Opinión

  • | 2016/07/30 00:01

    El pulso económico colombiano

    Las alertas sobre la calificación de riesgo del país muestran que se materializaron las advertencias hechas por las mismas calificadoras desde finales de 2014.

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Las advertencias hechas sobre los indicadores económicos clave del país vienen de tiempo atrás, no son nuevas y han estado relacionadas a dos aspectos. Por un lado, al déficit de la cuenta corriente y al déficit fiscal del Gobierno Nacional. Por el otro lado a la excesiva dependencia del sector petrolero para atraer inversión extranjera directa, acceder a divisas por sus exportaciones y obtener ingresos por regalías, impuestos y dividendos.

Con la inversión que aterrizaba en el sector minero energético se estaba financiando parte del déficit corriente, mientras que las exportaciones de crudo ayudaban a contener el déficit comercial y los ingresos por regalías, impuestos y dividendos financiaban el gasto del Gobierno, con la debilidad siempre subrayada por las agencias de calificación y otros analistas que todo tenía que ver con el sector extractivo, por lo que un cambio desfavorable en ese sector o en el panorama externo iba a traer problemas.

Con el cambio en el ciclo de precios del petróleo los ingresos por exportaciones, inversión y renta petrolera disminuyeron dramáticamente dejando un hueco difícil de rellenar en las arcas estatales para continuar el ritmo de gasto, en la cuenta corriente para seguir financiándola y en la balanza comercial. Se supone que el ajuste que hasta ahora ha sido organizado debería contener las presiones en la cuenta corriente, en el déficit fiscal y la balanza comercial, pero el ajuste no se ha presentado del todo parejo y empiezan a haber problemas.

El primer movimiento de ajuste fue visto en la depreciación del peso frente al dólar que pasó de niveles de $1.800 hasta $3.400 iniciando este año. Con esa depreciación del 80% lo que debió pasar fue un frenazo en las importaciones y su reemplazo con producción nacional, mientras que las exportaciones no tradicionales debieron haber repuntado. Eso no ha sucedido y mientras el valor de las exportaciones de enero a mayo de este año es 28% menor frente a igual periodo del año pasado, las importaciones solo han caído 22%, llama la atención que las exportaciones de manufacturas cayeron 14%. En cambio el alza del dólar presionó la inflación.

El segundo movimiento fue la reducción de los ingresos de la renta petrolera y el incremento de las tasas de interés por parte del Banrep, eso debió disminuir el gasto de las empresas, el gobierno y el consumo de los hogares y contener el déficit corriente. Esto hasta ahora empieza a darse con las empresas que hasta mayo habían comprado menos maquinaria y equipo de transporte, pero no con los hogares pues las importaciones de alimentos solo cayeron 4%, tampoco con el Gobierno que ha tratado de mantener con el gasto y las inversiones en 4G el ritmo de crecimiento. Sobre este punto el BanRep ha llamado la atención del ejecutivo en colaborar con la asignación del gasto para facilitar el ajuste del déficit externo.

El pulso de la economía está entre hacer un ajuste ordenado a las nuevas condiciones, manteniendo el ritmo de crecimiento económico mientras se lucha por contener la inflación. Para lograrlo hay que corregir los déficits en la cuenta corriente y fiscal que bajo el criterio de las firmas calificadoras son las principales vulnerabilidades del país, porque mantener el grado de inversión está prácticamente condicionado a corregir el déficit cumpliendo estrictamente la regla fiscal. El grado de inversión se ha vuelto crucial porque con la inversión de portafolio se está financiando una parte importante del déficit corriente, si es rebajada la calificación el peso se depreciará más frente al dólar y saldrían al menos unos US$12.000 millones que es el monto que ingresó cuando JP Morgan incluyó a la deuda colombiana en sus índices luego de haber obtenido el grado de inversión.

No queda más que buscar una salida con soluciones combinadas, de más recortes en el gasto de funcionamiento y también de inversión, hacer operaciones de financiamiento anticipado ojalá en moneda local, más recaudo tributario y flexibilización de la regla fiscal que bajo la situación actual es como nadar con una camisa de fuerza puesta. No se puede solo con reducción del gasto y más impuesto porque eso solo contrae la economía, le toca al gobierno hacer “reflexión inteligente” y aprender las lecciones de no haber acumulado más reservas internacionales ni haber desarrollado otros sectores económicos.

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