Opinión

  • | 2017/02/01 00:01

    “Un traguito más”: La pieza del equipaje emocional que puede acabar con todo

    Cuando en una familia empresaria se presentan casos de alcoholismo, es usual que el problema persista en las siguientes generaciones y en algún momento afecte todo el sistema familiar y empresarial, la mezcla de negocios con alcohol es fatal.

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En esta nueva entrega del especial “Equipaje emocional de las familias empresarias” analizaremos el problema del alcoholismo, como en la mayoría de las piezas del equipaje, se oculta en lugar de discutirse y fijar correctivos, porque siempre sale a la luz en los peores momentos. En esta oportunidad lo ilustraremos con dos casos. 

Primer caso: “Un traguito más”

La presidenta de una compañía familiar en Costa Rica venía perdiendo prestigio tanto en el sector al que pertenecía la compañía, como en su misma familia, porque se “pasaba de tragos” con mucha regularidad, tanto en reuniones de negocios como en encuentros familiares. Cuando algún miembro de la familia le decía que por favor no tomara más, ella simplemente contestaba “un traguito más por favor”. Terminaba por cerrar los negocios con alcohol, al otro día no recordaba lo que había firmado. Para evitar que esto continuara sucediendo, sus hermanos y socios decidieron nombrar un gerente externo, para que fuera él quien cerrara las negociaciones y así evitar que ella dejara de hacer tonterías en público que los avergonzaban a todos.

La presidenta era sin duda una mujer arrolladora con un gran poder de convicción, tanto que empezó a invitar al gerente a tomar con ella, con lo cual se perdió la confianza del resto de la familia en él. Fue en ese momento cuando me invitaron a trabajar para ver cómo podía ayudarlos a solucionar el problema. Lo primero que les dije fue  tienen que buscar un especialista porque el alcoholismo es una enfermedad y como tal hay que tratarla en lugar de ocultarla. Al parecer ella ya había pasado por Alcohólicos Anónimos pero había vuelto a decaer, primero porque en la familia existía una predisposición al alcohol y segundo porque es una costumbre arraigada  culturalmente la de cerrar negocios con alcohol.

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Como en esta familia existía un antecedente de alcoholismo, decidimos montar una Junta Directiva con miembros externos, en la cual se estableció que tomar trago en la oficina estaba rotundamente prohibido y la norma, supuestamente venía siendo acatada por todos. Sin embargo, algunos de los socios empezaron a comentar que nuevamente se había vuelto a consumir alcohol en la oficina. Resolví pasar de manera imprevista y en efecto el gerente estaba tomando, por lo que sugerimos a la familia despedirlo y sustituir temporalmente a la presidenta, para que al no tener la responsabilidad del negocio se inscribiera en un programa de rehabilitación, decisión que finalmente aceptó. Fueron momentos difíciles para la compañía que tenía muy afectadas sus finanzas porque las negociaciones que la presidenta había cerrado en medio del alcohol le costaron a la compañía millones de dólares,  que tuvieron que pagar con muchos años de trabajo.

Cuando profundicé sobre las costumbres de esta familia, me di cuenta que se fomentaba el uso del alcohol desde muy temprana edad. Ya a los 12 años, cuando había reuniones familiares se les permitía a los niños tomarse “un tragito”. Esto también pasa en  Colombia con regularidad y la gente cree que no pasa nada, cuando importantes estudios confirman que cuando se empieza a tomar licor desde temprana edad, se crea una disposición muy fuerte.

Qué hacer

Cuando un miembro de la familia tiene problemas con el alcohol, hay que buscar mecanismos de ayuda para evitar que el conflicto pase a mayores y establecer límites. Alguno debe tener la autoridad de poner el semáforo en amarillo, si alguien se pasa de tragos. No soy especialista en el tema, pero he aprendido que hay que erradicar el alcohol de las reuniones familiares cuando existe una predisposición a consumirlo, cero tolerancia con el alcohol, porque con unos tragos de más la gente se desinhibe, pasan del amor al odio y hasta hemos visto casos en que las peleas de tragos terminan en tragedia.

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“Ellos entienden que no les puede dedicar tiempo”: Segundo caso

El tema del licor, sumado a la ausencia en el hogar de muchos fundadores con la disculpa de que están atendiendo negocios de la empresa son problemas culturales y sin duda piezas del equipaje que la gente no percibe, pero que están ahí. Para los fundadores de empresa de la década de los 70, que hoy están entre los 70 y 80 años, era usual no quedarse a dormir en la casa una que otra noche, o llegar a la madrugada porque los negocios se definían a altas horas de la noche. Los hombres hacían crecer exponencialmente sus empresas, pero eran figuras ausentes en la casa, como lo veremos en este caso.    

Una firma de consultoría en recursos humanos, operada por padre e hija empezó a tener  inconvenientes por la mala relación personal que había entre los dos, con el agravante que era tan notorio, que los empleados formaron bandos a favor y en contra de cada uno, con lo cual la finalidad de ambos era conseguir aliados.

Cuando conocí a la hija, sentí que sus decisiones estaban cargadas de emocionalidad. En las reuniones, levantaba la voz con frecuencia, todo lo que decía el padre, lo rechazaba. Al  profundizar en el problema y luego de hablar con todos los empleados, terminé por concluir que inconscientemente ella odiaba la empresa porque hacía cosas que eran muy perjudiciales para  la organización, pero nadie entendía por qué  actuaba así.

Cuando hablé más detenidamente con ella me di cuenta que tenía un problema emocional muy fuerte, generado por la ausencia del padre en su infancia, que muchas veces llegaba a la madrugada  y cuando ella le preguntaba por qué nunca estaba, siempre le decía estaba en la empresa.

Con el fin de solucionar el problema, les sugerí contratar una psicóloga sistémica para tratar de entender qué pasaba. Su diagnóstico fue que el padre siempre había visto a la hija en un segundo plano, porque para él su hijo primogénito era la empresa y  la hija a su vez lo concebía solo como un  portador de dinero. Ella trasladó a la empresa todo ese resentimiento y la veía  como su rival de una manera inconsciente.  Razón por la cual, tuvimos que pedirle que se retirara del cargo, tomara terapias y comenzara una nueva eta en su vida, lo que generó un gran impacto en la empresa.

En ese proceso de sanación se buscaron otros relacionamientos con el padre, con actividades diferentes a la laboral. Ella viajó al exterior, el padre hizo un esfuerzo grande para ir a visitarla y pasar más tiempo con ella y el resto de la familia. Después de todo este proceso,  pudo regresar con otra actitud y disposición, porque logró ser consciente del pesado equipaje familiar que llevaba a cuestas. Las cosas mejoraron sustancialmente. 

Cómo actuar

Las familias empresarias que perduran son las que han dado cantidad y calidad de tiempo a su esposa e hijos. Eso de sólo cantidad no funciona, es necesario estar presente, porque son los momentos más propicios  para trasmitir valores familiares. Al parecer, muchos siguen creyendo que es más importante hacer plata en la empresa que dedicarle tiempo a la familia. A lo largo de todos estos años como consultor de empresas de familia, también he aprendido que es difícil recuperar el tiempo perdido, pero que nunca es tarde y se pueden encontrar mecanismos como el perdón y el olvido, el reconocimiento y la reparación.  

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