Opinión

  • | 2015/07/05 05:00

    Desafíe los límites del “estricto” plan estratégico

    “La planeación estratégica, como la conocemos, ha muerto, para darle paso a un pensamiento estratégico que es colectivo, permanente, flexible y orientado al logro” Henry Mintzberg.

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Cuando las empresas deciden poner en marcha su estrategia, sus directivos crean planes detallados para poder lograrlo, en los cuales especifican quién debe hacer qué y cuándo, además de presupuestar los recursos necesarios para iniciar este camino y, aunque esta forma de planeación ha recibido infinidad de críticas, es y seguirá siendo, la columna vertebral de la ejecución de la estrategia en muchas organizaciones. Pues tras analizar por varios años los métodos de gestión más utilizados, éste lidera los modelos más empleados.

Pero después de invertir enormes cantidades de tiempo y energía en la formulación de una estricta planeación y en un riguroso presupuesto, siempre se atribuye el fracaso estratégico, a la falta de disciplina en las actividades que estaban dentro del plan inicial.

Desafortunadamente, puedo advertir que no hay diagrama de Gantt[1] que aguante el contacto con la realidad. Ningún plan, por perfecto que este sea, es capaz de anticipar eventos inesperados que puedan ayudar o dificultar a una empresa a alcanzar sus objetivos estratégicos. Y esto ciertamente no es cuestión de disciplina. Sino atribuible a la poca habilidad de todos los empleados de adaptarse a los cambios, de superar obstáculos inesperados y ver oportunidades en los imprevistos.

Desde mi punto de vista, la ejecución de la estrategia consiste en aprovechar los cambios que puedan apoyarla, mientras, al mismo tiempo, se coordinan asuntos internos de la organización de manera constante.

Cuando un gerente encuentra soluciones creativas a los imprevistos y plantea oportunidades extraordinarias, revela el estado del arte de la ejecución, sin que esto desmejore la aplicación sistemática. Tales ajustes y adaptaciones en tiempo real requieren de “agilidad adaptativa”, lo cual representa un desafío para todas las empresas.

Muy pocas empresas identifican la capacidad de adaptación como una prioridad o un posible problema en la realización de actividades, y por eso recomiendo, que en lugar de centrarse año a año a la asignación de recursos con un destino específico e inalterable, las organizaciones contemplen la variabilidad de las circunstancias y estén preparadas para ser capaces de reasignar flujos de fondos, talento humano y prioridades estratégicas; y hacerlo con suficiente rapidez y exactitud, para que sean eficaces y no se queden “atrapados” en usos improductivos.

Estoy seguro, porque lo he visto, que las organizaciones dedican una cantidad desproporcionada de tiempo y atención a iniciativas con futuro limitado (porque estaban en el plan original),  enviando a sus mejores talentos para tratar de rescatar causas que a menudo no tienen futuro y se queman tratando de salvar proyectos que deberían haber sido cancelados.

Solo un bajo porcentaje de gerentes cree que las prioridades estratégicas de su empresa tienen los recursos financieros y humanos necesarios para el éxito. Esto significa, que la mayoría de los directivos creen que las principales iniciativas de su organización van a fracasar por falta de recursos; perdiendo así tiempo y esfuerzo en iniciativas de baja prioridad y privando a los proyectos más prometedores de los recursos que necesitan para crecer significativamente. Todo esto, por simples ordenamientos presupuestales.

Para evitar lo anterior, les dejo tres pasos que pueden poner en marcha y ayudan a superar los límites de un “estricto” plan estratégico y al mismo tiempo, dan agilidad de adaptación cuando es necesaria:

  1. Piense en el cambio permanente: ser consciente de que hay situaciones cambiantes y que esto apoya el pensamiento estratégico y da una percepción distinta de la estrategia.
  2. Planee en función del cambio: saber que el cambio existe dentro de la ejecución, transmitir a las personas y equipos de trabajo qué se espera de ellos en estas situaciones; así evitará sorpresas inesperadas.
  3. Adapte los cambios con agilidad: lograr un buen ritmo para hacer cambios durante la ejecución estratégica, manteniéndola siempre bien “enfocada”.
La agilidad adaptativa es fundamental para la ejecución, pero debe encajar dentro de los límites estratégicos. En otras palabras, la agilidad debe equilibrarse con la alineación.

“No son los más fuertes de la especie los que sobreviven, ni los más inteligentes, sino los que mejor responden al cambio”, Charles Darwin.

[1] Herramienta gráfica para exponer tiempo previsto para la ejecución de actividades.
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