Opinión

  • | 2016/08/25 00:01

    El poder devastador y destructor de la estupidez

    “Si perseguir la desventaja después de que ésta se ha hecho obvia resulta irracional, entonces el rechazo de la razón es la primera característica de la locura” – Barbara Tuchman.

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Barbara Tuchman, la gran historiadora estadounidense escribió entre otras su obra “La Marcha de la Locura”, que bien pudiera hacer referencia a las homofóbicas marchas contra Gina y sus cartillas, pero no, es un libro de 1984 que habla en términos generales de la insensatez de nuestros Gobernantes a lo largo de la historia para refrendar su teoría de que  en cuestiones de gobierno la humanidad ha demostrado peor desempeño que en cualquier otra de las actividades humanas.

Tuchman recoge una gran infinidad de pasajes de la historia, desde el caballo de Troya hasta  Moctezuma (que vaina pero ambas historias se me parecen al proceso de paz) para demostrar cómo, desafortunadamente, la historia de la humanidad en cuanto a sus Gobiernos se refiere es, en general con pocas excepciones, la historia de las políticas contrarias al propio interés (de los electores, del gobierno, del Estado). Su obra revisa las cuatro causas de mal gobierno: 1- Tiranía u opresión; 2- Ambición excesiva; 3-incompetencia o decadencia; e 4-insensatez o perversidad.

Hay un quinto elemento sin embargo, el de la estupidez, que se escapa al análisis de Tuchman, pero que es desarrollado con maestría  por el filósofo e historiador italiano Carlo Maria Cipolla. En su Teoría de la Estupidez (tienen que leérsela es magistral), Cipolla le otorga a la estupidez coordinada, un efecto mayor y más perverso que el de la mafia por ejemplo, como quiera que los estúpidos logran, sin un líder claro y sin reglamentaciones, un efecto coordinado de una potencia inmanejable.

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Su teoría califica al género humano en cuatro grupos, dependiendo de dos variables que los determinan: 1. Los beneficios y pérdidas que un individuo  se causa a sí mismo y 2-Los beneficios y pérdidas que un individuo causa a los demás. Estas dos variables conforman cuatro tipos de individuos:

  • Desgraciado: Alguien cuyas acciones tienden a generar auto daño, pero que también crean ventajas para alguien más.
  • Inteligente: Alguien cuyas acciones tienden a generarle ventajas, al igual que ventajas para otros.
  • Bandido: Alguien cuyas acciones tienden a generarle ventajas, al mismo tiempo que ocasionan daños a otros.
  • Estúpido: Alguien cuyas acciones tienen a generar auto daño ocasionando además daño a otros.

Lo interesante de Cippolla sin embargo no es la clasificación en sí misma, son las cinco leyes que de estas se derivan:

PRIMERA LEY: Siempre subestimamos el número de gente estúpida.

Esto no es tan obvio como parece, dice Cipolla, por dos motivos: a) gentes que habíamos pensado como racionales e inteligentes repentinamente resultan ser estúpidas sin lugar a dudas. b) día tras día nosotros estamos afectados en cualquier cosa que hagamos por gente estúpida quienes invariablemente se aparecen en los lugares menos apropiados. Agrega  que es imposible establecer un porcentaje, ya que cualquier número que escojamos será demasiado pequeño.

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SEGUNDA LEY: La probabilidad de que una persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la persona, es decir de su nivel de educación, de su oficio, de su género, de su raza.

TERCERA LEY (Su Ley  de Oro): Una persona estúpida es alguien que ocasiona daño a otra persona, o a un grupo de gente, sin conseguir ventajas para ella misma –o aun resultando dañada. Esta ley tiene particular importancia cuando Cipolla explica la relación entre Estupidez y Poder. Si dejamos de lado el infortunio hereditario del gen de la estupidez a que hace relación el autor, el problema grave es cuando el estúpido tiene acceso al poder y por lo tanto a que sus acciones ya no causen daños puntuales, sino al contrario daños que afectan a toda una comunidad, a veces a generaciones enteras. El tema de acceso al poder que antes estaba definido por clases y castas, con los riesgos implícitos por vía hereditaria del gen de la estupidez (los que aquí llamamos delfines), en la era moderna fue remplazada por los partidos políticos y la “democracia” que logra el mismo efecto según Cipolla por la vía del acceso al voto de un porcentaje no menor de gente estúpida.

CUARTA LEY: La gente no estúpida siempre subestima el poder de causar daño de la gente estúpida. Hace aquí un análisis extenso de los efectos macroeconómicos de la estupidez.

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QUINTA LEY: Una persona estúpida es la persona más peligrosa que puede existir. La razón de esto es que a diferencia del bandido, las acciones y por lo tanto los resultados del estúpido son totalmente impredecibles destruyendo por completo la capacidad del resto de la humanidad para planear la defensa.

La lectura de las dos obras, la de Tuchman y la de Cipolla, creo, sinceramente, deberían ser obligadas ahora que pareciera los Colombianos definimos nuestro futuro. No sea que la historia nos cobre pronto a todos, el haber actuado en el mejor de los casos con locos, o peor, como estúpidos.  

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