Opinión

  • | 2016/11/05 00:01

    El tendero de barrio: Valioso ejemplo de “mañana le pago”

    Este importante personaje de la economía nacional tiene mucho que enseñarnos a partir de su actividad comercial y del impacto que tiene en la sociedad.

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A raíz del proceso de apertura económica en nuestro país hacia los años 90 y que se prolonga aún hoy en día, se comenzaron a presentar una serie de acciones en la escena nacional tendientes a validar esta fase de inicio de mercados que debía exhibir nuestra economía nacional en aras de “sintonizarse con el mundo exterior” y dar entrada a actores internacionales al gran juego del comercio en Colombia.

Para esa época muchos fueron los empresarios extranjeros que hicieron presencia en Colombia (aún lo hacen), pero igualmente fueron numerosos los conferencistas y consultores extranjeros que llegaron al país para efectuar un diagnóstico sobre nuestra economía y a través de su discurso legitimar la presencia extranjera de los “grandes jugadores internacionales”.

Fuente: elespaillat.com

Más concretamente y para referirme a un sector específico de la economía nacional: el comercio, algunos de esos conferencistas internacionales se atrevieron a vaticinar la desaparición de las tiendas de barrio y de las grandes centrales de abasto para darle paso a las firmas multinacionales que impondrían un nuevo esquema de distribución de productos de consumo masivo en nuestro país, tal y como sucedía en esos momentos en otros países a nivel mundial. La idea de fondo era la de incorporar a nuestra economía un modelo de comercialización de productos que fuera favorable a los intereses de las grandes superficies multinacionales e incluso a las colombianas que en su debido momento deberían buscar formas de asociación con los extranjeros.

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Pero que gran falacia sería ésta puesto que el fenómeno de las “tiendas de barrio” adquiriría cada vez más importancia en el contexto de la distribución de productos denominados de la “canasta familiar” en nuestro país, incluso hoy podemos advertir la preponderancia que presenta este medio para llegar a los consumidores finales puesto que las mismas empresas de fabricación y los grandes distribuidores en Colombia, reconocen la participación que este canal tiene en sus esquemas de distribución en el mercado (el denominado “canal tradicional” alcanza, de acuerdo a cifras oficiales y oficiosas, entre un 40 y un 60% de participación en sus ventas y es el 21% de los negocios en el país).

Existen muchas motivaciones para que este canal de distribución haya adquirido tal desempeño y su importancia esté siendo reconocida hoy en día, no sólo por parte de las empresas fabricantes sino igualmente por parte de los demás integrantes de la distribución en Colombia y del mismo Gobierno.

Cada vez más se establecen tiendas en nuestro país y ello ligado a factores económicos de subsistencia por parte de estos comerciantes o empresarios, los nuevos hábitos de consumo de los colombianos que obligan a la presencia de nuevas presentaciones y formatos (más pequeños), la distancia o localización de las tiendas en relación con el lugar de residencia de los consumidores, el nivel de servicio y conocimiento que de los clientes tienen los tenderos y el crédito o denominado “fiado” que  ellos otorgan a sus clientes o vecinos de barrio entre otros.

Formas de analizar este fenómeno

En nuestro país, a través de los años, se han realizado algunas investigaciones y estudios relacionados con la estructura de distribución de bienes y servicios, dichos estudios han incluido la actividad comercial desarrollada por el tendero de barrio pero las variables analizadas siempre han hecho referencia a su aporte económico como “eslabón” de una gran cadena de valor para hacer llegar los productos a los consumidores finales.

Ciertas especificidades del funcionamiento de la tienda de barrio y las distintas relaciones sociales y económicas que desarrolla el tendero con los distintos actores de esta actividad, han sido escasamente analizadas, excepto estudios valiosos relacionados con la tienda como un espacio de reforzamiento cultural del consumidor en los que se analizan las relaciones de los consumidores con su tienda en determinadas regiones del país.

Todas estas razones me llevan a pensar que es importante analizar esta figura de comercio bajo otro punto de vista distinto al netamente “económico” que se ha manejado de manera tradicional. Para esto quiero referirme básicamente a dos aspectos inherentes al desarrollo de esta actividad comercial en nuestro país: el lugar de encuentro de los habitantes de un barrio en que se convierte la tienda y el aspecto del crédito que se otorga a los clientes de la misma por parte del tendero.

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La tienda de barrio es el “epicentro” de la vida social del barrio y un referente de todas las actividades que se llevan a cabo en la comunidad. Es un lugar en el que se discuten muchos asuntos personales por parte del vecindario pero al mismo tiempo se analiza la problemática del país y del mundo.

El tendero se convierte en ocasiones en el líder del barrio para muchos aspectos que necesitan tener un coordinador encargado, incluso actividades de repercusión social y ambiental esencialmente, el vocero de distintas causas comunitarias, etc. ¿Es posible encontrar este tipo de relaciones con el personal comercial de las grandes superficies? ¿Existe cierto ambiente social, de convivencia y de diálogo en los grandes supermercados e hipermercados de las ciudades?

Ahora bien, respecto al crédito que otorga el tendero a sus clientes por el mero hecho de que los vecinos “viven en la cuadra”, o se les conoce desde “hace años” o que de alguna manera este comerciante vende con ciertas condiciones diferentes a otros distribuidores y que en cierta forma puede realizar el “fiado” para poder ayudar a sus vecinos, es otro aspecto valioso a considerar en esta actividad. 

¿Es posible encontrar en las grandes superficies este tipo de microcrédito o financiación sin ningún tipo de interés? ¿Cómo es el esquema de crédito que procuran los grandes distribuidores o los mismos fabricantes al tendero como empresario? ¿Es posible que él pueda trasladar algunos de los beneficios que se le otorgan (si es que los tiene) a los consumidores finales y poder seguir sacando adelante su negocio?

Estos dos simples aspectos mencionados me hacen reflexionar acerca de la importancia de una actividad comercial como la del tendero y procurar efectuar un análisis más profundo de la misma desde el punto de vista sociológico, cultural y económico. Sociológico teniendo en cuenta el grado de reconocimiento de su actividad en una comunidad, la identidad de esta profesión u oficio y el impacto en las relaciones con las demás personas. Económico no desde un punto de vista macro sino más bien desde el punto de vista de un análisis micro que involucre las condiciones de financiamiento que este comerciante procura a sus clientes para garantizar las relaciones comerciales a largo plazo con los mismos.

¿No encontramos incluso en nuestro medio, acciones “comerciales” emprendidas por el sistema financiero y de distribución minorista colombiano y que apuntan a hacer de los tenderos ubicados en las regiones más recónditas de nuestra geografía, los “banqueros del pueblo”, “corresponsales” o “aliados”, involucrándolos de esta manera dentro de su propia “cadena de valor” y efectuando así una integración competitiva en su negocio?

En mi opinión, el fenómeno de la tienda de barrio y del tendero merece ser estudiado desde los puntos de vista que anoto (entre otros tantos) y que se tengan en cuenta las especificidades de esta figura de comerciante y no sólo desde el punto de vista de los grandes actores económicos en nuestro país.

La tienda de barrio no es un “eslabón” más dentro del esquema de distribución de productos de consumo masivo en Colombia, el canal presenta particularidades esencialmente culturales que le brindan elementos sólidos para garantizar la existencia de una actividad, profesión u oficio digno de ser desempeñado por cualquier ciudadano y para el que se debe contar con preparación y constituirse por esa vía como una manera digna, efectiva y profesional de generar ingresos para el sustento de las familias colombianas, contribuyendo de tal suerte al desarrollo económico nacional.

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