Opinión

  • | 2017/11/01 00:00

    Emoticones, ¿un nuevo idioma universal?

    Los emoticones han tomado un nuevo espacio lingüístico marcado por la política y el control social. ¿Qué será ahora del lenguaje?

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En medio de la cuarta revolución industrial, aquella que ha transformado nuestra forma de vivir hacia interacciones más digitales, son muchas las cosas que han cambiado y quizá una de las más importante es la forma de comunicarnos. De hecho, esta habilidad ha sido calificada por Bloomberg como una de las habilidades más escasas en el mercado, pero a la vez de las más demandadas por los reclutadores de hoy en día. Lo interesante aquí, es que con los Centennials, aquellos nacidos entre 1997 y 2004, estas habilidades son un tema para tener en la mira, pues su constante uso de redes sociales ha creado un nuevo lenguaje a través del uso de Emojis o emoticones.

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Los emoticones son aquellos símbolos, caricaturas o dibujos que se utilizan en redes sociales y en sistemas de chat para expresar emociones. Antes, estos eran usados para complementar el lenguaje, pero las nuevas generaciones cuentan con habilidades para escribir textos completos basándose exclusivamente en ellos, al mejor estilo de los jeroglíficos egipcios. La verdad es que yo consideraba que esto se trataba de una simple moda, hasta que esta semana se desencadenó en Twitter un gran debate alrededor de estas imágenes, y todo a causa de una hamburguesa. Resulta  que los emoji de hamburguesa de Google y Apple son completamente opuestos y han causado controversia pues uno tiene el queso y la lechuga encima de la carne y el otro debajo de ella. ¿Tiene sentido incluso tener estos debates?

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Lo interesante es que detrás de estos códigos gráficos existe el Consorcio Unicode, con un gobierno compuesto por IBM, Microsoft, Apple, Google, Facebook, Netflix, Oracle, y Huawei, entre otros que incluyen al Ministerio de Asuntos Religiosos de Omán. Estos miembros se reúnen durante cinco días, al mejor estilo de un consejo de seguridad de la ONU, y toman decisiones sobre los emoticones que serán creados, los cuales pasan a unos programadores y finalmente a los fabricantes que le dan su propio estilo. Aquí lo llamativo es cómo los gobiernos de cada país y las instituciones religiosas presionan para que se acepten o no ciertos tipos de imágenes que apelan a la identidad de género, la iconografía religiosa, entre otros. Por ejemplo, como resultado del último consorcio, se aceptó que este año se agregue un emoticón de una mujer alimentando.

Ciertamente el lenguaje Unicode, los GIFs y los memes se están convirtiendo en un idioma universal, del que no podemos perder vista. Esto es tan real, que en el 2015 el Diccionario Oxford denominó a la carita feliz con lágrimas como la palabra del año, al expresar que era la mejor “palabra” para comunicar el estado de ánimo y preocupaciones del momento. Una imagen habla más que mil palabras y tal vez sea momento de flexibilizar un poco las reglas comunicativas para dar espacio a nuevos elementos lingüísticos dentro de las comunicaciones formales. Lo cierto es que aquí la línea entre el bien y el mal es muy delgada, pues por un lado puede ayudarnos a comunicar mejor un sentimiento, pero por otro puede amenazar las habilidades comunicativas. Entonces mejor ni mucho que queme el santo, ni poco que no lo alumbre.

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