Opinión

  • | 2016/05/03 00:01

    El perfeccionismo: amenaza silenciosa de la innovación

    Pasar mucho tiempo perfeccionando una idea puede hacernos perder oportunidades claves en el mercado. Es mejor arriesgarse a ensayar cosas nuevas aun cuando estas no estén terminadas.

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Las principales presiones que existen para la innovación en las empresas de hoy son la falta de tiempo y la preocupación por el fracaso; todos corremos entre correos electrónicos, reuniones y proyectos y el tiempo nunca es suficiente para cumplir con nuestros objetivos. Ahora, pensar en innovación en medio de estas circunstancias, es ilusorio porque es casi imposible poder hacer campo en nuestras agendas para sentarnos a pensar en las ideas, y peor aún cuando se cree que fracasar es un problema.

De hecho, en medio de procesos de ideación, muchos temen a compartir sus ideas por miedo a que la responsabilidad de su desarrollo les sea asignada. Por esta razón, puede que muchos “no se pongan la camiseta”. Es por esto que las empresas deben buscar estrategias de tiempo para las ideas y así poder disminuir algunos de los temores asociados con esta actividad.

Lo primero que tenemos que entender es que las personas, a diferencia de lo que muchos creen, no son más creativas cuando piensan bajo presión. De hecho, las investigaciones han demostrado que cuando se actúa bajo presión sí surgen ideas, pero la calidad de estas es mucho más baja comparada con las veces que tenemos más tiempo para pensar en opciones.

La razón se encuentra en una habilidad creativa conocida como elaboración. Ésta se refiere a la capacidad de agregar detalles o de desarrollar una idea. Su importancia radica en que esta habilidad es la que nos permite fortalecer ideas con el fin de llevarlas a la acción. Sin embargo, para lograrlo se requiere de tiempo; por lo que si este no se tiene, puede que se genere una buena idea, pero la probabilidad de éxito en su implementación disminuye.

Adicionalmente, la elaboración es una habilidad de mucho cuidado pues, cuando se hace de forma excesiva, esta conduce al perfeccionismo, y éste, puede no solo impedir la implementación de una idea, al creer que aún no es lo suficientemente fuerte, sino que también aumenta la presión y el miedo al fracaso, pues ya se ha invertido mucho en su realización como para que ésta no funcione.

Por esta razón, metodologías como el Pensamiento de Diseño o el Lean Start-up, proponen pensar en el producto mínimo viable como una invitación a llevar ideas a la acción en el menor tiempo posible aun cuando estas pudieran parecer inacabadas. Todo esto bajo la premisa: ¿Qué es lo mínimo que mi solución debe tener para que pueda funcionar?

No se quede esperando a que una idea esté perfecta para llevarla al mercado, de lo contrario, cuando lo haga se dará cuenta de que su competencia ya ha avanzado en la misma dirección y muy seguramente le habrá ganado terreno. Si realmente quiere ser exitoso innovando, prepárese para tomar riesgos y comience a testear su idea desde sus inicios; cree prototipos y valídelos con sus cliente de forma repetitiva. Pero asegúrese de que estos prototipos sean rápidos, baratos e inacabados, pues cuando pasamos mucho tiempo elaborando, corremos el riesgo de enamorarnos de las ideas, lo que contribuye a que experimentemos terquedad y dificultad de cambiar, pues es muy difícil ser crítico con aquello de lo que nos hemos enamorado.

Por tanto, recuerde que la innovación requiere tiempo para desarrollar una idea, pero no olvide que lo más importante es saber cuando parar, pues se debe elaborar, pero no excesivamente.

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