Opinión

  • | 2016/09/22 00:01

    El plan estratégico personal

    Siempre me he preguntado si las personas pueden planear estratégicamente su vida de una manera sistemática y ordenada. La respuesta no es sencilla porque los planes tienden a ser rígidos y no tienen en cuenta las incertidumbres de la vida y la complejidad de las circunstancias.

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Sin embargo, sí creo que las personas, de una manera menos sofisticada y más simple, pueden establecer unos objetivos personales para cada dimensión de su vida (personal, familiar, laboral, espiritual y social), de tal manera que dirijan así su vida. Lo importante es que haya prioridades claras, porque hay una realidad inexorable y es que el tiempo es limitado y finito.

Un sistema de objetivos y prioridades es un reflejo de los valores de la persona, es decir, de sus creencias más intimas y, naturalmente, esto ayuda a tomar decisiones. Por ejemplo, si alguien valora el deporte o pasar tiempo con los amigos, entonces este “valor” será prioritario en los objetivos de la persona.

El núcleo de este ejercicio implica que la persona debe dedicar un tiempo a pensar en sus objetivos y, sobre todo, en las decisiones que respondan a las siguientes preguntas: ¿qué actividades me acerca a mis objetivos?, ¿cuáles me alejan?

El gran enemigo de la planeación personal es el abismo entre lo que se quiere y lo que se logra porque muchas veces somos muy ambiciosos y queremos alcanzar unos objetivos que rebasan nuestras posibilidades. Por tal motivo, una de las acciones más importantes es concentrar los esfuerzos y definir pocas metas que se quieran lograr. Tales propósitos deben incluirse en la agenda con una asignación del tiempo para su realización.

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De otro lado, la planeación personal debe contemplar la coherencia entre las capacidades de la persona y las metas propuestas. Por ejemplo, sería irreal que alguien buscara matricularse en Harvard sin antes saber inglés. En estos casos, convendría una división del objetivo en pequeñas metas anuales que contribuyan en el largo plazo a la meta final (ir a Harvard).

Por esto, si me preguntaran un método para realizar una planeación personal, propondría un esquema de tres pasos y una metodología de tiempo y espacio.

Paso No. 1

Realice un diagnóstico

El diagnóstico está enfocado en reconocer las principales capacidades de la persona y, especialmente, en responderse claramente a la pregunta: ¿en que soy bueno? Los expertos en self-management señalan que lo más eficaz es construir sobre las fortalezas (Buckingham, 2010) porque eso permite multiplicar los talentos que la persona tiene y hacer algo que “naturalmente” le sale bien.

Luego, hay que examinar las condiciones del entorno que favorecen o afectan las posibilidades. Por ejemplo, si una persona trabaja en una compañía, tiene facilidades y conoce varios idiomas y la empresa decide iniciar un proceso de internacionalización, pues entonces, está en el lugar correcto para esa oportunidad.

De este diagnóstico surgen posibles alternativas y opciones que pueden ayudar a la siguiente paso de la planeación.

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Paso No. 2

Evalúe las decisiones que quiere tomar

En el segundo paso hay que considerar las opciones y alternativas que surgen del diagnóstico y evaluarlas a la luz de las capacidades y dimensión temporal en que se quieren lograr. Por ejemplo, a muchos les pasa que su objetivo es hablar y comunicarse en inglés, pero resulta que tienen un trabajo full time, atienden una familia y estudian un programa de actualización que ofreció su empresa. A todas luces, esa meta de aprender inglés no es un propósito sino, por el contrario, una frustración permanente. Por tal hecho, este paso requiere que, de forma más realista, se evalúen los recursos, principalmente, el del tiempo. Si las metas no se llevan a la agenda, probablemente, no se lograrán nunca.

Una vez se realice esta evaluación, reflexivamente, decida qué objetivos va a perseguir y cuáles serán sus prioridades, conforme sus valores.

Paso No. 3

Ejecución

La mejor manera de obtener algo es definiendo plazos y periodos de medición. Para eso, principalmente, existen los indicadores: para medir los avances o retrocesos en las metas y los objetivos. Muchas veces recomiendo a quienes inician estos procesos de planeación personal que se autoevalúen en las fechas especiales como el cumpleaños, el 31 de diciembre o en el aniversario de su matrimonio. Lo importante de la medición es la reflexión que se suscita al preguntarse: ¿por qué logré la meta?, ¿qué me impidió la realización de este objetivo?, ¿faltó priorización o foco?

En conclusión, como diría Séneca, para el barco que no sabe cuál es su destino, cualquier viento será desfavorable y, por este motivo, una de las principales tareas de un directivo es dedicarle tiempo y sosiego a la planeación personal para que enfoque su vida hacia los objetivos que le procuren bienestar y felicidad. Quizás lo más importante en este punto es reconocer que existen muchas dimensiones (personal, familiar, laboral, espiritual y social) y si inclinamos la balanza solo a una, de nada servirá querer darle un sentido y un orden a la vida.

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