Opinión

  • | 2014/09/22 15:00

    Más impuestos y más corrupción

    El país está en vilo por el anuncio de una nueva reforma tributaria, lo cual generaría más impuestos que se desconoce en qué se invertirían. El Gobierno insiste que los recursos serían para sostener el post-conflicto pero ni siquiera aclara si ya se firmó la paz. Opinión de Alberto Naranjo.*

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Desde el punto de vista económico no hay duda que en el corto plazo frente al nivel de gastos y el flujo de ingresos esperado se hace necesario aumentar los ingresos a través de una reforma tributaria o disminuir los futuros gastos. Como lo segundo es imposible, desde el punto de vista político, ya me imagino la razón por la cual se va a presentar dicha reforma. Asimismo, si hay que subir impuestos es bueno pensar en la progresividad de los mismos, es decir, que los paguen los más ricos aunque sean pocos y los que siempre pagan.

En este sentido, todos los colombianos de bajos ingresos, y víctimas o victimarios de nuestro conflicto, tendrán nuevas oportunidades para conseguir lo que nunca han conseguido y quizás, como ha sido la costumbre, seguir pidiendo más. Mientras tanto los pocos que pagan impuestos seguirán en la disyuntiva de siempre: ¿para qué pagar impuestos si además de pagar todo de forma privada no se recibe ningún bien público a cambio? Generosidad y solidaridad es lo único que quizás pueda explicar este comportamiento.

No voy a entrar a discutir el merecimiento de quienes no pagan impuestos y a quienes el gobierno destina todo su esfuerzo para regalarles cosas por más que pienso que esa población jamás tendrá incentivos para salir de esa condición. Entraré a discutir, entonces, los incentivos que tienen quienes si pagan impuestos cuando ven que para ser felices en Colombia deben pagar por todo y cuando tienen un contacto con lo público su calidad es nefasta: malos colegios, mala salud, mala infraestructura, mala justicia. Quizás lo único que se salva en los últimos tiempos son las fuerzas militares y de policía, y quizás gracias al conflicto. Qué paradoja. Gracias a los 40 años de conflicto en el que ha estado el país todos quienes pagan impuestos pueden disfrutar del único bien público que han utilizado: la seguridad.

Con la nueva reforma tributaria que se avecina se pretende nuevamente abrir la llave de quienes pagan por todo y además subsidian a los que no pagan, mientras que la otra llave, la del gasto, no solamente está abierta para los necesitados sino también para los corruptos.

Para nadie es un secreto que quizás un buen porcentaje de la plata que sale en forma de programas sociales o inversión pública termina en los bolsillos de unos pocos, que quizás hasta no pagan impuestos. Y entonces, el Gobierno en lugar de atacar esa llave abierta de corrupción le pide a unos pocos ciudadanos que sigan abriendo más la llave de sus ingresos. ¿Es esto sostenible a largo plazo? Claro que no.

Pronto las grandes empresas colombianas empezarán a migrar a otros países y los pocos ciudadanos que pagan impuestos terminarán eligiendo otros destinos donde obtendrán la misma felicidad a un menor precio. O quizás algo aún más grave, quienes tienen la capacidad de hacer un fuerte lobby seguirán disfrutando de las exenciones de nuestro sistema tributario –eso si no se toca, ¿no es cierto señor Ministro?– y los que no, tendrán que pensar si se van o se quedan.

Y aquí hago una aclaración sobre los argumentos que se han escuchado a favor de la nueva reforma tributaria.

Se ha mencionado que Colombia posee una carga tributaria muy por debajo de la media de los países de la región. Al mirar los datos del Banco Mundial, por ejemplo, no hay tal realidad. Nuestro impuesto al patrimonio está por encima del de muchos países latinoamericanos al igual que el porcentaje de ingresos generados por los impuestos con respecto al producto interno bruto. Asumiendo que ese argumento es cierto, al hablar de justicia se tiene que ver también el lado de los bienes públicos que a través de los impuestos supuestamente deben disfrutar todos los ciudadanos, tanto quienes pagan como quienes no pagan impuestos. Y en eso, nuevamente si se miran los datos del Banco Mundial, Colombia tiene niveles por debajo de varios países latinoamericanos. Es decir, el ciudadano colombiano que paga impuestos recibe menos en bienes públicos que el ciudadano de muchos otros países de la región.

Así las cosas, se estarían pagando supuestamente menos impuestos en Colombia pero sus ciudadanos estarían recibiendo también menos bienes públicos. Por lo tanto, no hay razón para que el argumento de la baja carga tributaria de Colombia justifique esta nueva reforma tributaria.

Por otro lado, se ha mencionado también para justificar la reforma que los nuevos ingresos irían a financiar el post-conflicto. Uno se imagina que eso significa el costo de la reintegración de miles de excombatientes, y el desarrollo rural y la pobreza en las regiones con presencia de conflicto, entre otros.

Sin saber a ciencia cierta cómo será esta implementación, lo que está realmente en juego es la confianza de los pocos ciudadanos que pagan impuestos en sus instituciones, en Colombia. Si esta confianza no se reestablece es muy difícil que se logre vivir un post-conflicto con esperanza. Y la confianza se reestablece precisamente disminuyendo la llave de corrupción y viendo bienes públicos de calidad que puedan ser utilizados por quienes pagan impuestos también.

Y si a eso se le suma el hecho que todo lo que se ha venido acordando en la mesa de negociación en La Habana no se conoce, que nada será acordado hasta que todo esté acordado, y sobre todo que es posible que a través de un referendo los colombianos puedan decir no a dicho acuerdo, la garantía de que esos impuestos sean gastados de forma eficiente en lo que se promete y más aún que beneficie a quienes pagan los impuestos, es realmente incierta. Me pregunto por ejemplo, si esa firma de la paz y su implementación no viene pronto, ¿el Gobierno devolvería esos impuestos?

Propongo entonces que en lugar de pensar en mayores impuestos se piense en el mediano plazo y que la prioridad sea la corrupción que ha hecho que muchos de los impuestos se vayan a los bolsillos de unos pocos.

Si hemos esperado 40 años para la paz, ¿por qué no la paz puede esperar unos años para que se logre erradicar la corrupción de nuestras instituciones y así generar la confianza necesaria para que el ciudadano que paga impuestos vea estos mismos reflejados en bienes públicos que realmente este pueda disfrutar?, ¿No generaría esta mayor confianza un país más comprometido con el post-conflicto? Del afán no queda si no el cansancio. Dejo ahí esta reflexión.

* Director programa de Economía y Finanzas
Universidad de La Sabana

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