Opinión

  • | 2017/04/06 00:01

    El fin del contrato laboral

    A lo largo de la historia la forma dominante de relación laboral fue la esclavitud. El ser humano fue una cosa más durante siglos dando el derecho a su propietario de usarlo, venderlo y apropiarse de sus frutos. Esto cambia de forma importante a finales del siglo 19.

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Fueron los sindicalistas  ingleses en 1864 los que impulsan el movimiento de protesta al que luego se unen franceses e italianos impulsados por los señores Marx, y Engels creando la Asociación Internacional de Trabajadores o Primera Internacional cuyo himno reza: “!En pie, famélica legión¡, Atruena la razón en marcha: es el fin de la opresión.”

Fue el movimiento sindical, su presión y sus luchas las que modifican  en hora buena el nefasto modelo imperante hasta el momento de explotación burda que sin hacer discriminación alguna explotaba por igual y sin piedad a hombres, mujeres y niños que trabajaban de sol a sol en condiciones infrahumanas.

No soy ni mucho menos fan de aquello en lo que este movimiento terminó, ni de los extremos de los que creyeron interpretar las enseñanzas de sus fundadores. La política Leninista, la Dictadura del Proletariado y la lucha frontal contra el capitalismo marcaron una etapa sangrienta de casi un siglo que se desvía de los triunfos tempranos de estos luchadores que defendieron a muerte la suerte de millones que vivían en la explotación promoviendo un nuevo orden social.

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De toda esta etapa de lucha queda sin embargo, entre otras cosas, un contrato laboral que fue incluido en las diferentes legislaciones, ha sido revisado y modernizado para dar cabida a las diferentes formas de relación laboral que hoy existen, sin dejar de lado que la explotación y el esclavismo siguen en boga en muchas partes de nuestro aporreado y absurdo globo terráqueo.

Creo sin embargo que hay luces de esperanza que no vienen por supuesto unida al quehacer de los políticos de ambos extremos. De la mano de la tecnología se está abriendo un nuevo capítulo que poco a poco traslada el poder, de una ecuación en la que el empresario siempre tuvo las de ganar, a una en donde el talento y el individuo que lo detenta empieza a ganar más de una batalla.

Existen casos dicientes: En el futbol por ejemplo, el contrato laboral se parece más al de una transacción igualitaria (al menos en los equipos más sofisticados), en donde se le brinda el espacio de aporte de su talento, se le dan las condiciones para desarrollarlo, se le permite manejar su imagen, avalan que el poder de su marca personal patrocine productos ajenos a los de su equipo compartiendo ganancias, todo  con el fin de valorizar su pase de cara a una futura transacción en donde ambos ganen.

El sistema está lejos de ser perfecto y está muchas veces plagado de injusticia, pero al menos se reconoce al individuo y se le da espacio para un desarrollo profesional futuro. La temporalidad de su contrato pone de presente una realidad adicional: El individuo talentoso no está anclado a manejar su carrera dentro del espacio de una sola empresa. Su talento lo hace libre.

En The Alliance,  libro escrito por Casnocha y Hoffman, fundador este último de Linkedin, proponen un marco contractual similar al que hoy prima en el negocio de los grandes equipos deportivos. Los autores hacen referencia a un modelo contractual que parece estarse imponiendo en Sillicon Valley en donde hay escases, o sobre demanda de los programadores hoy a cargo de los grandes desarrollos que vienen cambiando el paisaje digital.

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Ellos defienden un modelo de contratos a término fijo en donde el individuo sepa desde el primer día el proyecto en el que va a participar, su rol, las herramientas a las que va a tener acceso, el tipo de equipo del que va a ser parte, y su compensación en un rol que está desde el inicio delimitado en el tiempo y que le da por tanto libertad de moverse una vez terminado el proyecto.

Las Holocracias, modelo organizacional  plano y sin jefes visibles que  han impuesto empresas como Zappos en USA, Semco en Brasil o Justo y Bueno en Colombia, están trasladando el poder a las personas en un esquema auto sostenible y auto dirigible en donde las normas de funcionamiento las impone el equipo y no la jerarquía.

Vamos hacia un modelo global que cada día otorga mayor poder al individuo, su marca personal, y su talento. Es un modelo que mantendrá a los mediocres siendo gobernados por las jerarquías que han gobernado a la humanidad desde siempre, pero que liberan a las estrellas del yugo de modelos patronales anacrónicos que todavía creen que el ser humano es un activo más y lo explotan como tal.

Las organizaciones que manejan estrellas, saben que de la mano de su talento llegan las exigencias, algunas absurdas producto de la inmadurez de la vedette de turno, pero otras justas y adecuadas a un talento que está 100% a disposición de un equipo al que le está entregando sus mejores años. ¡Nace la era de los Agentes Libres!

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