Opinión

  • | 2017/11/12 00:01

    El influjo se consigue con soft power

    El soft power es una herramienta importante para avanzar agendas y construir una buena reputación. Tiene implicaciones positivas para la seguridad y la prosperidad de los propios países y podría definir los resultados de asuntos globales.

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Desde finales de la década de los ochenta y comienzos de los noventa, cuando la democracia parecía haber ganado la batalla sobre el comunismo, se ha venido usando en los debates de relaciones internacionales el concepto de soft power. Se trata de un término descrito por Joseph S. Nye Jr., de la Universidad de Harvard, en su libro Soft Power: The means to success in world politics, como la habilidad de atraer e influenciar el comportamiento de otros países, construir redes y relaciones, y moldear su cultura, valores, actitudes y preferencias a largo plazo, en lugar de usar coerción militar o económica (hard power) para persuadirlos.

El Centro de Estudios en Mercados Emergentes (CEMS), dirigido por el profesor Seung Ho Park y con sede principal en CEIBS en Shanghái, presenta un reporte de soft power que incluye un ranquin en 113 economías emergentes y las compara con el G7, o grupo de economías más avanzadas conformado por Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y el Reino Unido).

En este reporte, que se hace con el apoyo de Ernst & Young (EY), es evidente como China no solo ocupa el primer lugar en el escalafón de países de economía emergente, sino que ha aumentado tanto su influencia que tiene un soft power superior al de países del G7 como Japón e Italia.

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Aunque la medición del soft power tiene componentes subjetivos de valoración, CEMS considera 13 variables: (i) emisiones de CO2; (ii) índice de libertad; (iii) las empresas más admiradas; (iv) las medallas olímpicas; (v) las 100 personas con más influencia de la revista Time; (vi) el ranquin de universidades; (vii) la llegada de turistas; (viii) el idioma estudiado como lengua extranjero fuera del país; (ix) el porcentaje de votantes potenciales versus los que votan; (x) la exportación de contenidos en medios de comunicación; (xi) la educación secundaria completa; (xii) el estado de derecho; y (xiii) la inmigración.

El ranquin de soft power en economías emergentes es liderado por:

  1. China
  2. Rusia
  3. Polonia
  4. Turquía
  5. México
  6. Chile
  7. Malasia
  8. Hungría
  9. Sudáfrica
  10. Perú 

De estos primeros puestos se resalta la fuerte representación de América Latina (con los aliados de Colombia en la Alianza del Pacífico: México, Chile y Perú), y de Europa del Este (Rusia, Polonia y Hungría).

Otro aspecto importante de este ranquin y reporte es la ratificación de que en los próximos años China continuará ganando reputación internacional asociado al soft power, y de hecho está incluido de manera explícita el soft power como mecanismo en la nueva visión de prosperidad del país presentado a finales de octubre de 2017 por su presidente Xi Jinping.

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Esta posición de China se contrasta con la posición de Estados Unidos que ha liderado el ranquin en países del G7: La retórica proteccionista de Trump y sus acciones como el retirarse del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), y del Acuerdo de París sobre el cambio climático.

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