Opinión

  • | 2012/04/09 09:00

    El verdadero precio de los fondos de inversión para familias empresarias

    El mayor interés de los fondos de inversión no es comprar empresas familiares, sino capitalizarlas para aumentar su rentabilidad, asumir parte de su control, y finalmente venderlas a un tercero en el mediano plazo ¿Es esto lo que realmente usted desea como empresario familiar? Opinión de Gonzalo Gómez-Betancourt.

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Las Empresas familiares colombianas que presentan índices de crecimiento con estrategias bien conformadas de diferenciación, que se ubican en nichos importantes de la economía, especialmente en servicios y en productos industriales donde no hay activos muy costosos, están en la mira de ser capitalizadas y/o absorbidas por otras empresas familiares extranjeras de mayor tamaño, o por inversionistas que desean capitalizarlas con el fin de lograr al mediano plazo una rentabilidad importante.

Este fenómeno que empieza a darse en Colombia, gracias a su crecimiento económico, ya se había presentado en otros países de Latinoamérica como Argentina, Chile, México, Perú y se da como consecuencia de la volatilidad de los mercados de Estados Unidos y Europa, en los cuales los inversionistas han perdido confianza.

Un ejemplo claro es Argentina, país que durante el primer Gobierno del Presidente Menem presentó un índice de crecimiento importante, en el que las empresas familiares, se convirtieron en centro de atención de inversionistas de todas partes del mundo y ya no representan el 90% del tejido empresarial del país, como lo era antes, sino que están alrededor de un 60%. En México, viene fortaleciéndose el programa de las “gacelas mexicanas”, compañías familiares que tienen un crecimiento superior al 25% anual, cifra que se convierte en un mecanismo para atraer inversión extranjera.

¿Por qué resultan tan atractivas para los inversionistas las empresas familiares? Porque una gran mayoría tiene reconocimiento de marca, se encuentran en sectores de alto rendimiento, como el farmacéutico, petrolero o minero, sectores en los cuales tienen una tradición y conocimiento específico, sobre todo cuando se habla de ventajas comparativas del país.

En el negocio de comprar empresas familiares hay dos grupos de inversionistas interesados. El primero proviene de fondos de inversión internacionales grandes, que tienen como principal interés la rentabilidad a mediano plazo. Su objetivo es invertir en la compañía en un alto porcentaje, por encima del 30%, de tal forma que logren un lugar dentro de la Junta Directiva y puedan influir radicalmente en las decisiones de la Presidencia, para que a la vuelta de cuatro o cinco años, logren que su inversión sea cinco o hasta diez veces mayor. Otra característica de estos inversionistas es que saben muy bien que las familias siguen estando comprometidas con la compañía y sin exigencias a corto plazo de capital, por lo que su interés es generar dividendos para todos los accionistas.

Este tipo de modelo suele convertirse en un “dolor de cabeza” para las familias empresarias, debido a que no sólo pierden control de su compañías, sino que están en desacuerdo con las políticas de personal implementadas por los nuevos socios, el paternalismo se va acabando sustancialmente y lo tratan de eliminar a toda costa. A estos empresarios se les dificulta pasar de ser jefes a empleados de su compañía, para posteriormente salir del todo, pues con seguridad ésta termina vendiéndose a un tercero, que además exigirá a la familia firmar un acuerdo de no competencia por un mínimo de 5 años.

En ese orden de ideas la familia recibe una suma de dinero muy importante por su compañía, pero con frecuencia, en el largo plazo se pierde más del 50% de ese patrimonio porque la familia no sabe cómo invertir ese dinero, porque ingresa a negocios que no conoce.

Mi recomendación para las familias a quienes les llegan este tipo de inversionistas es tener claridad en qué quieren lograr como familia al iniciar este proceso de capitalización, qué quieren hacer con el dinero que van a obtener y si ese monto de dinero es suficiente para dejar su compañía en manos de terceros.

El segundo tipo de inversionistas, son aquellas compañías familiares de gran tamaño que dentro de su organización tienen negocios de inversión. Estas familias empresarias entienden muy bien a las otras de la misma categoría, entonces saben que son empresas rentables en el largo plazo y no en el corto plazo, tienen paciencia en cuanto a la cultura de las familias y un gran interés, además del económico, de poder relacionarse con familias de países latinoamericanos que presenten características interesantes, con las cuales, pueden hacer otro tipo de negocios y no solo co-invertir en la compañía familiar.

Un claro ejemplo de este tipo de empresas está en Chile con la familia Del Río, quienes como accionistas de Falabella, empezaron a traer consigo a otras familias y a hacer crecer la empresa con una inversión en otras empresas familiares. Ese es un modelo que recomendaría más a los empresarios familiares colombianos, pues son empresas con las cuales se gana mucho, pues el único interés no es la rentabilidad.

Luego de este análisis, el mensaje para los empresarios familiares es: escuche, aprenda y adáptese para que pueda dejar un legado mucho más fuerte del que dejaron generaciones anteriores, aprendiendo a compaginar la propiedad con nuevos accionistas. Es fundamental que sepa también que si sigue con el paradigma de no tener socios, su empresa no llegará a adaptarse a los tiempos modernos.


* Ph.D. – Director del Área Family Business, Inalde Business School, Universidad de La Sabana.
gonzalo.gomez@inalde.edu.co

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