Opinión

  • | 2017/01/27 00:00

    El puesto de trabajo no es el trabajo

    Cuando un profesional hace muy bien sus labores, es una demostración evidente de que tiene un propósito definido.

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Los empleados con “alto potencial” triunfan a lo grande porque las empresas apoyan a los ganadores. Sí, así es, las empresas se identifican con los mejores: con los más ingeniosos, con los más innovadores, con los que más venden, con los más premiados, con los más algo. A todo el mundo le encanta sentirse cerca de aquellos que ocupan las butacas de primera fila.

Todos se vinculan emocionalmente a lo que tiene buena fama, pues la buena fama vende y produce un efecto de “bola de nieve”, que suele tener beneficios exponenciales en los directos responsables y como consecuencia, en la cuenta de resultados.

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Triunfar a lo grande significa alcanzar propósitos y acciones con factores diferenciadores a lo estándar, cotidiano y habitual. El éxito es sinónimo de diferenciación y ser diferente implica posicionarse, o sea ser reconocido por los demás, y cuando eso ocurre puede que a los empleados comunes no les guste, pues perfecto, porque el adoptar una postura conservadora para no incomodar puede ser la peor decisión para un profesional, es como nadar en tierra de nadie.

Si vivimos en el supuesto de: “no molestar”, es sencillo, al no molestar, no incomodamos, si no incomodamos nadie nos critica, si no hay críticas no somos suficientemente buenos y pasaremos desapercibidos para la empresa.

“Ser diferente no se consigue pidiendo permiso sino pidiendo disculpas después”

Al ser humano le cuesta una barbaridad tratar de ser diferente, dejar la comodidad de lo habitual y hacer las cosas de otra manera, aunque esto suponga una mejora. El abandonar el piloto automático y entrar en una zona desconocida nos pone a la defensiva, entre otras cosas porque provoca una cierta tensión ante lo nuevo, que no es para nada fácil de asimilar. Es por esa razón que muchas veces los empleados “triunfadores” están obligados a actuar sin permiso, arrastrando a todos los que por sí mismos no hubiesen tenido el valor de ir a ese lugar de triunfo. Ya luego, si hay que pedir disculpas, se piden.

Los ganadores no ponen a disposición del destino su buena suerte, no contemplan nunca esa opción, pues es como poner el desarrollo en manos de las circunstancias, circunstancias que, por otro lado, pueden no aparecer. Los ganadores tienen claro lo que quieren y buscan inalcanzablemente todos los caminos para llegar allí donde se propusieron llegar y se ponen en marcha provocando que las cosas ocurran. Y si el viento sopla a favor, excelente, si sopla en contra, enderezan las velas para seguir navegando de la mejor forma hacia el puerto que añoran. Sin desistir.

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Lo más fácil es reaccionar y responder, pero lo verdaderamente difícil es iniciar.

Es decir, el verdadero éxito solo está al alcance de aquellos que son capaces de ir un paso por delante, es eso lo que distingue a los auténticos innovadores. Y por supuesto que tienen el riesgo de fallar y equivocarse, pero cuando se arriesga hay dos opciones se falla o se acierta, pero acá está el secreto y es que los “ganadores” continúan y pasan por encima de quienes se dan por vencidos. Y la frecuencia de esta situación es tanto mayor cuando más difíciles son los retos, la cuestión es perseverar cuando los demás han desistido.

No son muchos los que tienen resistencia emocional y paciencia suficiente para continuar trabajando duro cuando la cosecha no es buena, la gran mayoría abandona el reto y va despejando el camino para aquellos que siguen en la lucha, que por supuesto son los que al final logran los resultados.

“El mejor momento era el año pasado, el segundo mejor momento es ahora”

Hay rasgos que definen a los mejores: velocidad de reacción, agilidad de respuesta y rapidez en la ejecución. Hay que actuar a pesar del miedo, de los inconvenientes, a pesar de todo. Muchas personas se ven obligadas a declinar por reaccionar demasiado tarde, cuando se dan cuenta de lo que se les viene encima ya no hay margen de maniobra.

Con todo lo antes expuesto, quisiera reiterar que un puesto de trabajo no es el trabajo, lo que tiene un propósito y un objetivo claro es el trabajo. Un gran profesional no está determinado por lo que diga su tarjeta de presentación, eso es algo anecdótico, uno es realmente aquello a lo que le pone energía y compromiso, pues ahí es donde existe la oportunidad de marcar la diferencia y de hacer una contribución que la empresa pueda reconocer.

Esa vocación (pasión) es la que hay que escuchar para darle forma y ponerla en un empaque tan atractivo que la organización no se resista a ponerle un gran valor y finalmente la compre. Esa es realmente la oportunidad de dejar una huella imborrable.

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