Opinión

  • | 2016/12/21 00:01

    ¿Es sostenible la reciente fortaleza del peso colombiano?

    A pesar del fortalecimiento experimentado por el dólar americano frente a la mayoría de monedas en el mundo después de la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de EE.UU. el pasado 08 de noviembre, el peso colombiano ha mostrado estabilidad.

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La recuperación del precio del petróleo, la debilidad de los activos financieros mexicanos y el avance de la reforma tributaria en Colombia parecen determinantes en el reciente comportamiento del peso colombiano, aunque los fundamentales soportan una mayor debilidad de la moneda nacional en un horizonte mayor.

Desde las elecciones en EE.UU. el dólar frente a las principales divisas del mundo, medido por el índice DXY, se ha apreciado 5.2%, jalonado esencialmente por la debilidad del Euro y del Yen que son monedas representativas de economías cuyos bancos centrales mantienen una postura monetaria ampliamente expansiva. Mientras tanto, en América Latina el real brasilero se ha devaluado casi 7% y el índice LACI que resume el comportamiento de las principales monedas de la región se ha depreciado en similar magnitud.

En esta coyuntura, el peso colombiano se encuentra prácticamente en el mismo nivel ($3.000 pesos por dólar) previo a la elección de Trump, aunque mantiene la alta volatilidad que le caracteriza. Entonces, ¿Cuál o cuáles han sido los factores diferenciadores en el caso de la moneda colombiana? La percepción generalizada es que el principal soporte del peso colombiano ha sido el fuerte repunte del precio del petróleo (WTI) que desde el 08 de noviembre se ha valorizado 15,3%; producto del acuerdo de recortes de producción (cerca de 1.8 millones de barriles día) tanto por parte de la OPEP como de otros productores de petróleo convencional no asociados a la OPEP, a partir del próximo año.

Otro factor favorable en la coyuntura puede ser el redireccionamiento de algunas inversiones en renta fija, particularmente en deuda pública en la región. El bono de deuda soberana mexicana ha registrado una fuerte desvalorización desde el 08 de noviembre, al incrementar su nivel de rendimiento anual de niveles de 6.16% a 7.36% (aumentos del rendimiento implican caídas en el precio de un bono), mientras que el peso mexicano se ha depreciado casi 8%, reflejando una salida de capitales de una de las mayores economías de la región.

En contraste, en noviembre los inversionistas extranjeros fueron los principales demandantes de bonos soberanos colombianos (TES) con compras netas superiores a 3.5 billones de pesos, con lo cual el título de 10 años mostró un suave repunte en su rendimiento al pasar de 7.30% a 7.40%, soportando bastante bien la desvalorización observada en la renta fija global hasta la fecha. Esto significa que parte de la salida de flujos de México puede estar siendo, temporalmente, dirigida al mercado colombiano.

No obstante lo anterior, el acelerado incremento en los rendimientos de los bonos del tesoro americano como reflejo de expectativas de mayor inflación, crecimiento económico, proteccionismo y presión fiscal en EE.UU., pueden terminar impulsando una salida de capitales de la región, adicional a la ya ocurrida en México, en un horizonte de mediano plazo y, en consecuencia, generar depreciaciones de las monedas. En efecto, desde el pasado 08 de noviembre, el rendimiento de los bonos soberanos americanos a 10 años se ha incrementado 0.74% hasta niveles de 2.60%, mientras que el de 2 años lo ha hecho en 0.40%, ubicándose en 1.25%.

Aún más relevante es que la normalización de la tasa de interés de referencia de la Reserva Federal continúa su rumbo. La semana pasada, por segunda vez en un año, el banco central americano incrementó la tasa de intervención, ubicándola en 0.75%, mientras que publicó una senda de proyecciones sobre esta tasa de interés consistente en aumentos alrededor de 0.75% por año para 2017 y 2018, (hasta 2,25%). Pese a ser una senda moderada, de llegarse a cumplir esta proyección, mayores tasas de interés en dólares deberían implicar mayores tasas de interés en el resto del mundo, como ha ocurrido históricamente. En el caso de Colombia, si no es así, la variable de ajuste debería ser entonces la tasa de cambio que debería depreciarse para compensar una mayor tasa de interés internacional.

La situación monetaria en EE.UU. es, sin duda, el principal determinante de la tasa de cambio peso – dólar a mediano y largo plazo. Así mismo, los fundamentales locales más previsibles soportan una debilidad de la moneda colombiana frente a la divisa americana: La reciente decisión del Banco de la República que apunta a “reducir el grado contraccionista de la postura de la política monetaria” implica el inicio de un periodo de recortes en la tasa de interés de intervención que podría prolongarse a lo largo de 2017 hasta llevar la tasa de interés hasta niveles cercanos a 6% (actualmente 7.50%).

De esta forma se estaría ampliando el diferencial de tasas de interés entre Colombia y EE.UU., favoreciendo una depreciación del peso frente al dólar, sobre todo al incorporar el hecho de que la estructura de tasas de interés, reflejada en la curva de rendimientos de TES, ya descuenta un escenario en donde la tasa de interés de referencia debería estar cercana al 6%. Además, hay que recordar que el precio del petróleo ya incorpora todas las noticias positivas y que la producción petrolera colombiana va en franco declive, mientras que la reforma tributaria a punto de ser aprobada en el Congreso sirve para apaciguar algunas presiones fiscales pero dista mucho de ser estructural, con lo cual el riesgo país tiene pocas posibilidades de seguirse reduciendo.

No obstante, los flujos de capital podrían incrementarse por la implementación del acuerdo de paz entre gobierno y FARC, así como por la financiación de la infraestructura que ya se encuentra en marcha y se espera empiece a favorecer considerablemente la actividad económica a partir de 2018. Sin embargo, estos dos factores son mucho más inciertos que los mencionados previamente.

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