Opinión

  • | 2016/07/27 00:01

    El postconflicto para los que no somos ni santistas ni uribistas

    Es difícil prever cómo será el futuro del postconflicto para quienes no tenemos la emocionalidad y posiciones antagónicas de santistas y uribistas. Aquí un análisis frío de lo que puede suceder, tratando de orientar a los colombianos que sentimos la necesidad de votar responsablemente en el plebiscito por la paz.

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Dada la dificultad de conocer en todo su contexto el acuerdo de paz, la mayoría de los colombianos estamos “jugando” a las predicciones y muchas de ellas basadas en el poco conocimiento que tenemos del acuerdo. Por un lado tenemos a los santistas que están haciendo predicciones sobre algo que ellos conocen pero que no comparten al resto de los colombianos y por el otro lado los uribistas que hacen predicciones por aquello que averiguan con sus amigos del gobierno y sus influencias generando más polarización en el país.

Cuánto desearíamos tener la información relevante hoy sobre todos los acuerdos finales del Proceso de Paz, pero no nos queda otra salida de arriesgarnos a cometer el mismo error, pero visto desde una posición intermedia. Si los colombianos diéramos el Sí en el referéndum por la Paz y logramos entrar en una etapa de postconflicto, es importante tener en cuenta que este no es un proceso nuevo ni en Colombia ni en el mundo.

Empezamos con el movimiento M-19, luego el Quintín Lam, hemos sido testigos de los acuerdos en otros países, como los logrados en el Salvador, Guatemala, Nicaragua, Angola, Filipinas, Irlanda, Nepal, Ruanda y  Sur África. Esas experiencias sumadas a la participación de otros países, nos permiten predecir que sí es posible lograr acuerdos con garantía y validez en su proceso.  

Hay ocho temas  sobre los que es conveniente reflexionar: El primero será la justicia y la reparación de las víctimas; el segundo la actividad a la que se van a dedicar los exguerrilleros; el tercero su participación en política; el cuarto la financiación del postconflicto; el quinto la inversión social en las regiones; el sexto el desminado del país; el séptimo la dejación de armas y el octavo  la participación de las instituciones internacionales o facilitadores.

El tema más álgido es cómo se va a manejar la justicia. Con seguridad tendrá muchos tropiezos, el primero es la dificultad de entender cómo operará la Jurisdicción Especial de Paz. Al ser algo nuevo y de carácter transitorio tendrá que contar con jueces nombrados de manera especial, porque se corre el riesgo de que queden en la  impunidad delitos atroces.

Muchos piensan que se van a escoger jueces A Doc con pensamiento de izquierda para favorecer a los guerrilleros, mientras otros sí confían en que se van a escoger jueces que manejen la justicia de manera discrecional y objetiva. Sin duda va a haber mucha dificultad porque el mecanismo para nombrar estos jueces no lo conocemos aún y las predicciones se hacen a partir de la especulación, los uribistas, por ejemplo sostienen que no se van a juzgar los delitos de lesa humanidad y los santistas confían en que sí. En mi criterio, Colombia siempre ha dado ejemplo de institucionalidad y confío en que las personas responsables hagan lo correcto y estoy seguro de que habrán dificultades pero estoy dispuesto a pasar por ellas, porque es el proceso que se ha vivido en otros países.   

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Sobre justicia y reparación es vital la intervención de los organismos internacionales para darle transparencia al proceso. Lo que hemos aprendido de países como Suráfrica es que son procesos que duran años por la cantidad de personas involucradas que se van a juzgar. Reparar primero con la verdad es importante por la innumerable cantidad de víctimas, para lo cual es necesario aprender a perdonar y a reparar. Lo interesante es que se va a escuchar a todos los involucrados  y esperamos que haya procesos justos para que las personas puedan reincorporarse a una vida civil. De  la misma manera quienes no digan la verdad tendrán que pagar muchos años de cárcel y quienes la digan y reparen a las víctimas tendrán derecho a la amnistía. Creo que todo este proceso puede tardar unos  10  años o más.

