Opinión

  • | 2017/06/08 00:01

    El poder de los hábitos

    El eje de la excelencia humana está en la eliminación de ciertos hábitos que nos perjudican y el fomento de otros que nos ayudan a ser mejores.

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El poder es la capacidad que nos permite que las cosas sucedan, mientras que los hábitos son comportamientos que, a base de repetición, nos autogobiernan. Pues bien, cuando forjamos hábitos nos acercamos a nuestros objetivos de una manera más efectiva. Aristóteles señalaba que la clave para ser excelentes no estaba en la naturaleza, ni en la instrucción sino en los hábitos. Veamos el poder de los hábitos en nuestra vida y cómo desarrollarlos.

El cambio

¿Por qué es tan difícil cambiar?, ¿por qué cada vez que hacemos un propósito comenzando el año, días después, descubrimos que no logramos el objetivo y lo abandonamos? Estas preguntas nos surgen a diario y muchas veces nos llenan de frustración y desesperanza.

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La excelencia personal tiene que ver con el deseo de aspirar a ser mejores cada día. Es decir, una persona que busca ser excelente es alguien que pretende sobresalir por sus grandes cualidades. Aristóteles señaló que la excelencia no dependía de los actos de las personas sino de los hábitos, o sea, de esas pautas consistentes y, a menudo, inconscientes que por repetirse con cierta frecuencia se vuelven naturales para quien las ejerce. En resumen, la clave de la excelencia radica en los hábitos que normalmente desarrollamos.

Nuestra gran realidad es que tenemos hábitos positivos y negativos y, ambos, influyen de manera profunda en nuestra conducta. Unos son fruto del trabajo arduo como hacer deporte, mientras que otros surgen naturalmente por algún estímulo como fumar o tomar. La buena noticia es que podemos elegir nuestros hábitos; la clave está en descubrir cómo funcionan.

¿Cómo funcionan los hábitos?

Los hábitos se forman para ahorrar esfuerzo y su función principal es permitirle al cerebro dejar de participar conscientemente de la toma de muchas decisiones diarias. En igual sentido, la característica de ambos, tanto los positivos como los negativos, es que se forman a partir de un ciclo que los expertos, fruto de muchos estudios, han señalado como el ciclo de los hábitos (Duhigg 2012), veamos:

Paso 1: la señal

Consiste en un estímulo del medio exterior que nos activa el cerebro para realizar cierta actividad. Por ejemplo, oír cierta canción, ver cierta imagen, recordar algún momento o, simplemente, un aroma.

Paso 2: la rutina

Consiste en la realización del hábito mediante la ejecución personal de la actividad. Por ejemplo fumar, hacer el deporte tomar café en la mañana.

Paso 3: la recompensa

Es el momento de placer o satisfacción personal que el cerebro recordará automáticamente con una nueva señal. Por ejemplo, lo que sentimos cuando nos hemos tomado el café o la sensación que produce un cigarrillo o la finalización del ejercicio.

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Lo interesante de los estudios e investigaciones es ver cómo las personas que en el pasado tenían un hábito negativo pueden identificar cada una de estas fases y descubrir que interviniendo alguna ellas logran superar el hábito negativo. Esto quiere decir que si observamos el patrón de un hábito, podemos identificar la señal e inmediatamente cambiar la rutina, lo cual nos puede llevar a modificar el hábito mismo. Muchos estudios demuestran que, por ejemplo, quien tiene el hábito de tomar licor valora no el acto de beber en sí mismo sino la recompensa, como una buena conversación.

Asimismo, lo crucial para erradicar hábitos negativos y construir unos positivos consiste en que a medida que vamos trabajando en ellos, descubrimos mejoras en otros aspectos de nuestra vida. Por ejemplo, quien decide hacer ejercicio no solo mejora su físico sino su salud mental, su peso, su descanso nocturno y su energía durante el día. Esto quiere decir que si nos concentramos en cambiar y cultivar los hábitos esenciales, podemos producir cambios generalizados en nuestra vida (Duhigg, 2013).

En consecuencia, el eje de la excelencia humana está en la eliminación de ciertos hábitos que nos perjudican y el fomento de otros que nos ayudan a ser mejores. Para alcanzar este objetivo, debemos aprender a identificar los hábitos negativos y empezar a trabajar sobre ellos como un artesano en una pieza de orfebrería. De igual modo, debemos ser conscientes de que el difícil arte de vivir requiere de unas decisiones personales que empiezan por preguntarnos: ¿qué hábitos negativos impiden mi realización personal? Y, también, ¿qué hábitos positivos debemos desarrollar para llevar una vida más satisfactoria? Una vez identificadas las señales y las recompensas, es necesario sustituir las rutinas.

William James señalaba que nuestra vida, al final, no era más que una masa de hábitos (prácticos, emocionales e intelectuales) que están sistemáticamente organizados para el bien o para el mal y nos conducen irresistiblemente hacia nuestro destino, sea este lo que fuere (Duhigg 2013).

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