Opinión

  • | 2017/07/15 00:00

    El siguiente paso en infraestructura

    Ahora que varios proyectos de infraestructura avanzan en su construcción y algunos se acercan más a la etapa operativa, también se acerca el momento de crear nuevos instrumentos financieros para la financiación de largo plazo.

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El programa de infraestructura avanza de manera estable y luego de la coyuntura presentada en relación con los riesgos de financiamiento que se presentaron a causa del escándalo de Odebrecht, la mayoría de proyectos que fueron adjudicados en 2015 y 2016 avanzan en su etapa de construcción, de hecho, la construcción de obras civiles se ha mantenido y contribuido a que la economía mantenga el ritmo, aunque lento, del crecimiento económico.

Varios de los proyectos de la iniciativa 4G llevan avances de más del 50%, eso quiere decir que pronto entrarán en operación, lo que significa que los riesgos asociados a la construcción habrán desaparecido, o al menos, casi que mitigado por completo. Una vez que los proyectos entren en operación la matriz de riesgos cambia sustancialmente y se pasa de riesgos asociados a la gestión predial y ambiental, técnicos y de construcción, hacia otros riesgos más fáciles de gestionar y por lo tanto más baratos de cubrir. En la etapa operativa los riesgos se concentran en la demanda o uso de las vías, y por consiguiente el cobro de peajes, y en que los gastos de mantenimiento sean bajos, ambas cosas son las que permiten que existan flujos de caja suficientes para pagar las inversiones ejecutadas en los proyectos.

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Sin duda el riesgo en la etapa operativa es menor, igual que las necesidades de caja que exige cada proyecto, sin embargo, es de mucha mayor duración que la fase de construcción. Mientras la construcción tarda entre 2 y 4 años, se espera que la etapa de operación y mantenimiento en un contrato de APP dure entre 10 y máximo 20 años, tiempo durante el cual los socios privados tendrán que recuperar sus inversiones, pagar las deudas adquiridas para financiar la construcción, y obtener la rentabilidad que esperaban.

Como la etapa de operación es de una duración prolongada a bajo riesgo, los proyectos que ingresen a esa fase pueden realizar emisiones de bonos que ofrezcan una rentabilidad atractiva para inversionistas de largo plazo, pero que en todo caso es menor a la tasa de interés que pueden obtener en créditos bancarios tradicionales.

Lo primero que hay que saber es que existe suficiente dinero por parte de inversionista a largo plazo como, fondos de pensiones, aseguradoras, fondos de inversión colectiva, y varios fondos de capital privado. Esas fuentes en conjunto están administrando más de $300 billones, obviamente no pueden poner todo su dinero en un mismo sector, pero si una porción interesante en infraestructura.

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Lo siguiente es que ya existe regulación financiera para facilitar emisiones de deuda, en el primer y segundo mercado, este último permite hacer emisiones de deuda con mayor flexibilidad puesto que no exige que las emisiones tengan calificación de riesgos, ni que el emisor tenga implementados códigos de gobierno corporativo, y su inscripción en el registro público de valores es automática, además están dirigidas a inversionistas institucionales catalogados típicamente como inversionistas profesionales, esas características disminuyen los costos de emisión y administración.

Por otra parte, se puede trabajar en ajustar la regulación para permitir que los activos financieros emitidos por proyectos de infraestructura que están en fase operativa, tengan una categorización diferente que evidencie el menor riesgo que significan dentro de los portafolios. Hoy en día los fondos de pensiones tienen más de $15 billones en activos relacionados con la infraestructura, la mayoría de proyectos son del sector eléctrico y están en etapa de operación, permitir recategorizar esos activos liberará recursos para ser reinvertidos en proyectos en fase de construcción.

Finalmente, es posible mejorar el perfil de riesgos de bonos de infraestructura emitidos en el segundo mercado, a través del desarrollo o movilización de garantías desde los bancos de segundo piso con los que cuenta el Estado, o desde la Banca Multilateral, lo que puede convertir este tipo de instrumentos en activos atractivos, tanto para los inversionistas institucionales locales, como para inversionistas extranjeros. Eso abriría las opciones para un siguiente instrumento más sofisticado que tenga vencimiento en dos etapas – construcción y operación – y cupón diferente en cada una pero que a su vez despierte el interés por financiar los proyectos desde la etapa de construcción.

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