Opinión

  • | 2017/02/22 00:01

    El castigo físico a los hijos: una de las piezas más pesadas del equipaje emocional familiar

    A los hijos de los “Baby Boomer” era usual pegarles con el cable de la plancha para reprenderlos, a los de la generación X nos dieron palmadas, a la generación Y, no los tocamos ni con el pétalo de una rosa, mientras los de la generación Z, por poco nos pegan.

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En esta nueva entrega del especial “Equipaje Emocional Familiar” analizaremos la última de las 30 piezas identificadas hasta el momento, a la que hemos denominado “Una palmadita bien puesta en el momento adecuado”, que hace referencia a esa vieja costumbre, de utilizar el castigo físico como herramienta para educar a los hijos y que aún persiste en algunas familias, mientras que para las nuevas generaciones resulta impensable,  darle siquiera una palmada a los hijos, con lo cual hemos pasado de un extremo al otro, se volteó el péndulo y no contamos con todas las herramientas de apoyo para dicha transición.

El caso

Hace algunos años un empresario familiar me solicitó que lo ayudara a manejar la relación con sus hijos, que se habían vuelto muy agresivos con él, tanto en el entorno familiar como en el empresarial.  Cuando los conocí, detecté que especialmente el mayor se ponía muy tenso ante cualquier dificultad que se presentaba en la compañía y cuando estaba frente al padre efectivamente tenía una actitud muy agresiva que no sólo se reflejaba en la manera de hablarle, sino en su corporalidad, cerraba los puños de los brazos con fuerza como si tuviera la intención de pegarle mientras se dirigía a él.  

Con el ánimo de profundizar en el problema, le solicité al hermano mayor que me invitara a su casa porque deseaba conocer a su familia, ya que es en la cotidianidad del hogar donde se pueden apreciar los patrones de comportamiento o dinámicas familiares.  Justo es día su hijo menor, de unos 5 años  estaba portándose mal, él lo regañó y como no le hacía caso sin más preámbulos le puso una bofetada, su esposa en lugar de decirle que no lo hiciera,  remató el castigo con unas nalgadas.  

Frente al hecho, le pregunté como lo habían educado a él y me dijo yo por lo menos sólo les doy una palmada, en cambio mi padre me pegaba con el cable de la plancha.  Comprendí que esa era la raíz de las dificultades con su padre en la empresa, porque él inconscientemente no sólo no le ha perdonado al padre haberlo reprendido de semejante manera, sino que esa carga la refleja también con sus hijos, aunque él lo justificaba diciendo que “una palmada bien puesta en el momento adecuado” formaba  más que mil palabras. Yo le preguntaba que si alguna vez en el colegio le habían dicho algo por estos castigos, pues el hijo quedó con la marca en la cara y él me contestó que si habían tenido problemas, pero que esa era la manera en que él y su esposa los habían  criado y era efectiva para educar.

Con este testimonio uno empieza a ver correlaciones, su hijo cerraba los puños igual que el papá, pero cuando se van haciendo mayores, estos comportamientos pueden tornarse muy delicados porque cuando los hijos crecen pueden llegar a agredir físicamente a los padres, porque sale del inconsciente, como respuesta a los actos de agresión del pasado.

Cómo actuar

En este caso particular, con el resto de mi equipo de consultores nos dimos cuenta que todos los miembros de esta familia empresaria necesitaban mucha formación en temas familiares, porque curiosamente,  muchos propietarios educan en negocios y temas técnicos, pero muy pocos lo hacen en formación en temas familiares. Propusimos crear el consejo de familia con la ayuda de expertos en el tema familiar e invitamos a todos los que eran padres a entender lo que era el castigo físico y ver si había algunas alternativas adicionales.

Les llevamos una especialista que hizo la presentación de los efectos del castigo y de la opción de la reparación, muchos de ellos aducían  que era imposible hablarle a un niño de 5 años de reparación en vez de castigo, les parecía ingenuo. Hubo acuerdos y desacuerdos y se hicieron algunos talleres con la psicóloga. Un tiempo después, ellos comentaron los efectos positivos de estos talleres para toda la familia y me cuentan que ha sido toda una experiencia de vida, ver a su hijo pequeño hablando en un evento de los beneficios de la reparación frente al castigo. En términos generales quien repara a los que fueron afectados tiene un efecto interno y externo. El castigo sin reparación deja marcas psicológicas y físicas para siempre.

Historias como estas demuestran que sí se pueden generar dinámicas familiares positivas a partir de los conflictos, con uno sólo que cambie, ayuda a que todos cambien.  Es necesario hacer un trabajo también de perdón olvido, uno puede pensar que eso es una tontería entre adultos pero no es así, en el caso de esta familia, fue el empresario y abuelo que me consultó, quien tomó la iniciativa de pedir perdón delante de los nietos, pocos abuelos lo hacen porque se centran en que no cometieron errores.

Esta pieza tiene un gran peso en la empresa, porque es una carga que se lleva a todas partes y afecta e involucra no sólo a la familia que la padece sino a todos sus descendentes. La agresividad en las personas, suele tener como origen el castigo, si uno lo hace consciente,  puede lograr que esa persona lo trabaje y empiece a actuar diferente. Por el bien de nuestras familias y de la longevidad de las empresas familiares, cambiemos el castigo físico por la reparación, el perdón y el olvido.

Le sugerimos: “Un traguito más”: La pieza del equipaje emocional que puede acabar con todo

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