía americana está inmersa en un ciclo de recuperación suave que, a cambio, podría extender su duración más allá de los 10 años, constituyendo un nuevo récord. La duda a estas alturas de una recuperación atípica es si lo más aconsejable es que la Fed mantenga la estrategia de política monetaria de los últimos meses y siga subiendo de forma suave los tipos de interés, pese a la ausencia de presiones inflacionistas, o si debe parar este proceso hasta que el botón rojo de la inflación no se termine de encender. A modo de recordatorio, en los últimos cuatro ciclos expansivos, los tipos se subieron de media un total de 375 puntos básicos (75 puntos básicos en la actualidad), partiendo de un nivel medio mínimo del 4% (0,25% en la actualidad). Cierto es que eran otros tiempos y otra economía.

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Además, el debate es complicado porque incorpora temas como el aumento de la desigualdad en el país que, según los más críticos, estaría agudizándose por mantener durante demasiado tiempo una política monetaria que no favorece de la misma manera a los diferentes grupos de población. Precisamente, la intervención de Bernanke esta semana en Sintra (When growht is not enough) aludía a este tipo de problemas pues, reconociendo los éxitos de la recuperación en EE.UU., realizaba una autocrítica por la tardanza de las autoridades económicas en reconocer las tendencias disruptivas que para amplias capas de la población está suponiendo esta vez el proceso de recuperación. Según el anterior presidente de la Fed, el número de americanos que manifiesta su decepción por el rumbo de la economía duplica a los satisfechos con la misma, cuando EE.UU. se encuentra cerca del pleno empleo. Las razones que explicarían esta deriva son: salarios estancados en términos reales para buena parte de la población, paralización del ascensor social, desconfianza en las instituciones y disfunciones en grupos sociales castigados por la crisis.

Tampoco en Europa la normalización de la política monetaria va a ser un camino de rosas, sobre todo si el BCE quiere minimizar los efectos de haber mantenido tanto tiempo unas condiciones monetarias extremadamente expansivas, como acaba de volver a recordar el BIS. De hecho, con la economía europea creciendo a ritmos nominales próximos al 3,5% (y la española cerca del 5%), en estos momentos las condiciones financieras son las más expansivas de toda la fase de recuperación y los mercados aumentan su nervosismo, como se percibió la semana pasada con su reacción a las intervenciones en Sintra, esta vez de Draghi y Carney. La reacción del tipo de cambio del euro al discurso de Draghi, en el que solamente se había puesto de manifiesto la necesidad a adaptar el tono monetario a unos fundamentos económicos bien diferentes a los de hace seis meses, obligó al BCE a desmentir la interpretación del mercado. Es una prueba más de la importancia que tiene para los bancos centrales la evolución del tipo de cambio.

Tampoco el gobernador del Banco de Inglaterra tuvo su mejor intervención, al declarar que está preparado para subir tipos, sólo una semana después de señalar que todavía no es el momento. La conclusión es que los bancos centrales deberán extremar el cuidado en las comunicaciones durante las próximas semanas y la sensación es que, según pasen las semanas, la tensión va a aumentar en los mercados conforme los bancos centrales se vayan situando cada vez más por detrás de la curva. No deja de sorprender que, con el 90% del mundo en fase cíclica expansiva, sólo EE.UU. y México estarían endureciendo la política monetaria, mientras pasan cosas tan raras como la emisión de un bono argentino a 100 años (sí, vencimiento dentro de un siglo) para el que la demanda multiplicó por tres la oferta. Estas cosas ya nos parecen hasta normales.

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