Opinión

  • | 2017/07/05 00:01

    Entre un volcán y un tsunami

    Para ilustrar lo que podemos esperar en el futuro sobre el precio del petróleo, el autor de esta nota quisiera utilizar una metáfora: dos posibles eventos en una isla en el Pacífico cuya supervivencia depende enteramente de las exportaciones de crudo.

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Dicha isla, para sobrevivir, tiene que exportar la totalidad de su producción de petróleo, y un precio alto puede representar una bonanza, mientras que un precio bajo puede representar la ruina.

Haciendo abstracción de actos de terrorismo y eventos políticos puntuales, el precio del petróleo lo va a mover es la oferta y la demanda mundial. En nuestra metáfora la oferta está representada por un volcán que amenaza entrar en erupción en cualquier momento, lanzando los precios del crudo hacía arriba o hacía abajo. Los habitantes de la isla han bajado a las playas en espera del comportamiento del volcán que en los últimos meses ha tenido presiones por dos fuerzas opuestas: una de ellas, que impulsa el precio al alza, es el otrora poderosísimo cartel de países productores de petróleo que en su día llegaron a controlar más de la mitad de toda la producción de crudo.

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Hoy, este cartel, conocido como la Opep, difícilmente controla una tercera parte y cada día su capacidad de influenciar los precios es menor. Hacen parte del cartel los reinos y emiratos del de Oriente Medio, países que en términos generales han manejado de forma prudente sus ingresos y cuyos ‘Fondos Soberanos’ seguramente les van a permitir sobrevivir en la era del post – petróleo. También están países que por diferentes motivos no habían podido exportar su crudo como es Irán, Libia e Iraq,  que requieren con urgencia aumentar sus ingresos. Finalmente están los parias, como Venezuela y Nigeria, países corruptos y semifallidos cuya propia viabilidad depende de manera exclusiva de los ingresos petroleros.

Los últimos meses lo que han hecho patente es que el Cartel de la Opep está haciendo gárgaras. A pesar de tener el apoyo del principal productor de crudo del mundo, Rusia, en restringir la oferta buscando que el precio suba, la Opep no ha tenido el menor éxito en detener el espiral bajista de los precios. Este fracaso puede tener tres razones: la primera es que varios de los miembros del Cartel están haciendo trampa; la segunda es que los inventarios siguen siendo altos; y la tercera es que es tan abundante la oferta mundial, que restricciones arbitrarias de uno o dos millones de barriles al día no afectan para nada el nivel de precio.

Empujando los precios a la baja, también están los productores de ‘shale oil’ (crudo de esquisto) que le han demostrado al mundo que - por avances tecnológicos y mecanismos financieras innovadores – pueden producir crudo a precios cada vez más bajos, y están en capacidad de inundar los mercados de crudo. De hecho, lo que estos productores de esquisto han establecido es un ‘techo’ en el precio, guarismo tendiente a la baja.

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Sin embargo, para el autor de esta nota, la principal amenaza al precio del petróleo no está por el lado de la oferta, sino por el lado de la demanda. Regresando a nuestra metáfora, el principal problema de los isleños no es la erupción del volcán, sino un tsunami que los va atacar desde el mar y va a derrumbar el precio del crudo. Y la razón de este fenómeno es que el mundo está próximo - con motivo de los avances en la tecnología de almacenamiento de electricidad (baterías) - a entrar de lleno en la era del transporte eléctrico. Para entender por qué el transporte eléctrico va a colocar al petróleo en la caneca de la basura de la historia, es menester entender que el transporte (terrestre, aéreo, y marítimo) utiliza entre el 60% y el 70% del petróleo que se consume en el mundo.

El prestigioso portal financiero, Bloomberg, en reciente artículo afirma que para el año 2040 la producción diaria de petróleo puede estar cercana a los 110 millones de barriles diarios. La demanda a esa fecha puede llegar a ser solo 70 millones de barriles. En pocas palabras, en unos lustros van a sobrar 40 millones de barriles diarios. Se imagina usted, amigo lector, si con un desbalance de solo 4 millones de barriles ya el precio está cercano a los $44 dólares el barril, ¿lo que puede ocurrir con el precio cuando el desbalance ascienda paulatinamente a cuarenta millones de barriles por día?

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