Opinión

  • | 2016/11/29 00:01

    El cambio comienza por mí

    El cambio comienza por las personas; por eso, deje atrás las excusas y empodérese para ser usted el movilizador del cambio.

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El cambio es incómodo, pero es inevitable. Resulta muy curioso ver cómo la vida misma es el resultado de cambios extremos, pero a la hora de enfrentarnos a ellos el miedo nos paraliza y quisiéramos salir corriendo o escondernos bajo la tierra a esperar que pasen. Si no, recuerde su propia adolescencia; una serie de cambios físicos, mentales y emocionales que creímos no acabaría, pero que igual sobrevivimos, pues en últimas: todo llega y todo pasa.

El cambio es entonces una constante, pero que asumimos como si fuera una rareza. Por este motivo, en las empresas lo vemos como algo lejano que le corresponde  alguien más: si las ventas bajan es culpa del mercado, si mi equipo no funciona es culpa de mi jefe, si las personas no están contentas es culpa de talento humano; y así vamos muchas veces por la vida buscando a quien culpar de lo que nos sucede, pero sin las agallas de asumir nuestra responsabilidad en el tema y de empoderarnos para generar una transformación.

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Lo importante aquí, es entender que el cambio sucede nos guste o no, pero que la respuesta para navegarlo con éxito no se encuentra en la “empresa”, sino en las personas, pues es el individuo el que en últimas decide tomar acción y enfrentar las dificultades e incluso los miedos. Por eso, bien sea que se hable de la implementación de un nuevo sistema, de la diversificación del portafolio o de buscar nuevas formas de trabajar, los resultados siempre dependerán de la voluntad de cada persona para hacer la diferencia. Muchas investigaciones, entonces, han propuesto diversas formas de movilizar exitosamente el cambio, pero en últimas todo se reduce a los siguientes pasos:

  1. Entienda por qué se debe cambiar: Los adultos necesitamos encontrar sentido en lo que hacemos y es por eso que cuando no se está convencido de la necesidad de cambiar, no pasa nada. Esto aplica igualmente para un centro de rehabilitación o para una empresa: hasta que usted no decida hacer algo al respecto, nada va a cambiar; pues en últimas nadie puede cambiar por usted.
  1. Defina el alcance del cambio: es importante entender con exactitud qué se puede cambiar, en cuanto tiempo y quiénes estarán involucrados. Recuerde que cuando se desconoce el destino, todos los vientos son favorables, por eso es bueno mantener prendido un faro que sirva de guía.
  1. Enseñe como cambiar: el mayor miedo que se da en los cambios organizacionales es la incompetencia temporal. No se puede pretender que todos sean buenos al primer intento, pero si se deben formar las habilidades necesarias para que todos sepan cómo cambiar.
  1. Celebre victorias tempranas: nuestra fuerza de voluntad es limitada, por eso vale la pena dividir la meta en pequeños logros y celebrar los avances, pues esto hace ver el cambio más manejable y motiva al corazón frente al esfuerzo dedicado.
  1. Evite los viejos hábitos: busque formas de mantenerse en el camino y de evadir las tentaciones, de lo contrario, podría caer en viejos patrones. Identifique mentores que le ayuden a mantenerse enfocado en la meta y elimine de su vocabulario la frase: “solo por hoy vamos a hacer lo de siempre…”, pues no queremos que otros recuerden que “malo conocido es mejor que bueno por conocer”.

Por último recuerde que el cambio es un acto de disciplina y repetición; al fin y al cabo Roma no se construyó en un día.

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