Opinión

  • | 2016/11/11 00:01

    El castigo de las grandes textileras

    La responsabilidad social es un tema muy predicado en el mundo empresarial; lastimosamente, la industria textil tiene preferencias por las utilidades marginales que atentan sobre el bienestar de la sociedad, en este caso, con el precario estado laboral en algunas fábricas, afectando la imagen de ciertas casas de moda.

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La industria textil mantiene un alto dinamismo a nivel mundial, basándose esencialmente en la moda transitoria para mantener el negocio en pie, de una manera muy dinámica. De allí se han desprendido importantes marcas de ropa, destacadas por acoplar rápidamente las tendencias mundiales a sus diseños particulares.

En materia de confecciones, uno de los aspectos primordiales es la búsqueda de mano de obra económica, para una estructuración de costos que permita la generación de grandes ganancias. Para este caso particular, son dos las empresas que se han destacado por ello, así como por su calidad, han sido Zara y Mango, firmas españolas que han logrado el posicionamiento y la recordación de sus marcas en todo el mundo, y que día a día crecen y amplían su peso en el mercado mundial.

Recientemente, estas dos compañías se han visto vinculadas a escándalos relacionados a malas condiciones laborales en sus fábricas proveedoras en Turquía, país que, por su posición estratégica, es altamente demandado por compañías textiles que emprenden la búsqueda de mano de obra hasta allí, gracias a la proximidad que mantiene con Europa y la posibilidad de realizar nuevos diseños en un corto periodo de tiempo. Uno de los problemas detectados en el ámbito laboral (el más reciente) está en que sus fábricas de maquila mantienen refugiados sirios dispuestos a trabajar hasta más de 12 horas diarias, recibiendo un pago de 1,12 euros/hora a través de intermediarios clandestinos, y sin condiciones de seguridad adecuadas en sus puestos de trabajo, llegando a contratar, incluso, a menores de edad.

Esto muestra una cruda realidad que se vive en la otra cara de la glamurosa industria textil global, en donde miles de sirios abandonaron su país huyendo de la guerra, para lastimosamente encontrarse con condiciones laborales precarias por su cruda necesidad y el aprovechamiento de estos problemas por las cadenas de producción de confecciones.

Esto no es un asunto nuevo, y se ha buscado como frenarlo. El Centro de Derechos Humanos y Negocios en Londres investiga casos de explotación laboral en más de 6.000 compañías alrededor del mundo, afirmando que las marcas, como las que se han visto involucradas recientemente, no entienden las responsabilidades sociales que tienen, pues no basta con comunicar a la prensa el desconocimiento de este tipo de condiciones laborales para negar así sus faltas. Deben comprender que la supervisión no involucra únicamente a sus canales de distribución, sino también a sus puntos de origen para evaluar en qué condiciones son fabricadas las prendas.

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Uno de los aspectos que se ha sumado a las preocupaciones es el manejo inadecuado de varios químicos en fábricas de textiles (en especial jeans) sin contar con los elementos de protección pertinentes. Allí Mango resaltó que muchas veces las compañías proveedoras de sus productos tercerizaban sus procesos sin contar con su consentimiento, por lo cual no podían ejercer un adecuado control sobre ello.

Igualmente, Indetex, grupo propietario de Zara, afirmó que inspecciona con regularidad estas fábricas, en donde efectivamente había detectado este tipo de irregularidades en junio del presente año, dando un plazo a estos talleres de corregir dichas irregularidades hasta diciembre. Asimismo, se pronunció ante la difícil situación laboral que presentan los refugiados sirios, afirmando que, aunque es un desafío complejo, la empresa está enfocada en abordar el asunto.

La industria textil, con 81.500 millones de euros en producción, lidera la clasificación de los 35 sectores más productivos de España, en donde Indetex figura como el mayor contribuyente tras cerrar ventas, en 2015, por 20.900 millones de euros. El gigante español de confecciones trabajó en 2015 con 1.725 proveedores que producen más de 20.000 modelos de ropa, calzado y accesorios para aproximadamente 50 países; dentro del mismo periodo, también registraron casi 11.000 auditorías para evaluar y mejorar su cadena de suministro estableciendo Planes de Acción Correctivos en cada una de sus fábricas. Para el mismo año, se implantaron 510 planes, de los cuales el 64% fueron factibles y lograron superar los incumplimientos con éxito.

Para evitar afectaciones en sus demandas, Indetex, Mango, H&M y El Corte Inglés, entre otras marcas, han manifestado que reforzarán las auditorías a sus proveedores, a los que les exigirían cumplir ciertos controles de conducta, minimizando los potenciales riesgos y verificando el cumplimiento de los estándares laborales y de seguridad internacionales. Todo ello buscando un mejor ambiente para todos los trabajadores involucrados.

Es sabido que varios países europeos y asiáticos han venido destacándose por su especialización en operaciones que obtienen vía tercerización, dado el objetivo primordial empresarial de reducción de costes. Esta adopción de procesos repercute fuertemente en el bienestar laboral, pues más importante llega a ser la utilidad económica generada por los modelos de contratación utilizados. Aunque una estructuración de costos puede ser eficiente, no debe derogarse las disposiciones normativas que buscan un trato digno de la fuerza laboral y, más allá de eso, la preservación de la dignidad humana. Afortunadamente, el sector textil y de confecciones colombiano no ha sido fuertemente vapuleado por esa tendencia mundial; ojalá así se mantenga.

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