Opinión

  • | 2016/10/04 00:01

    El exterior es un reflejo del interior

    La jornada de votación del plebiscito dejó ver a un país dividido y con dificultad para perdonar y empatizar. ¿Qué dice esto de nosotros mismos?

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Los acontecimientos ocurridos alrededor del plebiscito dejan mucho qué pensar más allá del acuerdo como tal. Lo sucedido ratificó no solo la preocupante polarización política del país, sino también las distantes visiones que se tienen de éste en las áreas rurales y urbanas. Es irónico, pero estas posiciones de alguna manera se asemejan a aquellas que se tenían hace 50 años y que fueron, en últimas, las que dieron pie al inicio del conflicto. Resulta además contradictorio que pensar en la paz haya traido tanto caos y conflicto. La jornada del domingo, independientemente de los resultados, dejó ver a un país dividido, cargado de rencor y con dificultad para perdonar. En el budismo se habla de que tu exterior es un reflejo de tu interior, y si lo contextualizamos en la situación social y política que estamos atravesando a raíz del plebiscito, valdría la pena revisar ¿Qué está pasando adentro?

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La paz se nos convirtió en un asunto pasional; en una guerra de bandos políticos en la que nos odiamos por pensar diferente; en un espacio para hacer catarsis del dolor y el resentimiento sin argumentos y en una oportunidad para despotricar de todo aquello que nos hace sentir incómodos. Es muy doloroso ver cómo las redes sociales en el día de ayer despertaron con mensajes de señalamiento, de odio hacia la patria y de imposición de egos, y muchos de estos comentarios no provienen siquiera de las víctimas, sino de muchos que han visto esta larga guerra desde la barrera.

En la vida he aprendido que ante las situaciones dificiles siempre hay dos caminos: el de lamentarse y atacar o el de aprender. Cada uno de estos enfoques trae consecuencias, pero solo el último puede realmente llevarnos a un cambio sostenible. Este es un momento para que en Colombia dejemos de victimizarnos por todo lo que ha sucedido: la guerra, el narcotráfico, la corrupción, etc. Pues esta mentalidad no nos lleva muy lejos; simplemente da espacio para políticas paternalistas que nos recuerdan lo mal que lo hemos pasado y lo poco que podemos hacer al respecto. Antes bien, es momento de que nos empoderemos, de que levantemos la mirada, que cambiemos el lente con el que nos estamos viendo y nos preguntemos: ¿Qué debemos aprender de esto hoy?, pero sobretodo ¿Cómo puedo ser yo un catalizador de cambio positivo?

La paz y la reconcialiación comienza con cada uno de nosotros, no con un acuerdo político y es por esto que lo primero que debemos comenzar a hacer es perdonar, incluso comenzando por nosotros mismos. Perdonémonos por nuestra indiferencia frente a la guerra, por el odio que se le tiene al enemigo, por tomar decisiones sin informarnos correctamente, por ser malos ciudadanos, por aceptar la corrupción como forma de sobrevivir y por seguir creyendo que la malicia indígena nos hará llegar lejos aun pasando por encima de los derechos de los demás. Dejémos la pasividad y comencemos a hacer una diferencia. La paz hoy empieza por cada uno de nosotros, pues cómo decía Gandhi:  “Sé el cambio que quieres ver en el mundo”.

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