Opinión

  • | 2016/05/04 00:01

    El poder de los milénicos, ¿cómo liderar a esta generación?

    Este nuevo especial se lo dedicamos a los empresarios y directivos que tienen el reto de liderar equipos de trabajo que incluyen milénicos y que durante el ejercicio han terminado frustrados en el intento.

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El poder de los milénicos - alternativa en español al anglicismo millennial, término que hace referencia a las personas pertenecientes a la llamada generación ‘Y‘- quedó más que evidenciada la semana pasada en la Feria del libro cuando el youtuber chileno Germán Garmendia y su  libro #chupa el perro, así como suena, no solo acaparó la atención de los asistentes a la Feria del Libro, sino que semejante texto lleno de banalidades, se convirtió en pocas horas en el más vendido, pasando por encima de todas las novedades editoriales de reconocidos escritores.  

Sin duda, el gran poder de esta generación, que parece estar devorándose el mundo, está en su forma directa de comunicarse, de dominar la tecnología, de vencer las barreras del idioma, de ganar dinero y por supuesto de hacer grandes negocios de manera totalmente distinta a los que superamos los 40 años. El fenómeno descrito, más las experiencias relacionadas con el tema como investigador, profesor y directivo, me motivaron a iniciar este especial de 10 entregas en las cuales el objetivo es analizar cómo y por qué esta generación ha transformado el esquema tradicional de trabajo y de consumo y de qué manera debemos empezar a liderar a los milénicos porque o nos adaptamos a trabajar con ellos, o empezamos a morir como empresarios. Así nos duela esa es la verdad.   

La primera vez que, como directivo, sentí esa desazón descrita por muchos de los asistentes a la Feria del Libro fue hace unos tres años cuando visité una agencia de publicidad que tenía interés en contratarme como asesor porque querían hacer un protocolo de socios. Mi cita era con el gerente general. Desde el momento en que ingresé a la empresa me sentí en “Neverland”, en la fantástica tierra de nunca jamás, un universo totalmente diferente al que suelo moverme. Había gente caminando de un lado para otro, oficinas abiertas, colores extravagantes, gente durmiendo en un sofá, otros escuchando música y otros literalmente mirando para el techo. Desde el mismo diseño de las oficinas hasta la forma de hablar de todos los que allí estaban chocaban frontalmente con mi forma de ser.

Cuando ingresé no había nadie en la recepción, tardé varios minutos en entender cómo se anunciaba uno, hasta que vi una pantalla que tenía escrito: "¿A quién vienes a visitar?"  y una selección múltiple en la que digité "Gerente General". De inmediato apareció en la misma pantalla: “Bienvenido Gonzalo Gómez, ya van por ti”. Llegó una persona joven, vestida de manera casual y me dijo: "ya te atienden". Acto seguido, llegó el gerente, a lo sumo 32 años, en camisa, sin saco ni corbata y se presentó: “Hola Gonzalo, soy Carlos el encargado de la compañía”. Me pareció curioso que no se identificara con su cargo. Le pregunté cómo funcionaba la organización y me explicó que había sido creada entre amigos de la universidad y su principal labor era la de hacerle a las empresas presentaciones novedosas a partir de nuevas tecnologías, especialmente hologramas.

Con el fin de saber cómo podría asesorarlos, le pregunté por el organigrama de la empresa a lo que respondió que no tenían porque trabajaban por proyectos de acuerdo a sus preferencias y quien le interesaba se afiliaba hasta conformar un equipo. Desde su IPad se conectó y me mostró en pantalla grande todo lo que hacían a nivel mundial. Trabajaban en línea con gente de muchos países, tenían equipos flotantes, la mayoría eran mal hablados, mal trajeados pero eran vendedores cien por ciento y muy profesionales en lo que hacían.  

