Opinión

  • | 2016/06/01 00:01

    El desafío de impulsar el teletrabajo

    Si el tiempo es oro, la calidad de vida es un diamante. Sobre todo, si estamos hablando de trabajo.

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Toda persona productiva sabe que su tiempo es irremplazable, aún más si se pone en juego su calidad de vida. El tráfico, las reuniones presenciales o los desplazamientos, por ejemplo, pueden arrebatarnos la oportunidad de optimizar nuestros proyectos y minan nuestro desempeño personal diario.

Una de las posibilidades más valiosas que ha generado la tecnología en los últimos años es el teletrabajo, una modalidad laboral que, en medio del desconocimiento que aún tenemos, aumenta la productividad, reduce los gastos fijos, incentiva el trabajo en equipo, promueve la inclusión social, aporta al mejoramiento de la movilidad o contribuye al medioambiente.

Y es que, para cualquier organización, una mayor productividad significa mayores ingresos y crecimiento, que también se ven apalancados por una reducción sustancial de los costos en infraestructura física, mantenimiento o servicios públicos, además de la posibilidad de acceder a talento sobresaliente en cualquier lugar del mundo o un mayor índice de retención del personal capacitado.

En definitiva, los beneficios de usar las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) pueden ser enormes e incontables, aunque aquí su implementación sí se ha transformado un verdadero desafío titánico. Nuestros países aún lo consideran una opción costosa y alejada de la productividad, porque sus empresas se han acostumbrado a horarios rígidos y controles físicos de las labores.

Aunque en Colombia el Decreto 0884 de 2012, que reglamenta la Ley 1221 de 2008, fue un paso enorme para promover su adopción como una buena opción para el país, ahora es necesario desviar varios mitos. El teletrabajo no es una profesión, por ejemplo. Debemos presentarlo como la utilización de tecnologías para facilitar la comunicación entre miembros de su organización sin necesidad de estar en un lugar físico determinado para cumplir sus funciones.

Grandes empresas que hacen presencia en el país ya han probado este modelo con éxito. La tecnológica Cisco, inclusive, acaba de ganar el reconocimiento de Great Place To Work como la mejor compañía para trabajar en América Latina en 2016. El modelo de la empresa incluye la posibilidad, además de plataformas tecnológicas exclusivas, de ayudar a sus más de 1.710 colaboradores a seguir con su trabajo sin descuidar sus vidas y, sobre todo, aumentando la productividad.

Según cifras de esa misma compañía, la aplicación del teletrabajo supone un aumento del 23 % en la productividad de las empresas, una reducción del 18 % en los gastos físicos o una bajada del 66 % del ausentismo laboral. Datos relevantes ante los desafíos económicos que ahora enfrentan las empresas latinoamericanas.

Ese tipo de empresas han entendido que ahora el mejor control a sus trabajadores se hace basado en sus resultados, no en sus horarios. Si ese simple concepto se aplicara en la cultura corporativa de las empresas colombianas, los beneficios podrán ser tan amplios como los que ya hemos visto.

Tampoco debe asustarnos la inversión inicial en tecnología, pues retornarán en el mediano plazo como una reducción de los costos fijos de las compañías, y mucho menos ajustar nuestras políticas corporativas en la misma línea con la legislación colombiana, que ya reguló el teletrabajo.

Sin ninguna duda, el teletrabajo llegó para quedarse, pero depende de qué tan preparadas están nuestras organizaciones para asumir un desafío que por su novedad aún genera temores, pero que grandes casos de éxito han posicionado como una opción futura para mejorar la productividad, reducir costos y conectar al mundo con profesionales capaces y, lo más importante, con calidad de vida.

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