Opinión

  • | 2016/10/14 00:01

    El desafío de los bancos centrales

    El nuevo reto es combatir la desinflación persistente.

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El FMI ha analizado las causas del descenso que viene registrando la inflación en los últimos años (tanto las medidas generales como las subyacentes), tras el estallido de la crisis. Además, es un fenómeno generalizado por países y más intenso en el sector manufacturero que en el de servicios.

Los principales factores que hay detrás de esta tendencia a la baja de la inflación serían: (1) el modesto crecimiento que se está registrando a nivel global (desde 2012 el crecimiento del PIB se ha situado por debajo de su media de largo plazo); y (2) el descenso de las cotizaciones de las materias primas y, por tanto, de los precios de importación, factor que ha ganado peso como responsable del descenso de la inflación en los dos últimos años. Otros factores a tener en cuenta serían:

- El exceso de capacidad instalada en el sector industrial en tres de los mayores exportadores del mundo (EE.UU., Japón y China). En concreto, el exceso de capacidad en la industria china reduce la inflación en el 84% de los países que el FMI analiza. Un aumento de su capacidad productiva de 5 puntos porcentuales. puede provocar un descenso de 0,2 p.p. en la inflación global.

- La desviación en las expectativas de inflación respecto al objetivo de los bancos centrales. Estas expectativas de inflación se aproximan por las encuestas de analistas y consumidores y por las que cotiza el mercado.

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Sin embargo, los modelos del FMI recogen que durante 2014 y 2015 el descenso que registra la inflación en las economías desarrolladas es mucho mayor de lo que explicarían los factores previos. Esto puede responder a que, o bien las expectativas de inflación hayan caído más de lo que reflejan los índices o bien que la desaceleración de la actividad sea mayor de lo estimado.

También señala que, en los últimos años, la sensibilidad de las expectativas de inflación a sorpresas en los datos de inflación se ha reducido. Sin embargo, en aquellas economías en las que apenas hay margen para la política monetaria (tipos de interés cercanos a cero), las expectativas de inflación se vienen mostrando más sensibles a cambios en la cotización del petróleo o sorpresas con los datos de inflación. Esta “sensibilidad” debería ser cero si las expectativas de inflación estuvieran perfectamente ancladas, por lo que este aumento, aunque modesto, indica que las expectativas se están desvinculando de los objetivos de los bancos centrales. Esta circunstancia apunta a que está reduciéndose la confianza en que los bancos centrales sean capaces de luchar contra un escenario de desinflación persistente.

En una coyuntura como la actual, en la que la política monetaria apenas tiene margen y en donde las expectativas de inflación se encuentran “desancladas”, el impacto de una caída transitoria en la demanda interna es mucho más negativo sobre el crecimiento y la inflación que si las expectativas estuvieran ancladas.

El FMI señala que el riesgo de que esta desinflación generalizada se convierta en un escenario de deflación es bajo. Sin embargo, advierte que una vez que se materializa una dinámica deflacionista es muy difícil revertirla, por lo que no se debe ser complaciente con la situación actual. Para volver a generar expectativas de inflación acordes con los objetivos de los bancos centrales, el FMI aconseja llevar a cabo una serie de medidas.

Dado que el margen de política monetaria es muy limitado en muchas economías (en especial las desarrolladas) es necesario que se lleven a cabo acciones coordinadas para emplear todas las herramientas disponibles de estímulo a la demanda y volver a “anclar” las expectativas. Esto implica combinar las políticas monetarias en curso con políticas fiscales expansivas, al tiempo que se acometen las reformas estructurales necesarias que impulsen la demanda, sin por ello dejar de lado los problemas que se vienen arrastrando desde la crisis (sobrendeudamiento y elevada morosidad bancaria).

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