Opinión

  • | 2016/06/24 00:01

    Empresas y paz

    El postacuerdo se forjará como el escenario ideal para los empresarios colombianos, pues les dará mayor capacidad de desarrollo y un gran potencial enfocado hacia más oportunidades de inversión, y la llegada a nuevos y variados nichos de mercado.

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Si bien cada país que ha enfrentado situaciones de finalización de conflicto armado ha vivido escenarios similares en las tendencias de desarrollo económico años después de la firma de los acuerdos de cese al fuego, tal y como acertadamente lo investigó y analizó el Departamento Nacional de Planeación, si es claro que se ha tenido que diseñar políticas públicas muy diferentes, focalizadas y adaptadas a cada escenario y a cada país, encaminadas directamente al papel que jugará el sector empresarial, de cara al fortalecimiento productivo, al desarrollo de habilidades vía capital humano, a la reinserción productiva, y a la adaptación de las vocación productiva en las regiones que dentro de los países, han sido focos y mayormente impactadas por la guerra y los conflictos asociados a ella.  La receta no es única.

Colombia no será ajena a esta dinámica, y ante el anuncio de ayer sobre el establecimiento de un acuerdo entre las Farc y el Gobierno Nacional para el cese al fuego y la dejación de armas por parte del grupo guerrillero, es claro, más que nunca, que el país deberá enfrentar muy rápidamente variados retos desde el punto de vista institucional y de diseño, no de políticas tradicionales, sino de nuevas estrategias que logren acertadamente involucrar al sector privado, para que lidere un gran acuerdo en bloque (empresas/nación) de una estrategia empresarial que permita dar respuesta a las necesidades sociales y económicas que enfrentará el país en los siguientes años.

Este pacto empresarial deberá permitir una apuesta de largo plazo sostenible, para que las transformaciones que va a vivir el país por la firma de un acuerdo de paz, tengan el respaldo del sector empresarial, con aspectos de reinserción productiva, reintegración a la sociedad civil con desarrollo y generación de capacidades y habilidades proveyendo capital humano, y atención a la población desplazada y excombatiente, que mejore de a poco, su calidad de vida tan diezmada históricamente.

Recientemente, Germán Prieto y Camila Jiménez de la Universidad Javeriana, adelantaron un interesante documento para Fescol, que tiene como objetivo dar una reflexión sobre la forma en que las políticas de desarrollo productivo que viene implementando el gobierno en los últimos años, deberían articularse con los retos que implica un escenario de postacuerdo.

En este documento, los investigadores referencian, entre otros aspectos, una serie de interesantes conclusiones, de las cuales, deberíamos como país, asimilar para tener en cuenta a la hora de ver el papel que jugará el sector empresarial colombiano en el postacuerdo, entendiéndolo como un conjunto empresarios/gobierno, que debería ser uno de los líderes naturales de la nueva Colombia con vicios de paz. 

Se concluye, por ejemplo, aspectos tales como: la dedicación de un mayor volumen de inversión pública a pequeños propietarios, y el establecimiento de la productividad como criterio básico de asignación de dicha inversión, el incremento de capitalización al agro a través de créditos y ayudas para la adquisición de bienes de capital, y la idea de incentivar la participación privada en los programas de desarrollo productivo, que incluyan a población desplazada y reinsertada.

Por otro lado, las conclusiones dejadas por la Misión Rural adelantada recientemente, deberán ser revisadas con mucho detalle, pues allí los aspectos relacionados a la inclusión productiva en las diferentes categorías de ruralidad se deben tener en cuenta. Es clave que esa inclusión se sume a la de tipo social de todos los actores afectados por el conflicto armado, y que no vayan separadas la una de la otra. Ese, se forja como un desafío mayor para, no sólo la Nación, sino para el sistema empresarial a toda escala.

Son múltiples los procesos que se deberán seguir para ver como base y cimiento al sector empresarial en este nuevo escenario para Colombia, algo que seguramente no sucederá en el corto plazo, pero en lo que sí deberá el país trabajar de inmediato, para materializar las apuestas reales que permitirán crecer económicamente a mayores tasas que las históricas.

La Colombia de una economía de mercado con débil crecimiento, amarrada a un modelo extractivo, con el tiempo deberá dar paso a una economía de la innovación de la nueva sociedad productiva, de las nuevas tecnologías verdes, del desarrollo de infraestructura, del uso intensivo de las TIC y de la generación de capital humano, todo ello bajo la batuta de la orientación productiva volcada desde y para los territorios. Es claro que este será un proceso largo, difícil y donde las experiencias vividas ya por muchos empresarios que han trabajado con reinsertados, debe ser agenciada en un conocimiento a usar de ejemplo de cómo gestionar la inclusión, teniendo en cuenta la importancia de la integralidad social del capital humano en la atención de las necesidades de cada uno de los nichos de la población involucrada.

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