Las mayores preocupaciones van encaminadas a los casos juzgados, porque no se puede volver a juzgar. Los negociadores dicen que se pueden revisar los juicios y puede haber apelaciones. Frente a esta situación es posible prever que muchos delincuentes van a querer “colarse” como es el caso de las bacrim, narcotraficantes dedicados a la delincuencia común que nada tienen que ver en este proceso. Es deber del gobierno Santos garantizar no solo que no se permitirá de ninguna manera sino que deben combatirse con mayor fuerza.   

Mi predicción es que se presentarán dificultades entre las cortes de la justicia ordinaria y de la justicia especial de paz, pero con la intervención de asesores internacionales llegarán al entendimiento entre los dos entes que estarán impartiendo justicia. Vamos a tener gente que no va a decir toda la verdad, gente que no va a ser reparada como uno quisiera,  gente que estuvo en el conflicto y no va a pasar por la corte, como gente que no estuvo y va a pasar por allí.  Suena duro, pero eso es lo que ha pasado en otros procesos. Ojalá no pase y lo que deseamos todos por parte de los países garantes del proceso es que sean ellos quienes estén atentos a que la justicia especial de paz cuente con jueces con las competencias y habilidades necesarias, seleccionados por méritos y sin tintes políticos.

La dejación de armas es otro de los temas más espinosos porque aún no es claro si las Farc van a dejar las armas o las van a entregar, porque en caso de una ruptura del proceso, ¿es posible que vuelvan y las tomen? Lo que ha pasado en otros procesos de paz internacionales es que esas armas se entregan en unos periodos de tiempo establecidos, porque así  como nosotros no confiamos en ellos, ellos tampoco confían en nosotros. Lo que sé es que indudablemente no se va a hacer control de todas las armas, mejor es no ser ingenuo, algún  exguerrillero quedará con un revolver en sus manos para protegerse a sí mismo.   

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La participación política es uno de los temas con mayor oposición, aunque resulta poco comprensible cuando históricamente, tras los procesos de amnistía ha sido posible  la participación de muchos exguerrilleros, como Antonio Navarro Wolf quien ha sido congresista y gobernador, Gustavo Petro Senador y Alcalde, ambos por votación popular. Internacionalmente el caso más relevante sin duda es el de José Mojica, exguerrillero que luego de pagar cárcel durante 14 años, gracias a una amnistía de delitos políticos se hizo candidato del Movimiento de Participación Popular y se convirtió en Presidente de Uruguay. Como ha pasado con todos los puntos del acuerdo, aún no conocemos a ciencia cierta si se les van a garantizar puestos en el congreso o de qué manera será la participación.

Mi predicción es que algunos terminarán tarde o temprano en el Congreso, gracias a que en la Justicia Especial de Paz, aquellos que hayan contado toda la verdad de lo sucedido y se hayan juzgado, podrán participar en política, esta es la amnistía, si no pudieran participar no habría un incentivo en dejar las armas. La verdad es que particularmente prefiero a los guerrilleros sentados en el Congreso que disparando en el monte. Si veo unas Farc organizándose en su corriente política y es mejor que sea así, porque de lo contrario se corre el riesgo de que regresen a la insurgencia.

Frente a estos tres primeros temas que acabo de plantear, los restantes puntos del acuerdo por cuestiones de espacio los analizaré en la próxima columna, concluyo que la implementación de estos acuerdos va a ser muy compleja pero que es absolutamente necesaria para tener el país que queremos.

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El papel de los empresarios es fundamental y su mayor apoyo es brindando posibilidades de trabajo a exguerrilleros, especialmente en las regiones más apartadas del país. Sé de muchos empresarios del sector agroindustrial que están pensando contratar exguerrilleros para poder desarrollar negocios en esas zonas inexploradas, que ahora sí podrían ser productivas. En todas esas regiones mi predicción es la posibilidad de desarrollar grandes negocios, con la ayuda de inversión extranjera que estará atenta a estos acuerdos. La paz sin trabajo no es posible, abramos las puertas de nuestras empresas para que pueda ser una realidad el sueño de la reconciliación.

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