Opinión

  • | 2016/09/15 00:01

    Equilibrio personal y laboral: clave de productividad

    Una premisa tan simple como cierta: colaboradores más estables, con mayor equilibrio entre su vida laboral y personal, más comprometidos con la empresa y más identificados emocionalmente con su misión y su trabajo… son también colaboradores ¡más productivos!

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No sorprende conocer los resultados del informe reciente de Fedesarrollo que evidencia un claro rezago en los niveles de productividad laboral en nuestro país. Esta evidencia se confirma al ver la posición de Colombia en rankings de competitividad global como el del Foro Económico Mundial (WEF).

Lo que si resulta muy diciente es la identificación que hace el informe de Fedesarrollo de los dos factores más determinantes de los bajos niveles de productividad en el trabajo de los colombianos que bien vale la pena analizar: 1. La informalidad en los mercados laborales y en la existencia empresarial y 2. la incompatibilidad entre el sistema educativo y el sistema productivo.

Permítame querido lector, referirme en esta oportunidad al primero de estos factores, con la intención de retomar, como ya lo he hecho en columnas anteriores, el segundo de ellos.

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La falta de claridad en las reglas del juego, los vacíos jurídicos y legales, los altos costos de transacción, los obstáculos administrativos, entre otras razones, generan incentivos perversos que derivan en la no formalización de muchas iniciativas de micro y pequeñas empresas y lo que es peor en altos niveles de informalidad en la contratación y vinculación laboral, siendo este segundo factor, a mi modo de ver, el más generalizado ya no sólo en la pequeña y mediana empresa sino en una buena mayoría de las organizaciones privadas y públicas en Colombia.

Y es que a pesar, de las grandes campañas y esfuerzos, de diversas instituciones, de promoción de una cultura de la formalidad laboral y del respeto por mínimos estándares laborales de trabajo decente, mucho me temo que todos los sectores de nuestra economía están impregnados por esa tendencia de “torcerle” el cuello a la ley y abusar de distintas figuras legales de contratación en la vinculación de personas a las organizaciones.

Adicionalmente a ello, la generalidad de la cultura de nuestras organizaciones sigue premiando – consciente o inconscientemente – la presencialidad, la “hora-asiento”, la disponibilidad “24-7”, antes que la evidencia eficiente y eficaz de los resultados y logros, lo que supone en una buena medida, sobrecostos de movilidad, desconcentración de la tarea, priorización de lo urgente sobre lo importante y en definitiva impactos en extremo negativos sobre la productividad. Por tanto la informalidad no viene sólo en el tipo de vinculación o de contratación, sino en esa cultura perversa que evita escenarios de equilibrio y conciliación entre la vida laboral y la vida personal. Por eso los colombianos estamos entre los primeros lugares de aquellos países en los que el trabajador promedio trabaja más horas al día y paradójicamente en los últimos lugares de aquellos países en los que el trabajador promedio es más productivo: el peor de los mundos…

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Compartía recientemente en una conferencia que tuve el honor de dictar en Medellín en el 6º Congreso de Responsabilidad Social de Fenalco Solidario, que cuando regresé al país en el año 2003 después de mis estudios de maestría en el exterior, venía con mi tesis de grado que incluía temas tan sofisticados para entonces como la prioridad de las empresas y organizaciones en la promoción precisamente del equilibrio personal y laboral como factor de competitividad y de creación de valor. En ese entonces, algunos empresarios, consejeros y amigos, me decían con mucha consideración, que mi tesis podía estar en el “lugar equivocado” o incluso en el tiempo equivocado, que quizás esta era una prioridad para las empresas internacionales y particularmente europeas pero que definitivamente no era y no sería en el corto y mediano plazos, una prioridad para las empresas y organizaciones colombianas. Poco más de una década después, veo con gran satisfacción y orgullo que nuestras organizaciones han puesto este tema entre sus prioridades estratégicas y están cada vez más convencidas de que una de las fuentes de la nueva ventaja competitiva sostenible proviene precisamente de ese equilibrio. No les parece asombroso que hoy la empresa quiera ser reconocida por sus grupos de interés como un “buen lugar para trabajar” o como una “empresa familiarmente responsable”.

¿Es un capricho de los directivos?, ¿es una moda de gestión y/o de mercado?, ¿es una apuesta de sentimentalismo o romanticismo empresarial? O es, como creo que es, la convicción y la comprobación de una nueva lógica en el comportamiento de las organizaciones y en la comprensión de cómo generamos más valor económico, social y ambiental, temas en los que incluso países de la región nos llevan una ventaja considerable como lo demuestra el informe de Fedesarrollo. Todo lo anterior bajo una premisa tan simple como cierta: colaboradores más estables, con mayor equilibrio entre su vida laboral y personal, más comprometidos con la empresa y más identificados emocionalmente con su misión y su trabajo… son también colaboradores más productivos!!

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