Opinión

  • | 2017/02/15 00:01

    ¿Es posible una buena relación empresarial con los tuyos, los míos y los nuestros?

    Cuando los fundadores de una empresa familiar se casan más de una vez y se unen a la familia hijos de matrimonios anteriores, es casi inevitable que se presenten conflictos frente al manejo patrimonial, convirtiéndose en una pesada pieza del equipaje familiar.

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En esta nueva entrega del especial “Equipaje Emocional de las familias empresarias” explicaré dos piezas correlacionadas por las dificultades presentadas entre padres e hijos  por la distribución del patrimonio  y el estilo de dirección de la empresa. La primera pieza denominada “Los tuyos, los míos y los nuestros”  está inspirada en un caso empresarial de dos hijos que posterior a la separación de la madre se vuelve a casar y desea que los hijos de su nueva pareja tengan los mismos derechos que ellos en la empresa,  la segunda pieza: “Lo único que quiero es no parecerme a mi padre”, hace referencia a la indignación que les causa a muchos hijos ver los manejos poco éticos que le dan los padres a su empresa y aunque tienen el interés de continuar con el negocio, no lo quieren hacer de la misma manera. 

“Los tuyos, los míos y los nuestros”: El Caso

Cuando realizaba mi doctorado en España conocí el caso de una empresa familiar multilatina, a través de los dos  hijos del primer matrimonio del fundador, de nacionalidad mexicana y su esposa colombiana. Ellos se fueron a vivir con su madre a este país después de la separación, ambos se casaron nuevamente. La nueva pareja del padre, tenía ya dos hijos de edades similares a las de ellos y de esta unión también hubo un hijo. Frente a este nuevo entorno familiar, los hijos uno de 35 y otro de 32, me buscaron para que les ayudara en la realización de un protocolo familiar que regulara las relaciones con la segunda esposa de su padre, con el hermano medio y con los hijos de ella, pues empezó a inquietarlos la cercana relación de su padre con ellos, ahora que la empresa se había constituido en un verdadero emporio.  

Lo primero que hice fue preguntarle al padre si en efecto sí le interesaba hacer un protocolo familiar, estuvo de acuerdo. Sin embargo sabía que no iba a ser fácil, porque de alguna manera él había aceptado a esa señora con sus dos hijos, estuvieron viviendo en su casa y había con ellos una relación muy cercana. El hijo menor tuvo muchas oportunidades de estar con los mayores  en España y le tenían aprecio al pequeño, en cambio nunca se facilitó la convivencia entre los hijos de la nueva esposa y los primeros. De hecho había mucho dolor, los hermanos mayores culpaban a la señora de ser la causante de la ruptura del matrimonio de su madre, con lo cual hubo una gran dificultad de aceptación con ella.

Como antecedente de esta historia, estaba ya una separación de bienes con su primera esposa en la que se le habían dado acciones a los hijos de la empresa, cuando esta era pequeña y posteriormente él había mencionado en alguna oportunidad que incluiría a su hijo menor y también a los hijos de la esposa, con lo cual ellos no estuvieron de acuerdo.

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Al conocer esta información le  pregunté si el tenia algunos vienes fuera de la empresa, inmuebles por ejemplo, pensando en dárselos a los hijos de la esposa y así evitar un conflicto mayor dentro de la empresa, me dijo que si. Entonces lo que se me ocurrió fue hacer una serie de paquetes, en uno la parte inmobiliaria, en otro las empresas, y les propuse  a los hijos de la segunda esposa que ellos se quedaran con la parte inmobiliaria y los otros con la empresa, a ninguno les gustó, querían quedarse con todo.

El padre, inicialmente empezó por las buenas, pero ante la negativa de todos, decidió subdividir la empresa en varias compañías, aprovechando que tenía operaciones en diferentes países. Esto empresarialmente fue un caos, porque los convirtió en competidores al darles la oportunidad a cada uno de gerenciar un país diferente, pero como los hijos sabían manejar el negocio y los otros no, se acrecentaron los conflictos. Finalmente los dos hijos se unieron a su hermano menor y unieron en una sola sus tres empresas, convirtiéndose en competidores de los otros.  

