Opinión

  • | 2017/02/04 00:01

    El consultor “fusible”

    Si su organización tiene guardados en los anaqueles de alguna oficina, un montón de “entregables” de consultores externos, y nadie los ve ni consulta, es una señal de alerta.

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Una de las formas más comunes de vender el “know how” es por medio de consultorías, esta es una de las manera más rápidas de poner a disposición de los demás las experiencia que se han acumulado sobre un tema en particular. Aquellos lectores que  como yo han representado el papel de consultor alguna vez, saben lo frustrante que puede ser. Las consultorías son muchas veces una forma de establecer una instancia externa a la organización, para desconectarse de la solución de algo.

Un amigo que me dijo hace poco, que una de las empresas a las cuales le brinda servicios de consultoría, le ha pedido por tercera vez trabajar un tema “es como si no hubiese pasado nada en las dos oportunidades anteriores en las que trabajamos el problema, es frustrante” me comenta. Este tipo de casos ilustran el hecho que muchos de los resultados de las consultorías se convierten en un “fetiche”; que muchos gerentes conservan en su escritorio como símbolo de “que algo están haciendo”, pero al final no tienen ningún interés en hacerle caso alguno.

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También es común encontrar al consultor en una posición de “fusible”, listo para ser activado si las cosas no salen bien.

Yo personalmente he estado en esa situación varias veces, cuando uno comienza a trabajar en el tema, descubre que el asunto ya se ha hablado antes, ya personas de la organización han tratado de solucionarlo, incluso otros consultores estuvieron frente al reto; pero cuando las causas profundas de la problemática afloran, se activa el “fusible” y se cambia el consultor dejando la problemática tal como estaba.

La sabiduría popular reza que “al que no quiere caldo se le dan dos tazas”, y a la organización que usa técnicas dilatorias para no solucionar los problemas cuando aún puede, tarde o temprano el mercado, los agentes externos, los cambio tecnológicos, las nuevas realidades, los harán tener que enfrentarse al problema, esta vez sin tanto tiempo con menos margen de maniobra y muchas veces sin posibilidades reales de éxito.

A mis colegas en la consultoría los invito a no caer en la trampa del “enfermo crónico”, muchos prefieren darle “paliativos” al paciente en vez de “curarlo de una vez”, pues les parece más rentable. Esto aparte ser antiético casi siempre se vuelve en contra del consultor, en el momento que la organización al enfrentarse al problema de frente, descubre que su “médico” a estado dandole vueltas.

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A los líderes de las organizaciones que usan los “fusibles”  para mantener “las cosas como están” y no hacer “muchas olas”, les recuerdo que al final la organización existe para generar valor a sus clientes, si las cosas están mal no tiene sentido esconderlo para que los “indicadores de fin de año cuadren”, si sus indicadores se ven bien pero su organización está mal... usted está mal.

En el fondo lo que subyace es un problema de ética, los consultores debemos hacer lo correcto aunque duela y las organizaciones deben dejar de mentirse. Si su organización tiene guardados en los anaqueles de alguna oficina, un montón de “entregables” de consultores externos, y nadie los ve ni consulta, es una señal de alerta, si sus clientes de consultoría los llaman todo el tiempo para cosas similares, usted no está haciendo su trabajo de forma correcta, es hora de dejarse de fusibles y usar las herramientas de las que se dispone para solucionar las cosas de verdad.

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