Ese día no obtuve el contrato. Reflexionando ahora, ¿qué me pasó? Creo que no tuve una conexión inmediata con ellos, en mi criterio, al ver el desorden con que trabajan estos jóvenes emprendedores los empecé a juzgar en vez de ser empático. Las palabras que usé, normales para mi generación, les sonaron distantes y displicentes y las asumieron como un cuestionamiento hacia su labor. Ahora me arrepiento ya que hubiera podido ser una experiencia espectacular para aprender a trabajar con esta generación, sin embargo, ni estaba consciente ni preparado para la convivencia generacional con los milénicos.

Para empezar a adaptarnos al cambio es bueno describirlos. Los milénicos están entre los 20 y 35 años, representan el 30% de la población y según una proyección de la consultora Deloitte, en 2025, representarán el 75% de la fuerza laboral del mundo. Son, por tanto, la futura generación de consumidores y usuarios, son creativos, habilidosos, digitales cien por ciento,  multipantalla y multitarea, porque con destreza utilizan al mismo tiempo el IPad, el smartphone y el computador, son APP adictos, para todo encuentran una aplicación, la TV poco les interesa, solo el 49% la usa porque el 51% ve series por el computador.

Son sociales por la red pero poco comunicativos con quienes no pertenecen a su generación. Críticos y exigentes con todo lo que hacen, consultan, comparan, comentan, son amigos del medio ambiente, de las causas sociales, les encanta trabajar en grupo preferiblemente con gente de su edad y con un líder, no con un jefe. 

Quienes consideran que este es el futuro, ya está aquí y llegó para quedarse. Después de hacer largas reflexiones sobre el fenómeno, quiero compartir con quienes como yo nos sentimos frustrados al querer liderar estos nuevos equipos de trabajo bajo las directrices que aprendimos en la dirección de empresas, partiendo de conceptos basados en el mando, la jerarquía y la disciplina.

La generación de los "baby boomer" y los de la "generación X", a la que pertenezco, teníamos cuatro temas básicos para dirigir personas: un contrato de vinculación con fuertes restricciones, un control de las actividades desarrolladas, un organigrama y un director o jefe. Esto versus lo de hoy. Por lo general no hay contratos estrictos, los salarios se definen por el tipo de proyecto que desarrollan, la disciplina no está enfocada en llegar a una hora específica e irse, sino en cumplir unas metas. Más que jerarquías hay líderes de equipo, que incluso son seleccionados por ellos mismos mediante votación interna de las mayorías.

De tal manera que a partir de la próxima columna en este espacio de Dinero.com deseo que reflexionemos sobre estos temas que considero fundamentales en el proceso de aprender a liderar milénicos, lo primero es entenderlos, conocer sus motivaciones, qué los atrae para trabajar en nuestras empresas, cómo retenerlos, cómo adaptarnos a su forma de trabajo, cómo implementar nuevas formas organizativas que se adapten a ellos, cómo crear sistemas de compensación justos con base en sus habilidades y desarrollos, en especial discutiremos sobre el bilingüismo que debemos dominar para convertirnos en traductores de su forma de expresarse y de actuar.

Como apoyo a este tema vamos a tomar apartes de un libro llamado #socialholic, de los hermanos españoles Fernando Polo y Juan Luís Polo, quienes nos darán una visión muy amplia del trabajo realizado por ellos en la denominada web 2.0.

Definitivamente los milénicos son una generación de gente lista, que creció en medio del desarrollo y la riqueza del mundo, muy diferente a los baby boomers, que surgieron después de la segunda guerra mundial y de los X, que venimos de una época de transición, por tanto hacer dinero no es su prioridad, tampoco les interesa durar años en una empresa y son poco comprometidos con el largo plazo, es decir son talentos difíciles de retener, con lo cual y así nos parezca injusto o extraño, somos los dueños de empresa y los directivos quienes tenemos que adaptarnos a ellos y no ellos a nosotros. Pensemos que si van a representar el 70% de la población laboral y son quienes más consumen productos y servicios, es necesario aceptarlos porque la innovación y el desarrollo empresarial está en sus manos.   

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