Cómo actuar

Cuando existe esta situación, que cada vez es más frecuente, frente al tema de la propiedad empresarial, los fundadores deben dejar claro si desean que los hijos de su nueva pareja tengan participación accionaria en la empresa, porque siempre va a ser una situación compleja de manejar. Lo primero en lo que hay que pensar es cuáles son las habilidades empresariales de esos nuevos integrantes, para que no sean las compañías las que sufran las consecuencias, como sucedió en el caso que analizamos.

El otro tema importante es la aceptación, no es fácil pero hay que esforzarse siempre en lograr una buena relación con la siguiente generación, conozco familias empresarias en las que conviven los tuyos, los míos y los nuestros como si fuera una sola familia, el ser humano es capaz de emprender y comprender lo que quiera, si se lo propone.

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Como consultor siempre he considerado  que lo primero es proteger a la familia, pero que todos los empresarios tenemos una responsabilidad social, con todos sus stakeholders: empleados, proveedores, estado, comunidad, medio ambiente y ninguno de estos actores debe verse afectado por el conflicto familiar. En el caso anterior todos salieron perjudicados, no resolver este conflicto se convierte en un equipaje muy fuerte que los padres le dejan a los hijos, cuando son ellos quienes deben dejar resuelto el tema de la propiedad.

“Lo único que no quiero es parecerme a mi padre”: El Caso

Hace algunos años tuve un alumno en la maestría de Dirección de Empresa que quería hacer un protocolo familiar y me pidió asesorarlo en la manera de abordar el tema con su padre para que en el intento no lo vetara de entrada, porque según él, su padre era autoritario, mujeriego, inculto y deshonesto. Al ver mi cara de sorpresa ante los fuertes calificativos me comentó ya lo conocerás, voy a hacer una reunión de los tres y de antemano te pido excusas por adelantado frente a lo que pueda suceder.

La reunión fue en un importante club de la ciudad, a las 9 de la mañana, el señor llegó vestido de manera informal, lo primero que hizo fue pedir una botella de whisky y desde que crucé las primeras palabras con él me di cuenta de su lenguaje inapropiado y bruscos modales. Se molestó cuando le dije que no consumía alcohol e igual ordenó que me sirvieran un trago. Me contó cómo había  hecho su empresa con modelos de contratos por fuera de la ley, el hijo se sentía tan mal que le manifestó varias veces que se callara sin lograrlo. Al final de una larga e incómoda conversación, el padre me pidió que le mandara una cotización explicándole lo que yo hacía. Por supuesto nunca la mandé y le dije al hijo: “El mejor consejo que te puedo dar es que honres a tu padre, márchate de su lado, olvídate del negocio de él, crea una empresa como debe ser, busca el dinero por tus propios medios y sé feliz. “Es que yo me siento con la responsabilidad de que mi padre cambie”, me contestó. A lo que le dije, eso no va a suceder, él sabrá lo que hace y tendrá que asumir las consecuencias de sus actos.

Cómo actuar

Muchos hijos desean formar parte de la empresa familiar, pero les cuesta trabajo aceptar la manera como sus padres han desarrollado sus negocios, más si estos no han sido éticos, como en el caso que acabo de describir. Si bien lo ideal es lograr que una empresa perdure de generación en generación, creo que cuando el fundador la ha hecho de manera no ética y además no tiene ninguna intención de aceptar errores y enderezar el camino lo mejor es no formar parte de ella. No es obligación estar con la familia cuando no tenemos sus mismos principios y valores. No se puede construir un legado con valores tan disimiles, no por eso hay que avergonzarse de los padres, hay que reconocer lo bueno que hay en ellos, no juzgarlos y estar presentes cuando  necesiten ayuda.

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