Opinión

  • | 2017/06/30 00:01

    El día que conté mis fracasos en LinkedIn

    Casi nadie es consciente de sus propias historias.

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¡Cómo cambian los tiempos! Hoy en día pasamos mucho tiempo puliendo nuestros perfiles públicos; difundimos nuestros logros profesionales en perfiles de LinkedIn, Facebook se ha convertido en un medio para compartir eventos tanto trascendentales como sin sentido: un nuevo trabajo, unas vacaciones familiares, eventos gastronómicos. Twitter nos mantiene todo el día leyendo noticias, opinando o re twitteando e Instagram ofrece instantes de nuestra vida diaria a través de imágenes, para ser considerados personas “con influencia”.

Si los analizamos, por separado o en conjunto, ninguna de estas plataformas cuenta plenamente la historia importante y convincente de cada uno de nosotros. Algo está faltando.

Conocer nuestra historia – comprender lo que te hace ser “tú” – es esencial, y parte de lo que somos también lo son nuestras desgracias y fracasos. Reconocer errores propios, luchas, derrotas e incomodidades, nos ha hecho lo que somos y lo que nos puede convertir en líderes con una verdadera inteligencia emocional.

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La empatía por los demás comienza admitiendo nuestros errores. Recibir una promoción puede ser el testamento a nuestro talento y al trabajo duro, pero ser despedido ofrece una prueba a nuestro carácter, capacidad de adaptación y resiliencia. Cuando la vida deja de ser fácil, hay que ir más profundo y entender las reacciones que nos llevarán a encontrar nuestras verdaderas pasiones.

A este descubrimiento se le llama “zona de propósito”, son las actividades que nos apasionan y que las haríamos de forma gratuita, pero que después uno descubre cómo hacer para que sean reconocidas monetariamente.

La capacidad de identificar momentos “trascendentales” es algo que los líderes deben llevar en su ADN, experiencias que van desde grandes sucesos, como lograr el reconocimiento de ser una persona influyente, que deja huella, a los más personales como la lucha contra una enfermedad o accidente potencialmente mortales. De esta manera, se puede identificar a la capacidad de adaptación positiva a través de la adversidad, como la habilidad más poderosa del ser humano.

Los momentos “trascendentales” son precisamente los acontecimientos y experiencias que no aparecen en nuestros perfiles de redes sociales, CVs u otros medios que utilizamos para presentarnos al mundo. Sin embargo, son estas fuentes de auto-comprensión y conciencia, las que generan nuestra capacidad de conectarnos con los demás y motivarnos hacia un objetivo común, y nos dan el empuje para superar obstáculos a lo largo del camino. Estas historias sinceras de nosotros, son la clave por convertirnos en líderes y nos muestran por qué otros se sienten atraídos y nos siguen.

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Normalmente nuestro currículo presenta y describe un recital de los puntos más destacados de nuestra impresionante vida profesional, les recomiendo que cuando comiencen a sentir que está “lleno de sí mismo”, se detengan. Y comiencen otra vez, pero esta vez usando las experiencias que ustedes no compartirían generalmente: las decepciones, los fracasos, el dolor, y los tropiezos de esa carrera. Les aseguro que a cualquier interlocutor lo dejaría sin palabras, al fin y al cabo, nuestra esencia está tejida de buenas y malas experiencias.

Las personas exitosas son conscientes de sí mismas, tienen una voz interior y le prestan atención. Tales personas tienen las ganas de lograr algo grande y es ese “propósito” lo que las hace ver lo que muchos ignoran.

El miedo al fracaso puede impedirnos abrazar la verdadera vocación, después de todo, ¿qué sucede si fallamos en lo que más nos importa?

Pero a veces un revés de la vida nos da la capacidad de seguir nuestra voz interior. Por ejemplo, la escritura puede ser un pasatiempo, que ante un despido puede comprometernos a convertirlo en nuestro pilar de vida. Convertir nuestra pasión como la ruta para superar cambios, puede hacer más significativa y productiva nuestra carrera profesional.

A largo plazo, la pasión supera al talento, se los aseguro.

Prestemos menos atención a la legión de personas que da recomendaciones para optimizar su perfil en línea para los motores de búsqueda. Cuando nos sentimos abrumados por la creación de una imagen, olvidamos quienes somos.

No estoy sugiriendo que eliminemos nuestro perfil de LinkedIn o que lo modifiquemos para decir que nos han despedido, por no haber navegado en complejas políticas organizacionales. Pero si recomiendo, que reflejemos honestamente las omisiones de nuestras narraciones públicas, para que sepan las contribuciones que hacemos de lo que nos hace ser nosotros.

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Una reflexión diaria de introspección nos puede conducir a una mayor auto-conciencia y comprensión. Hacerlo nos ayudará a conocernos y a capturar experiencias que se pierden en el frenesí del día a día en el trabajo, pero que pueden revelar las cosas más importantes de nosotros.

Inténtelo con una simple pregunta diaria, ¿qué cambio generé el día de hoy?

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