Revista Dinero

Rafael Ortega Ryberg, Managing Principal LTC, Korn/Ferry International

| 8/5/2013 10:00:00 AM

El emprendedor busca cambiar al mundo

¿Es el interés propio el principal motivador de los emprendedores? Ningún curso básico de teoría económica pasaría por alto la idea de “la mano invisible”. Opinión de Rafael Ortega Ryberg.

por Rafael Ortega Ryberg

Esta teoría fue promulgada hace ya más de doscientos años por Adam Smith, quien es considerado como el padre de esta ciencia social.

Según la manera como comúnmente se ha interpretado esta idea a lo largo del tiempo, el interés propio es fundamentalmente lo que motiva a los emprendedores, los lleva a asumir riesgos y permite que el mercado funcione de una manera coordinada a través de mecanismos que operan de una manera natural y automática. Sin desconocer la discusión que existe en torno a los límites de esta tesis y los requerimientos de la economía en términos de la regulación e intervención del Estado, la cual es particularmente relevante en nuestros tiempos a raíz de los escándalos de la crisis global de los últimos años y aún escándalos locales tales como el de Interbolsa, vale la pena preguntarse qué quiso decir Smith realmente al hablar del interés propio como el motivador fundamental de los empresarios.

Hace algunos años, Joel Kurtzman realizó un estudio con más de 700 emprendedores alrededor del mundo, cuyo propósito consistía entre otros, en poder obtener un mayor entendimiento en cuanto a sus incentivos y motivadores. El estudio se concentró en aquellos países que cuentan con una historia sobresaliente en cuanto a la fundación de compañías (Start-ups). Fundamentalmente, estos países son los Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Escandinavia e Israel. Uno de los hallazgos más interesantes de este estudio consistió en que no reportó la existencia de un solo emprendedor cuyo principal y único propósito era el dinero.

Es importante aclarar que en ningún momento el estudio sugiere que el dinero es una variable sin relevancia bajo los escenarios que enfrentan los emprendedores. En estos testimonios se relata como muchos de ellos hipotecaron sus casas, asumieron niveles elevados de deuda, y recibieron opciones y acciones de los negocios fundados, elementos que sin duda representan incentivos relevantes para la realización de una buena gestión. No obstante, el estudio sugiere que no fue el dinero el motivo fundamental por el cual los emprendedores asumieron estos riesgos y compromisos. De hecho, esta idea es soportada por la existencia de un número importante de emprendedores que ya habían tenido éxito en emprendimientos anteriores y que ya contaban con un alto nivel de riqueza al iniciar los emprendimientos posteriores.

Por ejemplo, un número significativo de emprendedores manifestó que habían asumido los riesgos y esfuerzos de empezar un negocio con el propósito de probar una idea en la que creían. Querían demostrar al mundo que su producto era superior a cualquier otro que existía en el mercado. Querían hacer ver a los demás que habían encontrado una solución que no se le había ocurrido a nadie más hasta ese momento. Querían mostrar que su modelo de negocio, a pesar de todas las dificultades, podía ser exitoso.

En otros casos, algunos emprendedores querían cambiar al mundo. Consideraban que lo que hacían era importante y diferente que tenía el potencial de crear un mundo mejor como consecuencia de sus esfuerzos. Si bien esta motivación estaba particularmente presente en los empresarios del mundo de la biotecnología, no se limitaba únicamente a ellos. Algunos empresarios en el desarrollo de softwares se sentían de la misma manera. Finalmente, otros empresarios habían iniciado sus compañías porque querían hacer algo estimulante y divertido, que además les permitiera trabajar con amigos o personas a las que admiraban.

El interés propio podría mover el mundo de los negocios. No obstante, lo que este estudio sugiere es que el interés propio debería ser interpretado de una manera más amplia. Al igual que en nuestros tiempos, los empresarios que probablemente conoció Adam Smith querían crear algo novedoso e importante, algo que trascendiera y permaneciera en el mundo. El mejor ejemplo de esta filosofía de los emprendedores está representado por aquellos que decidieron regresar a las empresas que fundaron cuando estas entraron en dificultades. Cuando Michael Dell, Howard Schultz y Steve Jobs regresaron a tomar el rol de CEO respectivamente en Dell, Starbucks y Apple, no tomaron esta decisión pensando en las recompensas económicas que obtendrían.

Todos estos emprendedores ya eran millonarios antes de su regreso. Regresaron porque querían que las empresas que habían creado continuaran existiendo y alcanzaran el potencial que habían prometido desde su fundación. Lo hicieron pensando en aquellos que habían creído en ellos y habían comprometido su trabajo en la creación de estos negocios. Y qué decir de aquellos que a pesar de sus éxitos continuos no se detienen en la búsqueda de la nueva ola. Por ejemplo, qué decir de Richard Branson, quien siendo ya muy exitoso en la industria de las aerolíneas y las telecomunicaciones no se detiene frente a su nueva obsesión: Viajes espaciales para no astronautas.

En un libro recientemente publicado llamado “Whorthless, Impossible, and Stupid”, Daniel Isemberg, quien ha pasado más de 30 años inmerso en el mundo de los emprendedores, no solo como emprendedor sino también como inversionista y académico, plantea una idea complementaria. Afirma que ante todo, los emprendedores cuentan con una estrategia contraria de creación de valor. En otras palabras, los emprendedores identifican el valor cuando nadie piensa que hay posibilidad alguna. Desean probar que hay oportunidades de negocio en aquello en los demás consideran callejones sin salida. Por esta razón, Isemberg afirma que la confianza en sí mismos es uno de los rasgos distintivo de los emprendedores, pues de otra manera no podrían desafiar las críticas y el “status quo”. La historia de Fred Smith es un buen ejemplo que ilustra este concepto. Se cuenta que mientras estudiaba en Yale, obtuvo una calificación de “C” en una asignación en la que plasmó la idea que posteriormente daría origen a Fedex.

El interés propio no es lo mismo que el egoísmo, la avaricia y la ambición desmedida. Los verdaderos empresarios crean sus compañías por motivos que trascienden a ellos mismos. Estos ejemplos y testimonios sugieren que quizás esto fue lo que Adam Smith nos quiso decir en realidad.

* Managing Principal LTC
Korn/Ferry International


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